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    A las críticas del cartel de HBO sobre la obra de Fernando Aramburu se ha añadido otra más después de la proyección en el Festival de Cine de San Sebastián: la del uso del testimonio de un exterrorista en su biografía.

    La novela Patria, de Fernando Aramburu, es un fenómeno social. Desde su publicación, en 2016, ha ido sumando ediciones (¡hasta 31!) y premios. Entre otros, el de la Crítica de aquel año o el Euskadi de Literatura. Y Tusquets, la editorial, la ha impreso en varios formatos: bolsillo, normal, tapa dura. Pero no solo son los ejemplares vendidos (más de un millón) ni las traducciones en decenas de idiomas la han convertido en algo más que un bestseller: el libro del autor donostiarra de 61 años, se ha convertido en un género en sí mismo. En este caso, el de narración sobre la vida en el periodo de lucha armada de ETA, la banda terrorista del País Vasco.

    Sus personajes conforman un mosaico de la sociedad vasca durante las décadas de asesinatos, silencios cómplices y miedos en sordina. Ese fresco global ha cristalizado en una serie de televisión, producida por HBO y que se estrena el 27 de septiembre después de proyectarse en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que ha levantado la polémica: el cartel promocional igualaba un tiro en la nuca en plena calle con una tortura en comisaría. A la controversia, zanjada después de mensajes airados en redes sociales, se le ha sumado otra: el parecido de algunos pasajes con Lo difícil es perdonarse a uno mismo, biografía del exmiembro de ETA Iñaki Rekarte escrita por el periodista Mikel Urretabizkaia para Ediciones Península.

    Un interrogante formulado en un artículo del 15 de septiembre publicado por eldiario.es. En él se comparaba no solo la trama sino las semejanzas en frases de ambos libros y se cuestionaba si esas coincidencias respondían al ejercicio de documentación o a un plagio velado. El debate tiene que ver con Joxe Mari, uno de los protagonistas de Patria. El terrorista en la ficción tiene un devenir paralelo al de Rekarte. Los dos entran en la banda terrorista por rebeldía, sin una ideología política marcada, y acaban en la cárcel. Los días de aislamiento, traslados o juicios son muy parecidos. Incluso el arrepentimiento, motor de las memorias del exetarra, es similar.

    ​Pero, aparte de estas analogías narrativas, eldiario.es señala diferentes fragmentos donde los diálogos o las descripciones son casi iguales: "A mí una palmada en la espalda, era la bendición, el ingreso definitivo en ETA", escribe, por ejemplo, Aramburu en la página 383 de la novela. "Ponía su mano sobre tu hombro, y con ese gesto en cierta forma te daba el visto bueno para iniciar tu vida de miembro operativo de un  comando", apunta Urretabizkaia en la página 129 de Lo difícil es perdonarse a uno mismo.

    O esta de la página 378 de Patria: "A veces daban paseos por el campo con las bicicletas de los dueños de la casa (…) en cierta ocasión se fueron a las fiestas de un pueblo próximo, donde bebieron una clase de sidra, por llamarla de algún modo, que según Joxe Mari, sabía a pixa". La biografía lo cuenta así: "En el fondo no éramos más que dos adolescentes de 19 años llenos de ganas de vivir la vida y disfrutar de momentos de alegría y no de la soledad clandestina (…) La dueña de la vivienda en la que estuvimos alojados, tenía varias bicicletas aparcadas en el jardín. Ella solía irse por la mañana a trabajar, tiempo que aprovechábamos para agarrar las bicis y largarnos por ahí. Fuimos en una ocasión a la Fiesta de la Castaña, un festejo que se celebraba en un lugar cercano y donde se bebía sidra vieja, que me pareció horrible". 

    ​Preguntado por las coincidencias, Mikel Urretabizkaia afirmaba que veía cosas que le "sonaban mucho" y eso le "llamó la atención" la primera vez que leyó Patria. "El etarra Joxe Mari me parecía muy conocido, y cuando hice una lectura más reposada y con más frialdad, ya me resultó bastante llamativo. Porque el porcentaje de etarras que se han arrepentido es mínimo, y el de etarras que entran en la cárcel sin una ideología clara y después allí se forman una, también", diría.

    Una segunda lectura, realizada durante la pandemia de coronavirus, despejó sus dudas: "Antes no le di importancia. Pero estas similitudes son lo que son: hablamos de dos libros que están a la venta, y cualquiera puede cogerlos y comparar".

    Al día siguiente, Urretabizkaia publicaba la columna "más difícil" que había tenido que escribir en su vida. "Lo es porque se refiere a un asunto personal, que los que nos dedicamos a la información tratamos de evitar. Lo es porque el tema del terrorismo de ETA ha dejado tal poso de dolor y tristeza, que viví personalmente, que cuesta rememorar el pasado. Y lo es porque se refiere a un escritor, y yo respeto especialmente a los escritores", defendía.

    Contaba Urretabizkaia en la tribuna los diferentes avatares existenciales de Rekarte y Joxe Mari, desgranaba cómo se había topado con el libro en 2016 y, poco después, con el autor, en una librería de San Sebastián. Y explicaba, por fin, cómo se fijó más detenidamente con el confinamiento: "Con ese tiempo comencé a dar vueltas por mi casa-castillo y me volví a topar con mi antiguo ejemplar de Patria. Allí estaba con un montón de pegatinas en las páginas en las que había encontrado similitudes. Y volví a hacer una lectura comparada con Lo difícil es perdonarse a uno mismo. No podía dar crédito. Ahora, con más frialdad, con una lectura más reposada, vi claramente aún más similitudes de las que me había hablado mi editor y que yo ya había comprobado".

    ​Y seguía con una enumeración: "Me pregunté por qué se eligió a un etarra que se arrepiente, cuando el porcentaje de arrepentimiento en miembros de ETA es mínimo, por qué ese etarra no tiene ideología, por qué, tras ser torturado, un guardia civil le habla con cercanía sobre su actuación y sus consecuencias, por qué su cárcel es el módulo 3 de Puerto de Santa María, por qué en la propia cárcel adquiere esa ideología y se empapa de panfletos de la organización, por qué encuentra una novia a través de las fotos de presos que situaban en las txoznas (bares de fiestas) o por qué en una fiesta bebe una especie de sidra que le sabe horrible".

    "En mi caso, la respuesta a estas y a otras muchas preguntas es clara, así me lo contó Rekarte, y así está escrito en su biografía", resolvía.  

    Dicha reflexión tuvo algo de ruido en redes sociales. Fernando Aramburu, que no había hecho ninguna declaración a ningún medio, rompió el silencio el 18 de septiembre. "Empezaré por la conclusión: no hay en mi novela Patria una sola frase que no sea mía. Las únicas excepciones son alguna letra conocida de canción, consignas coreadas en manifestaciones, pintadas en las paredes, alguna inscripción. Y en todos los casos figuran como tales y no como invenciones del autor", introducía en una página titulada Patria, una novela documentada.

    "En realidad, con lo dicho en el párrafo anterior debería dar por terminada cualquier explicación tocante a posibles copias o plagios; pero existen personas, a las que estimo, sobre las que se está intentando verter una sombra de duda acerca de mi honestidad", continúa, tachando a Patria de "libro con enemigos" y asegurando que ha sufrido ataques que "no han trascendido a la opinión pública", le han buscado "incoherencias, gazapos o defectos de verosimilitud" y, por último, ha recibido "mofas" virtuales.

    Fernando Aramburu, con una dilatada carrera en el gremio, continuaba así su exculpación: "Tras la publicación de Patria he concedido entrevistas a diestro y siniestro. He hablado en foros donde con frecuencia se apretaban cientos de oyentes, en radios y cadenas de televisión de España y del extranjero, explicando con paladina claridad cómo me documenté para mi novela (…) Con toda clase de detalles describí durante mis intervenciones públicas mis fuentes informativas, pero también la manera como incorporé los datos a la narración ficcional. Por supuesto que mencioné el libro de Rekarte, que calculando a ojo de buen cubero, habrá sido uno de los 50, 60 o más títulos que leí con el propósito de espigar datos reales que sirvieran para asentar la verosimilitud de mi relato, cosa propia de la literatura realista y de las novelas con trasfondo histórico".

    ​Sostiene el veterano autor que no solo la historia de Joxe Mari se parece a la de Rekarte, sino que todos los demás personajes también tienen una referencia verdadera. "Me documenté a fondo para mi novela sobre entresijos de ETA, atentados, detenciones, juicios, vida carcelaria, empresas de transportes y fundición, abortos en Londres, tratamiento del ictus (basándome en un caso real que yo mismo investigué), alcalde Azkuna, matrimonios entre personas del mismo sexo, fútbol de los noventa, callejero de Zaragoza, ciudades europeas y muchos pormenores más", expone.

    "¿Cómo, si no, va a escribir uno una novela veraz? ¿Qué había que hacer? ¿Imaginar etarras practicando el tiro con arco y flechas en los bosques de Finlandia? ¿Tenía que dejarme maltratar en una comisaría para poder contar después el episodio?", se pregunta Aramburu.

    Las acusaciones en redes no se hicieron esperar y hasta Aitor Gabilondo, director de la ficción para HBO, dijo que la polémica "no afectaba para nada" a la obra audiovisual. Algunos compartían partes del texto con valoraciones como "lo que no se le puede negar es que domina la técnica del parafraseo. Un cubo es un barril metálico, la oveja es una cabra, un susurro es una voz baja... Y así"; otros le mandaban ánimos.

    Y el escritor Sergio del Molino le dedicaba una columna en la que pedía no "dar el gusto" a los críticos: "Entiendo el escozor de verte difamado y la necesidad de salir al paso, pero al hacerlo les concedes un honor que están muy lejos de merecer. Uno tiene que ganarse el derecho a debatir con escritores de tu talla, y aprovechar el estreno de la serie para lanzar basura sobre tu reputación no cuenta como mérito".

    Etiquetas:
    plagio, literatura, ETA, País Vasco, España, teleserie, serie, libros
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