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    Los países latinoamericanos buscan asegurarse que su población vulnerable no se quede sin vacunas contra el COVID-19, a pesar de lo costoso de las dosis. La iniciativa mundial Covax se vuelve clave para muchos de los gobiernos, que deben reordenar sus presupuestos o pedir préstamos para hacer frente a inversiones inéditas.

    Mientras los científicos dan los últimos pasos en la carrera por desarrollar vacunas efectivas y seguras contra el COVID-19, los Estados de todo el mundo se las ingenian para poder hacer frente a la inversión millonaria que significará inmunizar a sus poblaciones, tras un año en que la pandemia fue acompañada de serias crisis económicas.

    América Latina aparece, en ese contexto, como una de las regiones del planeta en que ese problema es más dramático, especialmente cuando las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) auguran que la región será la más golpeada económicamente, con una caída esperada del 8,1% de su PBI en 2020.

    Y a pesar de algunos países de la región avanzaron ya en acuerdos directos con laboratorios, la mayoría de los Gobiernos latinoamericanos apuestan por el programa Covax, creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI) y la Alianza para las vacunas (GAVI) para asegurar dosis para los países con menos recursos.

    El programa, lanzado a mediados de año, intercede entre los gobiernos y los laboratorios "para garantizar que las vacunas contra el COVID-19 estén disponibles en todo el mundo tanto para los países de ingresos más altos como para los de menores ingresos".

    Es que, efectivamente, la posibilidad de que los países de mayores ingresos se aseguren la mayoría de las dosis con anticipación y dejen desabastecidos a los pobladores de zonas como América Latina preocupó a los organismos internacionales, que buscan alternativas para garantizar que las pequeñas economías puedan hacer frente a la compra de, al menos, las vacunas necesarias para su población de riesgo.

    El mecanismo Covax, por ejemplo, garantiza que los países puedan inmunizar al 20% de su población. El subdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Jarbas Barbosa, admitió en una rueda de prensa que asegurar la vacunación en América Latina y el Caribe "será difícil y costoso" y representará una inversión de más de 2.000 millones de dólares.

    La intención de la OPS es, a través de Covax, que los países latinoamericanos puedan comprar dosis en forma conjunta para alcanzar precios más económicos. Aun así, no todos los países de la región pueden afrontar la erogación necesaria. Según informó la OPS, 28 países de la región ya se adhirieron de forma "autofinanciada" pero otros diez requieren de apoyo financiero del programa.

    Al tiempo que la OPS busca que los países latinoamericanos no queden rezagados, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) instó a sus socios a que realicen "inversiones de riesgo significativas en vacunas" a pesar de las dificultades económicas porque no hacerlo podría ser incluso más costoso para los países.

    De acuerdo a las previsiones del organismo, América Latina y el Caribe podría ahorrarse 35.000 millones de dólares de pérdidas si, a través de políticas de vacunación tempranas, logra adelantar tres meses el final de la pandemia.

    "Aun en un ambiente fiscal tan restringido, los beneficios de las inversiones a riesgo tienen mucho sentido. Ya sea que los países paguen estas inversiones con los presupuestos actuales o tomando deuda, los retornos son importantes. La principal conclusión de nuestro análisis es que este financiamiento estaría bien justificado por los retornos de salud y económicos", afirmó el BID en el informe Compra a riesgo de vacunas contra el COVID-19 publicado en octubre de 2020.

    También el Banco Mundial ha manifestado su preocupación por la financiación de los países de menores recursos. En octubre puso a disposición 12.000 millones de dólares para apoyar a países en desarrollo.

    Siguiendo estas líneas, han sido varios los países de la región que anunciaron inéditas inversiones para asegurar las primeras tandas de vacunas.

    Inversiones millonarias

    Uno de los primeros en anunciar una inversión importante en el marco de Covax fue Colombia, que en septiembre comprometió oficialmente 106 millones de dólares para la compra de 10 millones de dosis.

    México, por ejemplo, transfirió a comienzos de octubre 160 millones de dólares al programa Covax para asegurarse dosis para el 20% de su población. Teniendo en cuenta que se calculan dos dosis por paciente, el país norteamericano recibiría unas 51 millones de dosis.

    Ecuador también hará una importante erogación: el Gobierno de Lenín Moreno anunció a finales de octubre que destinará 150 millones de dólares para la compra de vacunas para un total de 8 millones de personas, casi la mitad de la población total del país. La inversión no se dirige solo al programa Covax (que aportará unas siete millones de dosis) sino también a acuerdos directos con Pfizer, AstraZeneca y United Biomedical.

    A pesar de la crisis política que atraviesa, el Gobierno peruano había oficializado en septiembre que había alcanzado acuerdos para garantizar vacunas para 11 millones de peruanos. El país destinará más de 20 millones de dólares para el programa Covax, que asegurará 13 millones de dosis, aunque también recibirá 9,9 millones de Pfizer.

    Costa Rica fue otro de los países que pudo asegurarse dosis para aproximadamente 1 millón de habitantes con una inversión de cerca de 12 millones de dólares. La mitad de ese monto ya fue entregada por el país centroamericano en octubre.

    Con inversiones más modestas, Paraguay y Uruguay también se aseguraron estar en el programa Covax. El 8 de octubre, el ministro de Salud paraguayo, Julio Mazzoleni, confirmó un pago inicial de 6,8 millones de dólares a Covax, correspondiente al 15% de los más de 45 millones que desembolsará para asegurar dosis para el 20% de su población. El Gobierno de Uruguay, en tanto, garantizó una erogación de 2,5 millones para hacerse de 1,5 millones de dosis, útiles para inmunizar a 750.000 habitantes.

    ¿Cómo afrontar el gasto de las vacunas?

    Si bien la mayoría de los países latinoamericanos apoyaron la necesidad de hacer inversiones extraordinarias para garantizar la vacunación contra el COVID-19, la forma en que financiarán la adquisición de las dosis varía.

    En Costa Rica, por ejemplo, el Gobierno logró hacer frente al gasto a través de la reasignación de "recursos ya presupuestados", tal como explicó el presidente del país, Carlo Alvarado. Uruguay utilizará para eso el dinero del Fondo Coronavirus, un fondo creado al comienzo de la pandemia y alimentado con aportes voluntarios de privados e impuestos especiales realizadas durante tres meses de 2020 a los funcionarios públicos de salarios más altos.

    Ecuador es un ejemplo de los países que deben recurrir al endeudamiento. Según explicó al diario El Universo el viceministro de Gobernanza y Vigilancia de la Salud, Xavier Solórzano, el dinero saldrá de préstamos que el país ya tiene aprobados del BID y el Banco Mundial. El jerarca indicó que Ecuador reprogramó las actividades planificadas en el marco de esos créditos —ya destinados al sector salud—para dar ahora prioridad al combate a la pandemia.

    Colombia se valdrá de su Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), un fondo que se vale de préstamos especiales de fondos de pensiones y de ahorro del Gobierno que el Ejecutivo colombiano deberá pagar en los próximos 10 años.

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    América Latina, Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud (OPS), vacuna contra coronavirus, Sputnik V (vacuna), vacuna
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