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    Bolivia se prepara para vivir un día histórico, cuyo final es imprevisible. Más de 7 millones de electores tienen la esperanza de recuperar la democracia, pero se aprovisionan con el temor de que se repitan las protestas violentas de noviembre de 2019 y agosto pasado.

    Durante los últimos días, en la ciudad de La Paz se pueden contemplar largas filas de autos en las estaciones de servicio, esperando para llenar los tanques de combustible. También en mercados y supermercados se ve a la ciudadanía tapada de paquetes, con los cuales prevén enfrentar bloqueos de carretera que no existen, porque todos los caminos de Bolivia se encuentran expeditos.

    Pero varias autoridades del gobierno de Jeanine Áñez soltaron el rumor de que las bases del Movimiento Al Socialismo (MAS) no aceptarán la derrota en las elecciones de este 18 de octubre, derrota que —están convencidos— infligirá el candidato Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC), a Luis Arce.

    Las horas previas a las elecciones generales pasan con tensión y ansiedad. En días pasados, varios funcionarios del Gobierno nacional convocaron a votar por Mesa, todo por evitar que el MAS retorne al poder. Añez, quien se había postulado en enero pasado como candidata, tuvo que retirarse a mediados de septiembre, ante la evidencia de que no tiene un apoyo mayor al 15%.

    Con su figura debilitada, el MAS redacta una denuncia por delitos de lesa humanidad contra Áñez y su gabinete, que presentaría cuando abandonen la Casa Grande del Pueblo. Se los acusará por la matanza de 37 personas en noviembre pasado, cuando ella —hasta entonces senadora— asumió el Gobierno, luego del golpe de Estado contra el entonces presidente Evo Morales, hoy exiliado en Argentina.

    De acuerdo con las últimas encuestas, publicadas por Ciesmori el 11 de octubre pasado, Luis Arce Catacora, del MAS, obtendría un 42,2% de los votos. Mesa conseguiría un 33,1%. Pero en las casas de campaña del partido de Morales esperan lograr más del 50% este domingo 18. Su confianza se basa en que estos relevamientos nunca toman en cuenta a las áreas rurales, donde el apoyo al líder aymara derrocado es aún mayoritario.

    Pero si no supera el 50%, ni le quita 10 puntos de diferencia a Mesa, entonces habrá una segunda vuelta el 29 de noviembre próximo. En las elecciones que comenzarán dentro de pocas horas, el MAS tiene el beneficio de que existen otros cuatro candidatos que sirven para dispersar el voto en rechazo a Morales.

    ​Eso no sucedería en un ballotage, donde el voto de los partidos opositores unido podría superar al MAS hasta por un punto porcentual, como ocurrió en el referéndum del 21 de febrero de 2016, que negó una nueva repostulación de Morales a la presidencia. El entonces presidente no obedeció a este resultado e igualmente se presentó a las elecciones del 20 de octubre de 2019. Tres semanas después, fue expulsado del país.

    Los recuerdos de la violencia social, los asesinatos en las calles, la carencia de alimentos y combustibles aún están frescos en la memoria del pueblo boliviano. Por eso se están preparando para lo que venga, luego de que se anuncien los resultados en la noche del domingo de elecciones.

    "Esta es la parafernalia propia de las elecciones más atípicas que se van a dar desde la restauración de la democracia en 1982. Son atípicas porque son presididas por un Gobierno de cuestionada legitimidad", dijo a Sputnik Jorge "Coco" Cuba, experimentado periodista que fue director de la Agencia Boliviana de Información (ABI) entre 2008 y 2018.

    Cada día, el ministro de Gobierno, Arturo Murillo, realiza una conferencia de prensa en la cual se dedica a atacar o amenazar con meter a la cárcel a ciertas personas o grupos sociales. En estas semanas, se dedicó a advertir al MAS que si no aceptan el resultado se las verán con la Policía y las Fuerzas Armadas. También anunció que expulsará del país (o meterá preso) a los veedores internacionales invitados por el partido de Morales "que causen problemas". Y los tildó de "izquierdistas".

    Para Cuba, las amenazas del ministro no se concretarán en muertes, como ocurrió en noviembre de 2019, durante las masacres de Sacaba, en Cochabamba, y Senkata, en El Alto, donde 20 personas fueron asesinadas, aparentemente por el Ejército y la Policía.

    "En este momento, tengo la seguridad de que el ministro Murillo no está en condiciones de cargar de con una sola vida más, porque su Gobierno está nomás en el centro de la mira de la comunidad internacional", indicó el periodista.

    "Veo que en Bolivia hay una crisis que todavía mantiene al señor Evo Morales como el principal actor político del país. A pesar de que está en Buenos Aires (Argentina), no ha dejado de ser el eje y motor de la política nacional. Pienso que aunque el MAS salga primero o segundo en estas elecciones, igual va a estar en el poder", comentó.

    Incidente con los veedores

    La noche del 16 de octubre, la llegada de tres diputados de Argentina, invitados como observadores por la Asamblea Legislativa Plurinacional, dio lugar a uno de los momentos más grotescos del gobierno de Áñez. Al margen de toda legalidad, la Policía retuvo a Leonardo Grosso, Guillermo Snopek, Paula Penacca y Federico Fagioli, del Frente de Todos, a pesar de que ya habían hecho los trámites migratorios correspondientes para ingresar al país.

    Luego de largas discusiones, decidieron expulsar de Bolivia a Fagioli, a quien acusaban de haber sido juzgado por delitos de lesa humanidad, lo cual era falso. Sin que se entendiera el accionar de los uniformados, hubo tironeos y jaloneos en el estacionamiento del aeropuerto de El Alto. Incluso la policía golpeó Luca Di María, funcionario de la Embajada argentina. Finalmente los dejaron irse a su hotel para seguir su cronograma en Bolivia.

    El día anterior, desde su cuenta de Twitter (@ArturoMurilloS) el ministro de Gobierno ya había advertido que una situación de este tipo podía darse. "Nuestras elecciones serán una fiesta democrática, mientras más observadores hayan, mejor para todos. Advertimos a los agitadores y gente que busca generar violencia, no son bienvenidos. Los ponemos en un avión o entre rejas. Compórtense, sabemos quiénes son y dónde están", publicó la autoridad.

    ​​Por la misma vía también llegaron mensajes de apoyo para el grupo de diputados que no tuvo la mejor bienvenida. "Expreso mi solidaridad al diputado argentino Federico Fagioli, quien fue invitado por la Asamblea Legislativa para participar como veedor en las elecciones generales. Faltan pocos días para que Bolivia vuelva al camino de la democracia", twiteó la senadora @EvaCopa_Bol.

    ​Murillo, en conferencia de prensa, dijo que quisieron expulsarlo a Fagioli porque habría mentido en Migración cuando le preguntaron si alguna vez había estado en Bolivia, ya que había venido en noviembre de 2019, luego del golpe contra Morales.

    "Dijo en Migración que no había entrado a Bolivia. Dos veces mintió y eso es un delito. En cualquier parte del mundo es un delito", sostuvo el ministro. Por ello, le comunicaron que "no era bienvenido a Bolivia y que por favor regresara a su país", agregó Murillo.

    Pero finalmente reflexionó y se retractó. "Por la importancia de las elecciones y para que estas no se vean empañadas por ningún acto, hemos accedido al pedido del Presidente del Tribunal Supremo Electoral (Salvador Romero). También nos llamó la OEA (Organización de los Estados Americanos) y nos dijo que evitemos problemas. Nos llamó la OEA desde Washington, entonces nosotros dijimos: 'Está bien, que entre al país'", contó.

    El temor al desabastecimiento

    El mercado Rodríguez, en el barrio paceño de San Pedro, se desarrolla por diez calles empinadas y empedradas, donde las caseras ofrecen sus productos, verduras, frutas, cereales, quesos, carne de cordero, pescado, productos de limpieza y todo lo que se pueda necesitar para encerrarse en casa, ante el posible apocalipsis electoral anunciado para el domingo 18 a la noche.

    "Sí pues joven, he venido a aprovisionarme para toda mi familia. Mire si los masistas quieren hacer volar de nuevo Senkata y nos quedamos sin gas ni nada para comer", dijo afligida a este medio la señora Vanesa, quien prefirió no dar su apellido.

    Desde Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) intentaron contener esta campaña de miedo. El vicepresidente Nacional de Operaciones de esta empresa estatal, Javier Velarde, dijo en una entrevista con el canal gubernamental Bolivia TV que la provisión de garrafas de gas está asegurada.

    ​También comentó que en los últimos días aumentó la demanda de combustibles en varias ciudades. Dijo que en Cochabamba se distribuyen cada día 700.000 litros, pero en la última semana repartieron 1,3 millones de litros diarios. Santa Cruz de la Sierra, por su parte, pasó de consumir 1,7 millones de litros por día a 2,5 millones.

    Un día para recuperar la democracia

    Este domingo 18 de octubre, 7.332.925 bolivianas y bolivianos están habilitados para votar en Bolivia y otros 30 países, como Argentina, España, Brasil y Estados Unidos. Tendrán que elegir presidente, vicepresidente, 36 senadores y 130 diputados.

    Se votará en 5.425 escuelas de todo el país, que estarán custodiadas por 39.000 policías.

    Si bien este es un duelo democrático entre Mesa y Arce, quedan otros tres competidores que se niegan a retirarse, a pesar de sus pocas chances incluso de conseguir legisladores. Ellos son el empresario cruceño Luis Fernando Camacho, con el 10,7% de intención de voto; Chi Hyung Chung, con el 2,4%; y Feliciano Mamani, con el 0,4%.

    Según el periodista Cuba, en las elecciones hay una paradoja. "Ni Mesa ni Arce son dueños de sus votos. A Arce lo votan por Evo. Y a Mesa lo votan para que no vuelva Evo. Si no fuera por Evo, los dos por sí solos no jalan a nadie", ilustró.

    "Tengo la impresión de que el electorado va a restaurar a Evo Morales —consideró Cuba—. No creo en una segunda vuelta. Pero si la llegara a haber y se impusiera el voto antievo, se desataría una crisis de proporciones en Bolivia. Porque el poder de Evo en las calles y en las carreteras es muy vigoroso y es insuperable".
    Etiquetas:
    elecciones, Bolivia
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