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    España prorroga el estado de alarma por el coronavirus (165)
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    Cuando pase la emergencia sanitaria por el COVID-19, muchos países del mundo deberán enfrentar otra gran dificultad: la crisis económica que deje el coronavirus. Para evitarla hay muchas propuestas sobre la mesa: dejar de pagar la deuda es una de ellas.

    Eric Toussaint, historiador belga y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Lieja (Bélgica), lleva buena parte de su vida auditando deudas de distintos países del mundo y pidiendo la suspensión de varias de ellas por su carácter "ilegítimo y odioso".

    Ahora, cuando el mundo se enfrenta a una de las peores crisis sanitarias y económicas desde la II Guerra Mundial, este reclamo empieza a retumbar en distintas partes del mundo.

    Recientemente, el papa Francisco, durante la misa del Domingo de Resurrección, pidió que se condonara la deuda externa a los países más pobres. Un llamado que, poco antes, ya habían hecho desde América Latina varios expresidentes y líderes políticos mundiales como Rafael Correa, Gustavo Petro, Evo Morales, Álvaro García Linera, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, José Luis Rodríguez Zapatero o Ernesto Samper, entre otros.

    En esa campaña, encabezada por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, se ha solicitado al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo que se condone la deuda externa.

    "No podemos exigir a los países que hagan políticas efectivas en materia de salud pública para afrontar la actual pandemia y, al mismo tiempo, pretender que sigan cumpliendo con sus obligaciones de deuda; no podemos exigirles que implementen políticas económicas que compensen los daños de esta catástrofe a la par que deben seguir pagando a sus acreedores", sostienen estos líderes políticos en una carta divulgada a finales de marzo.

    Sobre esta nueva realidad que atraviesa la humanidad, Sputnik conversa con Eric Toussaint, portavoz de la red internacional del Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (CADTM).

    — Usted recientemente dijo que para enfrentar la crisis económica que dejará la pandemia del COVID-19 era "urgente liberar medios financieros, pero recurrir lo menos posible a más deuda". ¿Cómo lograrlo en medio de una situación tan difícil?

    — Hay dos medios fundamentales:

    1.     Suspender el pago de la deuda y utilizar esos fondos para invertir en compra de equipos médicos, sanitarios, y haciendo los gastos necesarios para enfrentar la crisis sanitaria y económica que dejará el coronavirus.

    2.     Aplicando un impuesto excepcional sobre los más ricos para tener los fondos necesarios.

    Para darte un ejemplo: en Francia, la persona más adinerada se llama Bernard Arnault y tiene un patrimonio de 110.000 millones de euros, que es exactamente la cifra decidida por el presidente Emmanuel Macron para intervenir en la crisis en Francia. Entonces, imponer un impuesto a los más ricos, que son un puñado, porque son un 1% de la población, podría abonarse a un fondo para luchar contra la crisis.

    —En España, la deuda pública se sitúa en un 96% del Producto Interior Bruto (PIB). Usted, desde hace varios años, sostiene que la deuda que tiene este país es "ilegítima y odiosa". ¿Por qué la categoriza de esta manera?

    — Porque hay que recordar que antes de la crisis de 2010, España tenía una deuda pública que representaba menos del 40% del PIB. Con la crisis y los rescates a los bancos, sociedades financieras e inmobiliarias de España, la deuda subió, se duplicó, casi llegó al 100% del PIB. Entonces, es ilegítima y odiosa porque es una deuda que ha sido acumulada para rescatar a banqueros responsables de la crisis anterior, la de 2008-2010. Es una deuda contratada para servir los intereses particulares de una minoría sin respetar el interés general de la mayoría de la población, por lo tanto, es una deuda ilegítima.

    El jurista ruso Alexander Nahum Sack introdujo el término de deuda odiosa en el Derecho Internacional a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Para él, una deuda es odiosa si cumple con dos criterios: si ha sido contratada contra el interés de la población o de la nación, y segundo, si ha sido contratada con los prestamistas sabiendo que jugaba en contra de la nación. Por eso afirmo que la deuda española después de 2009-2010 es odiosa, porque los prestamistas sabían que el Gobierno estaba rescatando a los mismos banqueros que prestaron el dinero al Estado para que los rescataran. Es el círculo vicioso de siempre en el cual los banqueros acumulan riquezas mientras el Estado y el pueblo se empobrecen.

    —¿Cómo que ellos le prestaban el dinero al Estado para que los rescatan?

    — La situación es escandalosa con lo que tiene que ver con el Banco Central Europeo. Hasta el año pasado, el Banco Central Europeo otorgaba créditos a los bancos privados a tasas de interés del cero por ciento y estos mismos bancos prestaban el dinero a Estados como España, Italia o Portugal, vía compra de bonos soberanos, a unas tasas de interés del 2, 3 ó 4%.

    Ha sido una gran ganancia para los bancos gracias a los regalos del Banco Central Europeo. La situación es peor ahora porque el Banco Central Europeo otorga créditos a los bancos privados a una tasa negativa de 0,75%, es decir, que un banco pidiendo prestado al Banco Central Europeo gana dinero. Es escandaloso.

    —¿Y qué habría que hacer?

    —Lo que habría que hacer en estas circunstancias de crisis mayor es lograr que el Banco Central Europeo otorgue créditos directamente a los Estados, al español, al portugués, al italiano, y demás países de la zona euro, para combatir la crisis, en lugar de otorgar los créditos a los bancos privados. Es decir, el Banco Central Europeo, le da un monopolio a los bancos privados con privilegios apegándose al Tratado de Maastricht de 1992, que dice que un organismo público no puede otorgar créditos directamente a los poderes públicos. Es una política totalmente neoliberal que hay que combatir porque va en contra del interés de la población.

    — Usted es uno de los que apoya dejar de pagar la deuda externa, pero para cualquier Gobierno es una decisión muy difícil. ¿En qué argumentos legales podrían apoyarse los Gobiernos para suspender el pago de su deuda externa?

    — En las circunstancias actuales, en medio de una crisis sanitaria y económica brutal, hay tres argumentos del Derecho Internacional:

    1.     El estado de necesidad: que es un concepto que establece que cuando un país, un Estado enfrenta una crisis en la cual la vida de su población está en riesgo y constituye un problema grave, ese Estado no está obligado a respetar sus obligaciones internacionales, por ejemplo, en materia de pago de deuda porque debe responder a la crisis humanitaria o sanitaria. Solucionar esta crisis es una prioridad frente a este tipo de obligaciones financieras internacionales.

    2.     Cambio fundamental de circunstancias: este concepto establece que cuando cambian totalmente las condiciones respecto a las que estaban cuando se firmó, la ejecución de este contrato puede ser suspendido.

    3.     Fuerza mayor: Aquí se determina que por razones de fuerza mayor un Estado no puede estar más en las condiciones de respetar sus obligaciones de pago de deuda. En este caso, el carácter ilegítimo u odioso de la deuda, no tiene ninguna importancia. La deuda puede ser totalmente legal, legítima, pero se puede suspender por esas razones de fuerza mayor y por las demás condiciones reunidas, es decir, el estado de necesidad y el cambio de circunstancia.

    —¿Cómo evalúa la postura de la Unión Europea que, hasta el momento, se ha negado ha emitir unos bonos de reconstrucción, de mutualizar la deuda y ha propuesto recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad sin condicionamiento de pago? ¿Cómo valora el papel de la Unión Europea en esta emergencia sanitaria?

    — La Unión Europea es un desastre. No tienen ni siquiera un equipo de diez médicos para mandar al norte de Italia o a España. La Unión Europea no tiene stock de máscaras, respiradores.

    Esta Unión Europea es un desastre en esta crisis sanitaria. Vemos que otros Estados como Cuba mandó más de 100 médicos al norte de Italia y es capaz de ayudar en la emergencia. Es decir, es una nueva muestra de que la Unión Europea es una construcción que funciona a favor del gran capital, para integrar mercados a favor de grandes empresas que controlan los medios de producción y competir con otras potencias económicas. Pero la Unión Europea no sirve a sus propios pueblos y mucho menos cuando se trata de solidaridad internacional.

    — Se alerta que el mundo atravesará una crisis económica sin precedentes. Se compara con la devastación económica que se vivió tras la Segunda Guerra Mundial ¿Qué respuesta se le debe dar a esta crisis?

    — Esta crisis va a ser la más grande de los últimos 70 años. Estamos ante una crisis como la de los años 30, con los cataclismos que hubo en esas circunstancias.

    Para mí hay que enfrentar esta crisis rompiendo totalmente con la normalidad que nos trajo hasta aquí, es decir, hay que repensar y cambiar fundamentalmente el modo de producción, las relaciones de propiedad, la relación de los seres humanos con la naturaleza, el modo de vivir, relocalizar la producción, dar otra dimensión a las relaciones en la producción. Para mí, eso se llama revolución. Precisamos una verdadera revolución no solo en las mentes, sino también social para que el 99% de los ciudadanos del mundo retomen las riendas de su destino respecto a ese 1%, que hasta ahora, se aprovechó de la situación para acumular riquezas.

    —La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) acaba de decir que el coronavirus ocasionará en América Latina el mayor impacto en la economía de la región ¿Cómo ve usted la situación para esta región?

    — Es claro que América Latina solo está entrando en la crisis que afecta ahora, principalmente, a Europa y Estados Unidos. América Latina y África entran en una situación en la que tienen que enfrentar una epidemia con un alto riesgo de propagación acelerada. Es muy grave porque por razones, totalmente independiente de los pueblos y Estados, les afecta.

    Las exportaciones de América Latina se van a reducir de manera muy fuerte porque esa región depende de sus exportaciones de materia prima, eso se reducirá de manera brutal por la crisis económica en el norte y en China, por lo tanto, los países entrarán en mayores dificultades de pago, como Venezuela y Argentina, que estaban en suspensión de impago parcial. Otros países de la región también se encontrarán en esta situación, como Ecuador, que ya está al borde de un default. Por eso insisto que hay que utilizar los tres conceptos de estado de necesidad, fuerza mayor y cambio fundamental de circunstancias para declarar una suspensión total del pago de la deuda externa y utilizar esos fondos para enfrentar una crisis, que solo está empezando.

    — Pero hay expresidentes, como Juan Manuel Santos, Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos y Ernesto Zedillo han pedido ayuda al FMI para enfrentar la crisis sanitaria. ¿Cómo ve usted esta petición?

    — Estoy en contra de pedir, otra vez, ayuda al Fondo Monetario Internacional. Los paquetes de ayuda del FMI siempre están condicionados a implementar un modelo neoliberal.

    Como expliqué al inicio, hay fuentes alternativas a nivel financiero para enfrentar la crisis y no tener que recurrir al FMI, que hace parte del problema y no de la solución. Se puede recordar que Argentina en el año 2018, con el gobierno de Mauricio Macri, pidió un crédito al FMI de unos 50.000 millones de dólares y ahora se encuentra en una crisis tremenda. El FMI fue el que ordenó a Lenin Moreno aumentar el precio del combustible el año pasado y eso provocó una rebelión popular totalmente justificada. Entonces, no es de extrañar que expresidentes neoliberales como Santos o Cardoso pidan otra vez al FMI una ayuda. Tenemos que decir que nuestros pueblos no necesitan esa ayuda.

    — Vemos que la pandemia del COVID-19 ha agudizado la lucha, la confrontación entre modelos políticos, sociales y de producción. Vemos, más que nunca, el capitalismo enfrentado a las propuestas socialistas. ¿Cómo se perfila el mundo poscoronavirus?

    —Va a depender totalmente de la capacidad de los ciudadanos del mundo de retomar su destino. Vemos que en la mayoría de los casos, los Gobiernos son incapaces de enfrentar realmente la situación, como el Gobierno de Bolsonaro, que es totalmente loco en la gestión de la crisis sanitaria, o el Gobierno de Trump. Es fundamental la organización, la participación política y ciudadana de las mayorías para construir nuevas perspectivas y nuevas experiencias.

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