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    Ariel Goldstein: "En Brasil hay una cultura del autoritarismo que perdura"

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    En el lugar y el momento justos. Allí alcanzó al actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, el atentado que sufrió en formato apuñalamiento. De esta manera, logró volver lo inaccesible, en una exposición mediática que le valió una cobertura hasta entonces inalcanzable, y lo casi imposible, en realidad: ser el presidente de Brasil.

    Militares, evangélicos, el sector agropecuario y el mercado financiero. Son las cuatro patas del 'Capitán Mito' sobre las que avanza y que le llevaron en volandas a ocupar el Palacio de Planalto, Jair Bolsonaro. Eso es lo que reconstruye en su libro 'Bolsonaro. La democracia del país en peligro', el Dr. en Ciencias Sociales, magíster en Ciencia Política y sociólogo Ariel Goldstein. 

    El libro es revelador para conocer de qué manera Bolsonaro fue construyendo las alianzas para llegar al poder. Pero Goldstein deja caer mucho más que cuatro verdades sobre el 'Mito', o 'Capitán', como le dicen a Bolsonaro los integrantes de sus tribus, sus seguidores y votantes, por lo menos hasta el momento.

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    El analista expone que el sector agropecuario vio en Bolsonaro una defensa frente a los 'Sin Tierra', una suerte de pesadilla para ese sector, un movimiento social muy fuerte en Brasil que pugna por la redistribución de las tierras improductivas.

    Por otra parte, Goldstein observa que "en Brasil los evangélicos tienen, no sólo sus propios programas de televisión, sino también son propietarios de cadenas de televisión; sus templos son cada vez más grandes, más importantes, y Bolsonaro logró acercar su candidatura, con su discurso mezcla político y religión, al sector evangélico".

    Después, está la pegada en el mercado financiero. Este sector encontró en la figura del 'Chicago boy' y actual ministro de Economía, Paulo Guedes, formado en la Universidad de Chicago, una propuesta de reforma económica neoliberal al estilo del Chile de Pinochet, un elemento que les animó a sumarse a la candidatura de Bolsonaro, explica el investigador.

    En tanto, y al ser un defensor acérrimo de la dictadura de 1964, Bolsonaro se granjeó el favor de los militares, que de alguna manera se estaban sintiendo perseguidos por el Gobierno de Dilma Rousseff quien "había inaugurado lo que se llamó 'La Comisión de la verdad', que no tenía una función jurídica, pero sí buscaba tener testimonios de la dictadura", explica el Dr en Ciencias Sociales.

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    "La visión que una parte importante de la población en Brasil tiene sobre la dictadura, no es tan negativa como puede existir, por ejemplo, en Argentina, donde quedó muy deslegitimada por el tema de los derechos humanos y por la derrota en la guerra de Malvinas, lo que la lleva al colapso y negocia en una posición de debilidad. Mientras que en Brasil, la dictadura, que duró desde 1964 hasta 1985, negocia en una posición de fortaleza. De hecho, el primer presidente de la transición democrática, José Sarney, pertenecía al partido de la dictadura", detalla el experto.

    Pero su sentencia va más allá.

    "En Brasil hay una cultura del autoritarismo que perdura, que es histórica. Es un país con tradición de esclavitud no totalmente eliminada, con racismo, desigualdad profunda, todos factores que conspiran para la existencia de una democracia plural y consolidada".

    En este sentido, Goldstein se apoya en Latinobarómetro que mide los índices de adhesión a la democracia en los países latinoamericanos. "Muestra que Brasil es el país que entre 2013 y 2018 más cayó en los índices de adhesión a la democracia y a la clase política, con enorme crisis económica y escándalo de corrupción".

    De votar a Lula, a hacerlo por Bolsonaro: ¿cómo es posible?

    El investigador subraya que, más allá de las diferencias que pueden mostrar, tanto Luiz Inácio Lula da Silva como Bolsonaro, ambos tienen más puntos en común de lo que se podría pensar. "Bolsonaro habla simple, llega al pueblo porque usa un lenguaje popular, no habla un lenguaje difícil, igual que Lula, es un 'hombre del pueblo' en algún punto también". 

    "Pero hay otra cuestión, y es la de quién puede representar el orden. Lula representaba un líder fuerte, un orden posible para Brasil, con crecimiento económico, distribución. Y Bolsonaro, en este caos que se había transformado Brasil en los últimos años, también representa una promesa de orden. Un orden más autoritario, más conservador a nivel cultural, pero un orden al fin. 'Que vuelva el orden, que se acabe el caos'. Entonces, en esa idea de restaurar el orden, aquellos que votaron por Lula, después pasaron a votar a Bolsonaro", indica Goldstein.

    Orden y progreso… ¿orden y progreso?

    Como si nunca hubiera roto un plato, el día de su asunción de mando ante el Congreso y en el Palacio de Planalto, Bolsonaro invocó y puso a Dios como testigo de que su misión era la de acabar con el yugo de la corrupción. Algo que llegó a afirmar, incluso, días después de que salieran a la luz una serie de datos que presuntamente lo vinculan a hechos de corrupción.

    Al respecto, Goldstein señala que el caso en el que está involucrado Flávio Bolsonaro senador e hijo del presidente, comenzó a desarrollarse en diciembre cuando los investigadores financieros federales descubrieron que en 2017 alrededor de 1,2 millones de reales habían sido recibidos y enviados desde una cuenta que pertenece a Fabrício Queiroz, uno de sus asistentes. Entonces, Flávio Bolsonaro era legislador estatal de Río de Janeiro y Queiroz era su chofer.

    Entre las transacciones se cuentan pagos a la esposa del presidente, Michelle Bolsonaro, algo para lo que el mandatario encontró una explicación: dijo que Queiroz le estaba reembolsando un préstamo a su esposa. Todo esto se ha convertido en un gran problema para Bolsonaro, afirma Goldstein, quien detalla más insucesos.

    "Después se descubrió el tema de los laranjas del Partido Social Liberal [PSL] de Bolsonaro que habían inventado candidaturas –para recibir financiamiento público– que no habían competido prácticamente y habían usado ese dinero para hacer campaña para otros candidatos y para beneficios personales. Y además, algo más preocupante aún, que es el vínculo de los Bolsonaro con las milicias de Río de Janeiro". 

    "Fabricio Queiroz, asesor de Bolsonaro, y el hijo del presidente y senador Flavo Bolsonaro, le dieron empleo a la hija y a la esposa de uno de los líderes de las milicias criminales de Río de Janeiro, los llamados grupos paramilitares, que coordinan tareas de seguridad, narcotráfico, influencias en la zona oeste de Río de Janeiro".

    Para el sociólogo esta situación es muy preocupante porque además esos grupos, "probablemente como todo indica, están vinculados al asesinato de la concejal de izquierda Marielle Franco que se produjo en 2018 y fue un crimen político de gran repercusión internacional por la crueldad con la que fue ejecutado, con 14 disparos en Río de Janeiro".

    Goldstein describe a Marielle Franco como "una luchadora muy valorable, que había crecido en la favela y era una militante de izquierda muy respetada. Fue la quinta concejal más votada de Río de Janeiro en la elección de 2016. Esos hechos de corrupción, de acusaciones de vinculación con las milicias, pueden traer muchos dolores de cabeza al clan Bolsonaro".

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    En este sentido, Goldstein refirió a un discurso que Bolsonaro ofreció días atrás en un acto en el Cuerpo de Fusileros Navales de Rio de Janeiro, donde sentenció que "La democracia y la libertad sólo existen cuando sus respectivas Fuerzas Armadas así lo quieren". 

    Para el analista, esto es como decir que "en última instancia las Fuerzas Armadas son la tutela de la nación". De este modo, incide Goldstenin, "hay que ver si la justicia puede resistir estos ataques del poder político que se encuentra muy amparado en las FFAA. Eso va a ser un tema de gran conflictividad, me parece".

    Dijo Cicerón: "En medio de las armas, las leyes enmudecen".

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