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    ROMA (Sputnik) — A 150 años de su nacimiento este 22 de abril, Vladímir Lenin sigue siendo una de las personalidades más controvertidas de la historia, provocando amor y odio a partes iguales en Rusia y en el resto del mundo.

    La URSS no existe ya desde hace casi treinta años, pero en la Rusia de hoy, la presencia del principal líder de la Revolución Socialista de octubre es real, con miles de lugares, calles o plazas en todo el país todavía denominadas en su honor, a pesar de los muchos cambios de nombre que ocurrieron tras el fin de la era soviética.

    Vladímir Ilich Uliánov nació el 22 de abril de 1870 en la ciudad de Simbirsk, situada en las orillas del Volga. Era el tercer hijo de Ilya Uliánov, inspector escolar provincial que obtuvo el derecho a la nobleza hereditaria. Cuando Vladímir tenía 17 años, su hermano mayor Aleksánder fue condenado a muerte por tratar de organizar un atentado contra el zar Alejandro III. Su ejecución tuvo un impacto decisivo en las visiones políticas del pequeño, que se convirtió en un acérrimo enemigo del zarismo.

    De estudiante a revolucionario

    Tras estudiar en la Universidad de Kazán y terminar la carrera en la de San Petersburgo, Uliánov se adhirió a un círculo marxista en 1893, con lo cual empezó su militancia política. En 1898 participó en la creación del Partido social-democrático obrero ruso, que cinco años después se escindió en dos fracciones, los bolcheviques que apoyaron a Vladímir Ilich, y los mencheviques que se opusieron a sus principios.

    En el cuarto de siglo anterior a la Revolución de Octubre de 1917, su carrera política fue bastante turbulenta. Pasó tres años exiliado en Siberia, después emigró a Europa, donde vivió en Múnich, Londres y Zúrich, tomó parte activa en la primera Revolución rusa en 1905 y escribió decenas de artículos e importantes obras políticas, como 'El desarrollo del capitalismo en Rusia' o 'El imperialismo, fase superior del capitalismo'.

    En 1901 utilizó por primera vez el pseudónimo Lenin, con el cual es después conocido, aunque en aquellos tiempos era tan sólo uno de los muchos nombres ficticios que le permitían esquivar la persecución policial.

    En abril de 1917 Lenin regresó a Rusia, donde ya había caído la monarquía, y siete meses después encabezó la insurrección de los bolcheviques contra el Gobierno provisional. Una vez conquistado el poder, los bolcheviques mismos no estaban seguros de conseguir mantenerlo durante mucho tiempo, pero el régimen que plasmó Lenin no solo salió vencedor de la Guerra Civil, sino que se mantuvo en pie durante las siete décadas sucesivas.

    Encontrarse en el lugar correcto y en el momento justo

    Aquí surge la gran cuestión: ¿Cómo fue posible? Cuando Lenin volvió a Rusia, el partido bolchevique contaba con unos 24.000 miembros, siendo mucho menos popular que sus competidores políticos.

    Lo primero que cabe destacar es que los bolcheviques llegaron al poder tres años después del inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando el Estado ruso se estaba derrumbando bajo el irrefrenable ímpetu de la máquina militar alemana. Entre 1914 y 1917 Rusia sufrió derrotas durísimas y cedió al adversario extensos territorios, mientras las pérdidas humanas ascendían a cinco millones de hombres, entre caídos y prisioneros.

    Este desastre militar no fue casual. Desde hacía décadas el imperio zarista no lograba adaptarse a la segunda revolución industrial, que se había iniciado en los años 80 del siglo XIX y cuyos líderes eran Alemania y Estados Unidos. La economía nacional estaba controlada en una buena parte por el capital extranjero, mientras la sobrepoblación agrícola, la indigencia de los obreros y los conflictos nacionales creaban una enorme tensión social, que la administración zarista no sabía paliar. La debilidad del Imperio ruso había quedado demostrada ya en 1905, con la humillante derrota frente a las tropas japonesas en el Lejano Oriente, a la que había seguido la primera Revolución rusa.

    Otro factor importante que explica el éxito de Lenin y sus seguidores era la estructura interna del partido bolchevique, caracterizada por una disciplina férrea. Además, ellos formularon un programa político que, en las desastrosas condiciones de entonces, atrajo las simpatías de varios estratos de la población:

    • Paz inmediata;
    • Fábricas a los obreros;
    • Tierra a los campesinos.

    En los decenios sucesivos este programa quedó sin realizarse, pero en 1917 era imbatible.

    Modernizar un pais atrasado, pero… ¿a que precio?

    Lenin y los bolcheviques soñaban con modernizar el país, convirtiéndolo en una potencia industrial de primer orden y haciéndolo superar el retraso respecto a los Estados occidentales. En el campo económico, el modelo que tomaron como ejemplo, fue la economía bélica de la Alemania imperial, o sea, una economía de movilización. Una receta que, en un país atrasado y profundamente campesino como la Rusia de 1917, requirió no sólo privaciones y esfuerzos enormes, sino también una represión despiadada de la resistencia que inevitablemente surgía.

    Este es el legado contradictorio de Lenin. Años después, el país transformado en base a su programa de modernización económica y social forzada supo resistir en la Segunda Guerra Mundial a la formidable potencia militar de la Alemania hitleriana, que había puesto bajo su yugo a casi toda Europa. Al mismo tiempo, el precio humano que pagaron Rusia y las demás repúblicas de la antigua URSS por realizar ese programa fue tremendo, con el sistema de represión iniciado aún en la época de Lenin y que más tarde, bajo la batuta de su sucesor Stalin, condujo al encarcelamiento, exilio o asesinato de millones de personas en todo el país.

    ¿Valió la pena pagarlo? ¿O habría sido posible recuperar el evidente retraso frente a Occidente de manera más humana? Son preguntas que siguen suscitando discusiones y controversias en Rusia y en el resto del mundo.

    En 1918 Vladímir Lenin sobrevivió a un atentado, pero la herida dejó sus secuelas. Entre mayo de 1922 y marzo de 1923, el líder soviético sufrió tres infartos cerebrales, quedando completamente incapacitado. El 21 de enero de 1924 falleció en la localidad de Gorki, cerca de Moscú.

    El país que creó Lenin está muerto, aunque él mismo sigue presente: su cuerpo aún se conserva embalsamado en el Mausoleo en la Plaza Roja de Moscú, a pocos pasos del Kremlin. La pertinencia de mantenerlo ahí o enterrarlo en otro lugar es un tema que divide actualmente a la sociedad rusa entre partidarios y detractores. Pero todos coinciden en que Lenin, para bien o para mal, es un símbolo de Rusia.

    Etiquetas:
    Mausoleo de Lenin, bolchevismo, revolución, URSS, Rusia, Vladímir Lenin
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