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2021, año en que Perú sufrió el fantasma de la destitución presidencial

© AFP 2021 / Ernesto BenavidesPiñatas con la cara de Pedro Castillo
Piñatas con la cara de Pedro Castillo - Sputnik Mundo, 1920, 29.12.2021
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LIMA (Sputnik) — En este 2021, Perú pasó de nuevo por lo que parece ser ya una costumbre en la política local: el intento de destituir al presidente de parte de un Congreso legislativo adverso y poco afecto al diálogo.
En el periodo presidencial 2016-2021, gracias a esta dinámica beligerante, el país tuvo cuatro mandatarios, dos de ellos dejaron el cargo por la voluntad del Parlamento.
Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) dejó la máxima jefatura del país luego de dos intentos congresales por destituirlo. Kuczynski no llegó a ser destituido, pero sí renunció al cargo por presuntos actos de corrupción que no han sido verificados por la justicia hasta la fecha. El expresidente renunció pocos días antes de su inminente destitución.
Su sucesor, el entonces vicepresidente Martín Vizcarra, asumió en marzo de 2018 y, luego de un breve periodo de paz con el Parlamento, este intentó sacarlo del cargo. El primer pedido de destitución falló, pero el segundo tuvo éxito y Vizcarra fue sacado en noviembre de 2020, sucediéndolo el entonces presidente del Parlamento, Manuel Merino, quien duró cinco días en el cargo, renunciando por las fuertes protestas ciudadanas.
De inmediato asumió Francisco Sagasti, entonces parlamentario, quien condujo un Gobierno de emergencia y transición encargado, entre otras cosas, de convocar a las elecciones generales que en 2021 dieron como ganador al actual presidente Pedro Castillo.

Historia cíclica

Castillo se salvó en diciembre de este año de ser destituido cuando un pedido para sacarlo del cargo, impulsado por un grupo de legisladores opositores, no obtuvo los votos necesarios en el pleno para que este se debata, pero, como en ocasiones anteriores, esto no asegura que el Congreso vuelva a la carga en un futuro para volver a intentar destituir al jefe de Estado. Pasó antes, puede pasar otra vez.
Pero, ¿qué sucede en la política peruana para que el Congreso insista en deponer presidentes y tenga éxito? Desde un punto de vista legal, esto se explica por lo que muchos consideran como un fallo en un artículo de la Constitución, el 113, en donde se indica que un presidente puede ser depuesto por "su permanente incapacidad moral o física, declarada por el Congreso".
Así, todos los intentos por sacar a un presidente han argumentado que este merece dicho castigo por adolecer de "incapacidad moral permanente" para dirigir al país, sustentando esta supuesta incapacidad por algún acto, siempre incomprobado por instancia judicial alguna, ligado a un tema de corrupción, es decir por una suposición que, si tiene los votos suficientes en el pleno, basta para destituir a un mandatario.
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Diversos analistas indican, sin embargo, que la figura de la incapacidad moral permanente es una herencia de la Constitución de 1839, la cual recogió este causal de destitución, pero como una referencia a una "incapacidad mental permanente" para ejercer la presidencia, producto de una época en la que los trastornos mentales se consideraban "problemas morales" y en la que la psiquiatría apenas existía.
Sin embargo, esta figura ha permanecido en las diversas cartas magnas que ha tenido el país hasta la actualidad. ¿Se ha intentado corregir el mal de una figura a todas luces subjetiva luego de tantos intentos por sacar a un presidente? Pues sí. En 2020, el expresidente Vizcarra, aún en el cargo por entonces, presentó una demanda ante el Tribunal Constitucional para que ponga en claro qué se debía entender como "incapacidad moral permanente" o si cabía que existiera en el sistema constitucional peruano.
Para mal de la estabilidad política de Perú, el Tribunal Constitucional no se pronunció al respecto, dejando libre el uso de este mecanismo para el Congreso.

¿Qué quiere el Congreso?

Ahora salta otra interrogante, si la causal de incapacidad moral permanente ha existido por décadas, ¿por qué el Congreso la está usando con tanta virulencia en los últimos seis años cuando no ha sido así antes? Acá hay que apuntar que todos los presidentes a quienes se les ha destituido, o querido destituir, no han tenido una bancada fuerte en el Congreso, que en Perú es unicameral y consta de 130 representantes.
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Esta situación repetida ha hecho que los presidentes recientes queden en estado de indefensión frente a un Congreso adverso, pero si se indaga sobre los motivos más de fondo para que esta situación conflictiva se repita, habría que apuntar que quienes pusieron la incapacidad moral "en boga", por usar un término comprensible, fue Fuerza Popular (derecha), partido liderado por la hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), Keiko Fujimori.
En el Congreso de 2016 y que buscó la destitución de Kuczynski y Vizcarra, el fujimorismo tenía la mayoritaria cifra de 73 parlamentarios. Considerando que para que un pedido de destitución sea exitoso se requieren los votos de 87 legisladores, el camino estaba llano para alcanzar ese objetivo político.
En el actual Congreso, Pedro Castillo adolece de una bancada fuerte no solo en número sino, y más importante quizá, en ideas y objetivos comunes, siendo el resultado de esta situación tener a un jefe de Estado que gobierna desde la orfandad política.
Cuestión curiosa. Los dos presidentes (Kuczynski y Vizcarra) que, directa o indirectamente, han salido del cargo por voluntad del Congreso y bajo cargos de presuntos actos de corrupción, siguen sin recibir ninguna sentencia sobre los motivos que el Parlamento argumentó tan indignadamente para buscar su salida.
Si el objetivo del Congreso era la lucha contra la corrupción, e investigar y castigar este delito para un presidente presuntamente corrupto, ¿por qué dichos empeños se han abandonado una vez que las destituciones se consiguieron? Quizá porque lo que hay detrás de tantas destituciones no tenga que ver con acabar con la corrupción sino con intereses que van por otro lado. Tal vez. Piense usted.
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