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    Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno de España

    España: un Gobierno en la cuerda floja

    © REUTERS / Susana Vera
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    Pedro Sanchez ha elegido pasar el fin de año en la región española más alejada de Cataluña. Desde la isla canaria de Lanzarote, el presidente español se aleja físicamente por unos días de su principal dolor de cabeza en los primeros seis meses de mandato y de su desafío número uno para 2019.

    Sánchez acaba el año como inició su mandato en junio pasado. La supervivencia de su Gobierno depende de un hilo que manejan las fuerzas independentistas catalanas que le apoyaron para encaramarle al poder tras la moción de censura a Mariano Rajoy.

    El presidente de Gobierno español vive en esa cuerda floja intentando que las mismas fuerzas que le auparon al palacio de la Moncloa aprueben unos presupuestos sin los cuales se vería abocado a llamar a elecciones. En ese ejercicio de equilibrismo, el jefe de los socialistas considera que el diálogo con los secesionistas sigue siendo la única vía para cumplir sus planes. El problema es que por parte del gobierno catalán y de los partidos que lo componen, PDeCAT (Partit Democrata de Catalunya) y ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), ese diálogo se ve encarecido hasta un punto que el representante de todos los españoles, incluidos los catalanes, no puede aceptar el precio sin dejar al Estado que representa en riesgo de desintegración.

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    Pocos periodistas internacionales son capaces de entender la situación política por la que vive España y la profusión de imágenes simbólicas que la crisis por la que atraviesa el país logra producir. Un Gobierno dirigido por un partido sin mayoría en el Congreso, sostenido por fuerzas que quieren separarse de España, entre ellas, de diferentes tendencias ideológicas: representantes de las burguesías catalanas y vascas con izquierdistas de las mismas regiones, además de la extrema izquierda estatal. Todos, asustados ante lo que consideran una probable victoria en las urnas del centro y la derecha aliados.

    Pedro Sánchez ideó "deslocalizar" un consejo de ministros de Madrid a Barcelona. Una decisión que desde el gobierno de la comunidad autónoma se recibió con agitación callejera. A Sánchez se le reprochó que hablara de demostrar "normalidad" con su decisión de reunir a sus ministros en la capital catalana. Pero lo que le mundo pudo ver fueron las imágenes de violencia de grupos radicales y el despliegue policial para proteger al presidente y a su comitiva.

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    "Spain is different", también en eso. El primer ministro tiene que ser escoltado en una parte del territorio no por su política, sino precisamente, porque, para algunos, no es su territorio. Aunque defienda apostar por el diálogo antes que aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución que otras fuerzas, como el Partido Popular y Ciudadanos ya exigen desde hace semanas y su compañera de partido, la presidenta de Andalucía, pide ahora.

    La suerte de Sánchez depende del presidente catalán y de sus socios de gobierno, que van a seguir jugando con su condicionado apoyo sin renunciar a dos exigencias básicas para ellos: la excarcelación —vía indulto— de los políticos presos acusados tras el referéndum ilegítimo del 1 de octubre de 2017 y, por supuesto, la aceptación de una consulta sobre la autodeterminación.

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    La primera está en manos del Gobierno; la segunda, es mucho más delicada. A los que ponen como ejemplo las consultas celebradas en Quebec y Escocia, otros responden que la Constitución española no lo permite, como tampoco la alemana, la francesa o la italiana. Y que una modificación constitucional debería, además, ser aprobada por todos los españoles.

    La pérdida de Andalucía y la alarma de los 'barones'

    Pero no hace falta ir tan lejos. Cando se habla del futuro de Pedro Sánchez, hay que interpretar también el futuro de su Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Y ahí radica otro de los problemas a los que Sánchez tendrá que hacer frente en el año que empieza.

    La pérdida del gobierno en Andalucía, después de 36 años de mandato ininterrumpido, ha sido un golpe brutal para los socialistas. La presidenta andaluza, otros dirigentes socialistas de comunidades autónomas señalan que esa debacle fue, en buena parte, debida a las concesiones que el jefe del Gobierno español está haciendo al independentismo catalán y a su olvido de la otra mitad de Cataluña, no separatista.

    Los presidentes socialistas de Aragón y de Castilla la Mancha no han ocultado sus críticas a su líder por la gestión de la crisis catalana, y temen ser derrotados en los próximos comicios, como su homóloga andaluza. Por eso, para Sánchez y su partido es indispensable alargar lo máximo posible su mandato, y eso pasa, inevitablemente por la aprobación de sus presupuestos en las Cortes.

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    Los socialistas más optimistas creen que Sánchez puede acabar su mandato y celebrar comicios en junio de 2020. Los pesimistas, se preparan ya para la primavera. La situación es tan especial que España es el único país de Europa donde el contenido de los presupuestos queda casi oscurecido por el rompecabezas catalán.

    Sánchez ha negociado un plan económico con Podemos que considera "social" y destinado a "paliar en parte los efectos de los recortes" del mandato del Partido Popular. La derecha vasca —que antes aprobó los presupuestos de Rajoy— los da por buenos, no tanto por ser "sociales", sino porque la generosidad financiera del Gobierno central les recompensará por su apoyo político. La Unión Europea, por su parte, se alarma del aumento del gasto público propuesto por el jefe del Ejecutivo español.

    A Pedro Sánchez, que se convirtió en diputado sin haber sido elegido; que perdió dos elecciones y que, sin embargo, se hizo con la jefatura de su partido, nada parece descorazonarle. Tumbó al presidente Rajoy en dos tardes y sigue convencido de que puede obtener lo imposible, alargar su mandato un año y medio más y ganar las próximas generales. Pero antes deberá afrontar comicios europeos, autonómicos y municipales. Demasiadas pruebas de estrés para los socialistas españoles en el horizonte de 2019.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    independencia, VOX, PSOE, Pedro Sánchez, Cataluña, España
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