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Un paseo por la España rural desde los ojos del visionario Carlos Flores



¿Qué secreto guardan los muros de las comarcas rurales españolas? ¿Qué tienen de particular que les hacen ser diferentes? Te proponemos un paseo por los pueblos más olvidados de la 'España vaciada' a través de los ojos del fotógrafo y arquitecto Carlos Flores.





Por Iris Ladari Fuentes




© Carlos Flores / Colección Museo Etnográfico de Castilla y León
Cada país tiene su propia esencia, su propia seña de identidad, y España posee una muy característica que se puede observar en las construcciones de las zonas más rurales de la península, en su mayoría actualmente despobladas o abandonadas. Una de las personalidades que supo captar la esencia de la arquitectura popular fue Carlos Flores, considerado como uno de los grandes teóricos de la arquitectura española.
Lo hizo a través de más de 11.500 negativos y escritos que paso a paso conformarían la obra maestra enciclopédica Arquitectura Popular Española publicada por primera vez en 1973, en una época en la que cada vez más gente abandonaba lo rural para irse hacia lo urbano. Diez años antes ya se había publicado un artículo en la prestigiosa revista The Architectural Review en el que se realizaba una reseña elogiosa al libro de Carlos Flores Arquitectura Española Contemporánea. Recorrió miles de kilómetros y visitó más de 2.000 pueblos en casi una década, desde 1965 a 1973. Su obra, destinada a plasmar los cimientos de la arquitectura popular española, hoy es un claro ejemplo para representar la España vaciada.
Un rebaño en Lodares del Monte (Soria), en 1974
Flores supo captar la esencia de la arquitectura popular española de toda la geografía nacional, una forma de edificar que sufrió terriblemente los años de desarrollismo arquitectónico que triunfó en España.
Vecinos en la casa de Fermoselle en la provincia de Zamora en 1974
Una casa en Pazo (A Coruña) en el año 1968
Madre e hija, con un peluche, miran el escaparate de una tienda de tabacos en Segovia en 1973
Vista de varias casas en La Alberca (Salamanca) con una mujer mayor de luto, sentada en el año 1973
El fotógrafo conquense fue un visionario que supo ver algo que en ese momento a nadie le interesaba. Se adelantó a la famosa exposición en el MoMA sobre Arquitectura sin arquitectos en la que se trataba precisamente este tema a nivel global". "Si Flores hubiera sido norteamericano, hubiera estado ahí", bromea.
— Emilio Ruiz, documentalista del Museo Etnográfico de Castilla y León
Carlos Flores nació en Cuenca en 1928 y rápidamente se convirtió en el primero en dar la definición de Generación del 25 a un conjunto de arquitectos españoles de comienzos del siglo XX. Treinta años más tarde logró el título de doctor, en una época en la que el movimiento moderno español comenzaba a recuperar el camino que le había sido arrebatado por el franquismo.
"A pesar de estas obras tan bellas, interesantes y diríamos animadoras, todavía falta en España la obra sobre nuestra arquitectura popular en que se muestre su contexto económico, cultural, social y etnográfico en que podamos ver la vivienda popular no sólo por fuera, sino por dentro, con toda su hondura y profundidad", dijo la investigadora Guadalupe González-Hontoria, miembro de la Real Academia de la Historia, refiriéndose a las recién publicadas obras sobre arquitectura popular de mediados de los 70 entre las que se encuentra la enciclopedia de Carlos Flores.
Una foto de Toro en la provincia de Zamora
La arquitectura popular española
Barro o incluso piedras fueron dos de los recursos más utilizados en el arte de construir durante esa época, por ello, las arquitecturas populares representan una arquitectura 100% válida en la actualidad desde el punto de vista de la sostenibilidad. "Cuando ves el proyecto de una casa por aquel entonces, no era el proyecto de un arquitecto, eran dibujos. Se basaban en la experiencia y la observación, y especialmente en la transmisión. Decimos que son tremendamente sostenibles puesto que se utilizaban medios naturales del entorno; si tenías piedra, construías en piedra y si tenías barro o paja construías en adobe, sin elementos externos", explica Ruiz.

A pesar de la sencillez de sus elementos y de alabar el minimalismo, constantemente este tipo de arquitectura ha sido relacionada con la pobreza, escasez de recursos o de atraso y ha sido rechazada durante algunos años en las escuelas de arquitectura por ser considerada de menor valor o calidad. Según mencionó el propio Flores en una conferencia en el Colegio Oficial de Arquitectos de Aragón en 2006, ya en la década de los 50 había profesores de arquitectura que se encontraban con estudiantes reticentes a aprender este tipo de disciplina: "Cada año se encontraba en la clase a cuatro o cinco alumnos rebeldes que se oponían a la formación clásica que el profesor pretendía enseñarles".
En épocas pasadas, la arquitectura como respuesta a necesidades básicas se llevaba a cabo de manera local utilizando los recursos más cercanos y económicos, y de manera independiente, casi rebelde, respecto a las imposiciones políticas y arquitectónicas. Uno de los aspectos que más identifica a este movimiento es que fueron construcciones basadas en el concepto prueba y error, con materiales cercanos ante una necesidad de economizar material y tiempo, sin renunciar a la personalidad de cada lugar. Por ello, a la hora de hablar de arquitectura contemporánea y desarrollo hoy en día, es necesario hablar de arquitectura popular, también llamada tradicional, anónima, folclórica o incluso inculta.
Lo popular recupera su esencia
Las remodelaciones actuales de esos edificios tan característicos han restado importancia a la forma de ser propia de cada sitio que, a su vez, va empobreciendo la esencia de los pueblos y por tanto, el espíritu del ser y del habitante de la zona.

Si bien es cierto que durante las décadas de los 70, 80 y 90 la arquitectura rural quedó en un segundo plano, poco a poco se está volviendo a recuperar su esencia. "En estas décadas olvidadas de arquitectura popular, la Administración tampoco apostó mucho pero ahora ya se empiezan a ver políticas públicas de respeto hacia la arquitectura popular. Se están inventariando esas obras, y eso es el primer paso para la rehabilitación o la puesta en valor del patrimonio", asegura Ruiz.
Mujeres asomadas a la venta en Santillana del Mar en 1971 (Cantabria)
Un legado que se debe proteger
Sea como fuere, la arquitectura popular es uno de los legados principales de los predecesores y es necesario que se conozca esta herencia para valorarla en su justa medida. "Debemos proteger y cuestionar el patrimonio arquitectónico, es necesario conservar la memoria en cualquier circunstancia las formas de vida que en muchos casos ya se han perdido".
El Museo Etnográfico de Castilla y León, donde se encuentra archivado el banco fotográfico del arquitecto manchego, ha expuesto la gran obra fotográfica de Flores accesible de manera online para que cualquier persona pueda ser capaz de adentrarse en las escenas inmortalizadas y puedan "leer lo que no está escrito".
Un señor con el ganado en Aguilar de Campoo en 1972
"En el momento en el que se caen determinados edificios, no solo se cae en ruinas esa construcción, también un modo de vida o siglos de trabajo en un entorno determinado", concluye el documentalista del museo.
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Fotos: Carlos Flores / Colección Museo Etnográfico de Castilla y León
Texto: Iris Ladari Fuentes
Diseño: Mónica Rodríguez Carballo