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Hijos del carbón: auge y declive de la minería en España
Sputnik recorre con Noemí Sabugal las cuencas donde se extraía este mineral y refleja un ecosistema del pasado que aún tiene mucho que contar.


Por Alberto García Palomo


© Pablo J. Casal
Aún recuerda cómo la cocina, esa estancia que envuelve de olores la casa y por la que se engrana la vida, dependía de aquel mineral. Su familia era parte del milagro. Abuelos y padres habían trabajado en ese agujero negro del que brotaba el combustible y del que emanan también sus palabras.

© Pablo J. Casal
Noemí Sabugal, nacida en el pueblo leonés de Santa Lucía de Gordón en 1979, ha querido recoger el testigo escrito de un mundo que ahora expira renqueante, como los pulmones de muchos que formaron parte de él. En Hijos del carbón (Alfaguara, 2020), esta escritora y periodista recorre las cuencas mineras de España y refleja el ecosistema que se creaba en torno a ellas.
Lo hace con una "ensalada de géneros" que va desde las memorias autobiográficas hasta la crónica o el ensayo. Porque este libro, que es orgánico e híbrido como lo es el subsuelo del que habla, no busca plasmar desde un punto de vista lejano una realidad, sino mezclar distancias y describir tanto el paisaje como el paisanaje. "Quería contarlo todo, y contarlo bien", comenta Noemí Sabugal a Sputnik.
Va de lo histórico a la anécdota o de lo trágico al humor, relatando su pasado y un presente difuso. La extracción llega a su fin. Y lo acompaña el cambio del paradigma energético. Los nuevos tiempos, como en tantas otras aristas vitales, imponen un horizonte de abandono. Al contrario de lo que ocurría hace poco, cuando Sabugal aliviaba las anginas con una infusión de miel calentada en brasas de carbón y este era "el pan" de muchas familias como la suya.

© Pablo J. Casal
"Durante décadas, en estos pueblos ocurría lo contrario que en el resto", dice la autora, "mientras miles de personas se iban del campo a la ciudad, la población en las cuencas se multiplicaba".

© Pablo J. Casal



El carbón se apaga





CC BY 2.0 / Santiago Rodríguez / Carbón y calor
A mediados del siglo XX, había en España más de 100.000 mineros. En el año 2000, la cifra descendía a 18.500. Y ahora no alcanza ni 2.000. El pozo Nicolasa, en Asturias, es el único en activo. Y la mayoría de centrales térmicas que usaban carbón cerraron en junio.

CC BY 2.0 / Frank Black Noir / Abandono

Las cuencas mineras que hubo en España
© Random House Mondadori
© Random House Mondadori
La legislación para ir despidiéndose de este mineral y el éxodo ligado a la falta de subvenciones aboca al ocaso. El desempleo en estos lares suele rondar el 20%, aunque a veces supera el 40%.

"La anoxia laboral ha convertido a los jubilados y prejubilados mineros, unos 70.000 en todo el territorio y subiendo, en una de las bases de su economía", apunta.

© Pablo J. Casal
Sus pensiones evitan la asfixia de pequeños negocios.
"La estrategia para ofrecer otras alternativas ha de ser eficaz", alega, mencionando ese fenómeno de vaciado en zonas rurales que no solo se frena con infraestructuras sino con oportunidades o servicios básicos.

"No tengo la fórmula, pero que el ministerio se llame 'de transición ecológica y reto demográfico' debería indicar que ambas cosas han de tratarse a la vez", arguye. Porque a la desaparición de fuentes contaminantes tiene que acompañarle un plan paralelo: "Estaría bien que se pensara cómo. Está claro que el futuro energético es de sol y viento, pero se han cerrado fábricas de creación de componentes solares, y las instalaciones solares o eólicas, una vez montadas, no emplean a mucha gente. Algunas se están planificando en reservas naturales, como está ocurriendo en la montaña central leonesa.


© Pablo J. Casal
La lucha se desvanece
AP Photo / Andres Kudacki
Desaparecen las explotaciones mineras
De las 26 explotaciones mineras españolas que quedaban a finales de 2018 (12 en funcionamiento) solo hay una abierta. Y las centrales térmicas que lo usaban clausuraron sus puertas antes de junio de 2020.
Pérdida de trabajos
En noviembre de 2018 ya apenas quedaban 2.046 trabajadores adscritos al régimen especial de la minería del carbón, frente a los 51.420 que había en 1985.
Descienden las protestas
A pesar de que aún haya huelgas en el sector, quedan lejos las protestas más llamativas, como las de Asturias en 1962 o las de 2012, que se llevaron a cabo en toda la geografía nacional.

© AP Photo / Andres Kudacki
AP Photo / Andres Kudacki
Un nuevo paradigma
Con la Estrategia de Transición Justa elaborada por el gobierno en 2019 y las distintos compromisos a nivel europeo, el carbón está dando paso a otras fuentes de energía más limpias, como la eólica o la solar.
2017
Su aportación fue del 14,2%.
2018
Su aportación fue del 17,2%.
2019
El carbón solo cubrió el 5% de la generación de energía eléctrica.
Pone como ejemplo Puertollano. Esta localidad manchega, perteneciente a la provincia de Ciudad Real (en el centro de España), cambió el modelo y aun así "no lo logró" porque "las fábricas de componentes solares bajaron la persiana, dejando a cientos de trabajadores en la calle". Allí se descubrió un caudal de pizarra bituminosa, útil para elaborar petróleo. Había carbón y una refinería, aunque la merma de plantillas era evidente. Se promovieron unas alternativas que atrajeron "empresas fugaces". Sin embargo, su cierre fue inevitable. Se ha demostrado, según anota, que "aunque se sueñe y se busque la actividad, no siempre se consigue lo deseado".
"No-lugares mineros"







© Pablo J. Casal
"La vida en las cuencas tiene un espíritu común muy poco común en otros territorios"
Quedan lo que denomina "no-lugares mineros". Sabugal los conoce de sobra. Ha nacido en uno de ellos. Santa Lucía de Gordón, en la montaña central de León, está en una de las regiones con más fuerza minera. En las hulleras de la zona, de hecho, se forjó la trayectoria de sus dos abuelos, iniciada en plena adolescencia. En esta esquina noroeste es donde se concentraba la mayoría de yacimientos españoles, pero también había en Galicia, Lleida, Palencia, Teruel o en algunos puntos de Córdoba y Sevilla.

Hoy nutren el aura de lo que la autora considera un microcosmos minero peculiar. Alrededor de un agujero, abierto o bajo suelo, se arremolina toda una espiral de actividades. Las comarcas mineras aportan una identidad muy marcada al sector, señala Sabugal, pero también genera otras actividades económicas.

Se percibe también una estratificación de las viviendas, apreciando por la forma de cada casa el puesto de sus moradores. "Las casas para los obreros se agrupan en barriadas y están cerca de los pozos, incluso a las afueras de los pueblos. Los bloques unifamiliares suelen reservarse para las categorías medias: vigilantes, capataces, jefes de grupo, personal de oficina. Para la cumbre socioempresarial, ingenieros y mandos, se construyen chalets", enumera.
Flota en este ecosistema único la gran patrona de los mineros: la muerte. Los accidentes acaecidos en estos hoyos, llegados en forma de derrabe, explosión o enfermedades como la silicosis, rondan las casas.

Menciona Noemí Sabugal las expresiones que aludían a la parca y enumera los desastres desde principios de siglo. O la ubicuidad de la silicosis entre los trabajadores, afección pulmonar por inhalación de sílice. También hay otro rasgo esencial: el papel de la mujer. A pesar de que el oficio está muy masculinizado, son un pilar de la sociedad minera.


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"Las mujeres no solo son fundamentales por la incorporación que han ido teniendo, aunque supongan un porcentaje pequeño, sino por la red asistencial que han creado", adelanta, Sabugal, "porque ha habido carboneras, vagoneras o descargadoras, pero son las que llevaban las fondas, las casas de comida, las lavanderías… Y eran las reponedoras de mineros, algo que suena muy feo pero era así: tenían que suplir las generaciones que iban desapareciendo".
Noemí Sabugal
Escritora y periodista
© Pablo J. Casal
El tajo en la mina es muy familiar

Padres e hijos entran a picar como una sucesión natural. Incluso hay casos en el libro que muestran hijas que trabajan en aquellos pozos donde perdieron a sus progenitores. Inyecta la rudeza en los descendientes, como puede verse en ese "icono de la mitología obrera" que representan los mineros. La "épica" de la profesión se plasma en las diferentes manifestaciones interseculares, que tiene como hito la Revolución de Octubre de 1934 en Asturias o las huelgas en la provincia de 1962.
"Tenían el apoyo internacional", esgrime Sabugal, citando otros episodios, como La Marcha Negra de 1992 o su repetición en 2012, que reunió en Madrid a mineros de distintos puntos de la geografía española y copó portadas con disturbios y alabanzas por la solidaridad."El trabajo es tan peligroso que cuando luchas por tus derechos o te movilizas lo haces de la forma más dura", reflexiona, poniendo como ejemplo la oposición de los mineros a Margaret Thatcher en Reino Unido y la catalogación institucional de "el enemigo interno". El arte ha encontrado en esta épica muchas historias que contar, aduce la autora. Canciones, pinturas, esculturas o libros que a lo largo de más de 300 páginas se cuelan entre la historia y a la que se dedica una extensa bibliografía.


© Pablo J. Casal
Un relato que termina con la renuncia a ser "perfecto". El tema es contradictorio, reconoce, porque atesora una cultura especial, pero también un modelo quizás poco afín a los tiempos que corren. "La minería en España sigue cambiando. Y hasta el momento antes de enviarlo a imprimir estuve revisándolo y actualizando", afirma la escritora, sabiendo que se ha metido en algo inacabable, vivo.
"Las cuencas seguirán contando historias", sentencia. Lo harán desde un recuerdo quizás más lejano que el de Noemí Sabugal. Ella ha investigado entre documentos oficiales, ha escrutado los silencios familiares en torno al oficio y ha rememorado aquel hogar de la infancia donde el carbón calentaba brebajes y facilitaba el sueño gracias a los ladrillos envueltos en tela que templaban la cama.

© Pablo J. Casal
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Fotos: © Pablo J. Casal
Texto: Alberto García Palomo
Diseño: Mónica Rodríguez