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    Damià Gibernet es un campesino de esta ciudad española que enseña cómo cuidar un huerto o alimentar gallinas. En septiembre se le abrió un expediente por tener animales.

    "Me ve un payés y se ríe de mí, porque soy una broma en el mundo rural", comenta con sorna Damià Gibernet. Denominado AgroYoutuber en las redes sociales, este barcelonés de 48 años vive en una disyuntiva permanente. Reside en una masía, cultiva tierras y cuida cabras o gallinas. También intenta recuperar especies vegetales o animales perdidas. Pero es un vecino más de la ciudad. Cal Mandó —como se llama su finca, de dos hectáreas y en pie desde, "al menos", 1740— se ubica en la sierra de Collserola. Detrás del Tibidabo, una montaña perteneciente al término municipal de Barcelona, con unos dos millones de habitantes.

    Y, por tanto, su "activismo rural" es en realidad un híbrido entre lo urbano y lo payés (campesino, en catalán). Puede llegar en 15 minutos de tren a Plaza Cataluña y en media hora de coche se planta en cualquier punto de la ciudad. Sin embargo, su día a día es estar rodeado de animales y huerta. "Estoy en conflicto", señala de nuevo con guasa. Lleva desde los 14 años como voluntario del zoológico de Barcelona (ahora es cuidador y forma parte del comité) y de forma intermitente en esta parcela.

    Últimamente, desde este espacio cercano a la urbe muestra cómo conseguir huevos de colores, cómo apreciar el concierto de un "paisaje sonoro" o cómo producir aceite de lavanda casero. En vídeos de pocos minutos, enseña esta "sabiduría payesa". "No lo hago desde la ciencia exacta, sino desde el saber campesino, el que se ha ido perdiendo porque antes de hacía de forma oral", explica Gibernet a Sputnik.

    Cabras de Damià Gibernet, el 'agroyoutuber' de Barcelona
    © Foto : Cortesía de Hanna Jones
    Cabras de Damià Gibernet, el 'agroyoutuber' de Barcelona

    Precisamente esas tareas —que eran algo lúdico, sin más alcance que los interesados de la zona— son ahora lo que le han hecho más mediático. Su canal de Youtube o su perfil de Instagram reúnen a cientos de seguidores. No es un influencer masivo, pero se ha ido labrando un hueco en el sector y en la región. "Todo empezó de casualidad", rememora. En realidad, en ningún momento se planteó hacer una especie de serie sobre sus cuitas campestres.

    "Fue justo cuando decretaron el estado de alarma. Tenía pendiente un taller sobre semillas en un centro cívico. Y como no se pudo celebrar (era justo ese fin de semana), decidí grabar lo que iba a contarles", adelanta Gibernet sobre el origen.

    Lo pasó por whatsapp y, después, una amiga le abrió un canal para tenerlo público. Poco a poco, sintió cierto fervor hacia el asunto. En alguna ocasión ha llegado a decir que lo payés se ha convertido en sexy. "Sí, es curioso. Llevas toda la vida trabajando en algo que en general da lo mismo y, de repente, es guachi", comenta. "Nadie lo valoraba, a nadie le importaba. Hasta que sigues y sigues y tiene repercusión por lo que sea", reflexiona.

    A él, ese empuje le llegó en el confinamiento, cuando comenzó con esos cortes sencillos donde se mueve entre zanjas y animales, solo o acompañado, charlando sobre su compostaje o sus esquejes. Pero Gibernet acumula años de experiencia en este universo. De hecho, ha recuperado un tipo de tomate que había desaparecido (y al que ha bautizado tomate Mandó, como su posada) y está intentando dar con una raza de gallina, la Saint Cugat.

    "Cada semilla atesora el patrimonio de varias generaciones. Y la biodiversidad es un conocimiento ancestral que merece la pena mantener", cavila, aunque desestima la visión romántica del campo: "La resistencia rural es complicada. Todos los días hay que encargarse de muchas cosas, como coger leña en invierno, que no siempre apetece. Vallvidrera, que era un municipio, se juntó a Sarrià y está dentro del perímetro ahora es una zona cara, pero antes era de masías abandonadas porque nadie se venía a vivir aquí", apunta quien ha alternado temporadas en Barcelona o en su actual residencia, donde hasta hace poco no tenían ni luz.

    Nota en los últimos tiempos que mucha más gente se fija en este estilo de vida. Ya hacia 2010, con la crisis económica, se habló del fenómeno de los neorrurales. Algo que vuelve a sonar en medio de la pandemia: personas que se van de la ciudad al monte, huyendo del ruido y los pisos minúsculos. "En realidad, empezó en los años sesenta, con los jipis. Y de cada 1.000 que se iban, aguantaba uno, que no está mal", sopesa Gibernet. Ahora, el AgroYoutuber cree que habrá otro éxodo, pero que el campo seguirá siendo minoritario.

    "Con lo rural pasa un poco como con los anticuarios. La gente se desentiende y luego gira la vista a eso. Como si tiras un mueble y a los 20 años está de moda y compras el mismo", dice, advirtiendo de que a él se le suma el "estrés rural" con el urbano y recordando que, por mucho tirón que parezca tener lo bucólico, siempre habrá un desequilibrio en la balanza: "Vale, hay vuelta de la ciudad al campo, pero ¿Cuánta gente abandona el pueblo cada año por irse a la ciudad y no regresa. Ahí está lo de la España vacía. O en Cataluña, algunos sitios de los Pirineos".

    Su popularidad se ha acrecentado estos días no solo por la faceta de youtuber (que, de hecho, la tiene un poco aparcada por "falta de tiempo"). El pasado 16 de septiembre, mientras desarrollaba sus labores de genetista de gallinas, se presentaron unos agentes en su casa. Le abrieron un expediente porque en la ciudad no se puede tener ganado. "No sé por qué lo vinieron. Y es indignante, porque me escribieron un acta por tener ganado en el término municipal, que no está permitido", alega.

    Damià Gibernet, 'agroyoutuber' de Barcelona
    © Foto : Cortesía de Hanna Jones
    Damià Gibernet, 'agroyoutuber' de Barcelona

    Le anotaron la posesión de cinco cabras, aunque tiene también unas 40 gallinas, una tórtola, dos gatos y dos perros. Gibernet sostiene que la posible sanción está relacionada con la falta de un registro de los animales, aunque también hay una ley de 2001 que prohíbe esta práctica. "Es una pescadilla que se muerde la cola: no los puedo inscribir porque está prohibido, y me multa si no están inscritos", arguye. El AgroYoutuber decidió hacer público esta visita de las autoridades, que aún no ha alcanzado un veredicto, para denunciar la normativa.

    "Me martiricé expresamente, igual que les hice manifestar que todos los animales estaban en perfecto estado y que no los tengo para nada más allá que el cuidado", expresa. "Las cabras son bomberas, limpian el suelo y protegen de incendios. ¡Pueden salvarme literalmente la vida!", exclama. Ha recibido el apoyo de muchos compañeros y, aunque no se hayan dirigido a él directamente, le consta que el Ayuntamiento ha indicado que revisará la ley. "Si tengo suerte, se me arreglará", zanja despreocupado, más pendiente de sus ocupaciones agrícolas o ganaderas que de un papel, aunque se sienta en un terreno medio, en el límite entre lo rural y lo urbano.

    Etiquetas:
    youtuber, YouTube, semillas, España, agricultura, ganaderos, cabras, gallina, Barcelona, campo, vida rural, activismo
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