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    El Día de las Librerías se celebra entre mascarillas y gel hidroalcohólico. Estos negocios piden más ayudas a la vez que se adaptan al pujante comercio virtual, su gran baza durante el confinamiento.

    Ainara abre la puerta. Tras ella, un halo de luz proveniente del interior del lugar de donde sale. No es un espacio muy grande, pero los focos son fuertes. Allí, Paco no para. Es librero y tiene que organizar varios pedidos. "El viernes se celebra el Día de las Librerías y tenemos que preparar un par de envíos", comenta casi sin detenerse. Ainara ha sido uno de los pocos momentos que ha tenido para rebajar el nivel de ajetreo. Al menos, momentáneamente. Le ha vendido una antología del portugués Fernando Pessoa. "Llevaba tiempo con ganas de leer algo sobre él. No he podido aguantar al viernes", confiesa entre risas Ainara.

    El 13 de noviembre se lleva a cabo el Día de las Librerías. Una jornada en la que las colas eran tónica de muchos establecimientos. Sus paredes albergaban todo tipo de actividades, desde recitales de poesía hasta conferencias sobre literatura. En alguna, incluso, se programaban firmas de libros. Un día que era más noche, ya que la mayoría de eventos se realizaban con las farolas ya encendidas. Pero, estamos en 2020. Muchas librerías han optado por cancelar citas programadas por motivos de seguridad o pasarlas al formato digital. "Es un día fuerte para nosotros. Pero con las restricciones, no creo que hagamos nada más allá del típico descuento", asevera Pedro, trabajador en Marcial Pons, especializada en libros de historia.

    Esta fecha suele ser importante para muchos establecimientos. Marca el inicio de la campaña de Navidad y las ventas suelen ser algo mayores que otros días del año. No obstante, hay libreros que no ven con tan buenos ojos este tipo de celebraciones. En su búnker de papel, David, cuyo local está especializado en el libro de segunda mano, no cree en esta clase de eventos. "No participamos en estos mecanismos. Por ejemplo, cerramos en el Black Friday. Muchas veces son contraproducentes y no nos aportan nada. No trabajamos todo el año para un solo día”.

    "Me imagino que el Día de la Librerías le vendrá alguien, pues igual sí. Sobre todo, es un punto de salida para el libro nuevo, que se ha encontrado con un culo de botella por culpa de Amazon. El consumidor lo ha convertido en una especie de ente etéreo, definido como el único lugar donde se pueden conseguir libros", asegura el librero.

     La importancia de la venta digital

    Amazon es una de las palabras más repetidas por los libreros a la hora de nombrar a la competencia. La plataforma digital se ha convertido en los últimos años en su némesis. "Hay evitar que las grandes cadenas de venta online se beneficien de la manera atroz con que lo están haciendo, llevándose por delante los comercios de calidad, con profesionales preparados y entregados a su tarea.

    "Esas cadenas, a pesar de lo que gastan en publicitar lo contrario, tienen un personal mal pagado y bajo precarias condiciones laborales, están exentos de tributos en nuestro país y consiguen por parte de los mismos proveedores que nosotros, condiciones mucho más ventajosas, con lo que la competencia es desleal", defiende Marisa, de la librería Reno.

     Motivo por el que la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal) busca promover el comercio de cercanía con la celebración del Día de las Librerías. "Queremos destacar la lucha de las librerías por mantenerse vivas y activas, dinamizando el tejido social, económico y cultural de sus entornos, y el apoyo recibido no sólo desde el sector, sino desde la sociedad que está cuidando de la llamada economía de confianza", recuerdan desde la asociación.

    Personas como Emilio siguen yendo a las librerías de su barrio. No entiende otra manera de comprar un libro. "En Internet tendrás una mayor oferta, pero no vas a recibir la atención que te garantiza una librería", indica, mientras se levanta del chamberilero banco en el que leía. Por el contrario, Ainara combina sus visitas a establecimientos con el catálogo virtual. Y más desde el inicio de la pandemia. Eso sí, dice "evitar Amazon todo lo que puede".

    Bastantes librerías se han apuntado al negocio digital. La red se ha convertido en una manera de capear el menor número de clientes que acuden desde que se decretó la alerta sanitaria. "El perfil del consumidor ha cambiado. Ahora viene menos gente, pero hay mucho pedido web", dice Pedro. En la misma línea habla María, librera en Pasajes. La reducción del aforo, el menor tiempo de apertura o las limitaciones sanitarias establecidas por las instituciones han disminuido la afluencia de público. Sin embargo, ella no para de preparar pedidos online. "Tal vez haya bajado el número de personas que vienen a la librería. Pero, la gente sigue leyendo y se nota en que tenemos muchos pedidos".

    Interior de la librería Pasajes (Madrid)
    © Sputnik / Alejandro Cuevas Vidal
    Interior de la librería Pasajes (Madrid)

    Precisamente, la red tiene desbordada a María. En concreto, la llegada de Todos tus libros. Esta plataforma de venta digital es la respuesta de los libreros a Amazon. La página web ya existía y permitía compartir recomendaciones entre sus usuarios. Ahora, se pueden buscar títulos y comprarlos directamente a la librería. Más de 180 establecimientos se han sumado a la iniciativa. Casi 40.000 personas se han registrado. Según Cegal, entre el 2 y el 8 de noviembre, el canal facturó 2.499 pedidos y 999 reservas. En total, vendió más de 5.000 libros.

    Este es uno de los proyectos creados para mejorar la situación económica de las librerías. En 2020, según los datos de los tres primeros trimestres ofrecidos por Cegal, las pérdidas por la incidencia de la crisis sanitaria se sitúan en un 22,55%. En lo que llevamos de años, las ventas en librerías ascienden a los 232 millones de euros. 110 millones son solo de los meses de julio, agosto y septiembre. Durante el mismo periodo, en 2019, se rozaban los 300 millones de euros. A pesar de todo, la asociación considera que los resultados podían ser peores.

    "Todas las previsiones hechas en el mes de marzo nos ponían en un escenario más negativo. La falta total de ingresos en dos meses y medio es algo que está ahí, igual que la imposibilidad de celebrar eventos tan importantes para el sector como la Feria del Libro de Madrid o Sant Jordi. No será un año bueno pero lo que ha quedado demostrado es la fidelidad de nuestros clientes y la especial relación que se establece entre el librero y el lector", ha señalado Álvaro Manso, portavoz de CEGAL.

    Ayudas al sector

    "La reacción de los lectores ha sido maravillosa", remarca María. A pesar de las dificultades generadas por la pandemia, los lectores no han dejado de recoger libros. La ficción es el género que mejor comportamiento comercial está teniendo según Cegal. La no ficción y la literatura juvenil e infantil están acusando más el impacto. Abstraerse se ha convertido en una necesidad en tiempos del coronavirus. Si es que no lo era ya. "Viene mucha gente que se lleva más libros por miedo a un confinamiento. Así, tienen más para leer", relata Penélope, empleada de Book Center.

    Pero, las ventas no son lo único. A pesar del apoyo brindado por el público, las librerías acumulan meses de cierre y de facturas. El peso de la pandemia ha hecho que algunos establecimientos no levantaran las persianas con el proceso de desescalada. "Siempre que cierras la librería te machaca. Nadie se quiere ver encerrado en casa. La incertidumbre sin duda te desalienta", admite Pedro.

    Trabajadora en la librería Reno (Madrid)
    © Sputnik / Alejandro Cuevas Vidal
    Trabajadora en la librería Reno (Madrid)

    El sector reclama un mayor apoyo institucional. Para David, del Rincón de la Lectura, se deberían de tomar más medidas para garantizar la supervivencia de los negocios. Según el librero, mantener la librería abierta, a pesar de las restricciones sanitarias, no es la solución. "Durante el periodo de confinamiento, solo di cuatro citas", afirma. La respuesta gubernamental debe ir dirigida a la protección financiera del establecimiento.

    "Tiene que haber una solución real. Por ejemplo, obligar a los arrendadores a que cobren la mitad del alquiler. Yo lo conseguí, gracias a las conversaciones que mantuve con el propietario del local. Obviamente, no por la iniciativa institucional. Medias así demuestran que existe hay voluntad de que el sector sobreviva. El resto, medias tintas y disimulo", sentencia David.

    Por su parte, María considera que se debería reducir el tipo impositivo en los libros. En España, tan solo se les aplica un 4% de IVA, sin embargo, las subvenciones para las editoriales son mayores en otros países europeos. "Los libros son necesarios para mantener la estabilidad emocional de muchas personas. Eso se ha demostrado durante el confinamiento. Creo que, en ese sentido, al igual que hay subvenciones para editar en otros países, España debería tomar alguna medida similar", opina.

    "La cultura es un bien de primera necesidad. Todo está en los libros", añade Marisa sobre este asunto.

    El último Observatorio de la Librería del Ministerio de Cultura contabilizaba 3.556 librerías independientes en España. Su número ha ido descendiendo con el paso de los años. Tiempo en el que se han adaptado al escenario planteado por el siglo XXI. Ahora, se enfrentan a un nuevo reto. David define que la librera “es un negocio de supervivencia”. Al menos, la suya. Ainara lamentaría que algunos de los negocios que frecuenta cerraran. Mientras, a nuestras espaldas, una mujer y un niño se fundían con la luz de aquella librería en la que minutos antes había comprado a Pessoa.

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