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Los hoteles de acogida y los inmigrantes de Canarias, condenados a entenderse

© Sputnik / Esther Yáñez IllescasInmigrantes llegando en patera a las Islas Canarias
Inmigrantes llegando en patera a las Islas Canarias - Sputnik Mundo, 1920, 25.02.2021
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La acogida de personas migrantes en hoteles del archipiélago canario se preveía algo temporal, pero a estas alturas, cerca de 7.000 extranjeros provenientes en su mayoría de países subsaharianos y del Magreb continúan en estos centros privados.
El ministro de Seguridad Social, Inclusión y Migraciones, José Luis Escrivá, estimó que "para el 15 de febrero" estarían desplegados todos los campamentos acordados para acoger a estas personas en Canarias, siete en total, y que los hoteles de acogida habrían terminado su cometido. Nada más lejos de la realidad, y eso que en los últimos días se han trasladado cientos de personas desde la isla de Gran Canaria, principal foco de acogida, a los asentamientos de Tenerife.
Para el viernes 26 de febrero, organizaciones sociales en apoyo de estas personas y los propios involucrados, han organizado una manifestación de protesta desde el campamento de Las Raíces en Tenerife hasta el aeropuerto de esta isla y se prevé que sea multitudinaria.
Todos están cansados; pero sobre todo los inmigrantes, que quieren una respuesta a una situación de incertidumbre que se está prolongando demasiado en el tiempo. No se quieren ir de los hoteles porque el siguiente paso saben que son los campamentos en terrenos baldíos cedidos en su mayor parte por el Ministerio de Defensa o la Secretaría de Migraciones y gestionados por organizaciones privadas como Cruz Roja, donde las condiciones son de frío, humedad, peleas, hambre y desinformación. Después de los campamentos llega algo peor: la devolución a sus países de origen; algo de lo que no quieren ni oír hablar. Su objetivo es llegar a la Península donde muchos tienen familiares que llegaron antes que ellos o continuar su viaje migratorio hacia otros países de Europa.
Imagen referencial de migrantes llegados a Canarias - Sputnik Mundo, 1920, 01.02.2021
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Pero la consigna de Moncloa y de la UE ha sido desde el principio (y continúa siendo) la de concentrar a los recién llegados en las islas, promover las deportaciones y evitar al máximo los traslados a la Península. Sin embargo, debido a la presión del presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, así como del cansancio acumulado en el archipiélago por parte de trabajadores sociales, vecinos, turistas, hoteleros y los propios inmigrantes que no han parado de protestar en las últimas semanas ante su situación de desamparo, el Gobierno central acaba de mover ficha y ha autorizado de manera sorpresiva el traslado de al menos 3.500 personas a territorio peninsular.
© Sputnik / Esther Yáñez IllescasHoteles de Puerto Rico, al sur de Gran Canarias, una de las zonas turísticas por excelencia y con más hoteles de acogida de inmigrantes
Hoteles de Puerto Rico, al sur de Gran Canarias, una de las zonas turísticas por excelencia y con más hoteles de acogida de inmigrantes - Sputnik Mundo
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Hoteles de Puerto Rico, al sur de Gran Canarias, una de las zonas turísticas por excelencia y con más hoteles de acogida de inmigrantes
© Sputnik / Esther Yáñez IllescasHoteles de Puerto Rico, al sur de Gran Canarias, una de las zonas turísticas por excelencia y con más hoteles de acogida de inmigrantes
Hoteles de Puerto Rico, al sur de Gran Canarias, una de las zonas turísticas por excelencia y con más hoteles de acogida de inmigrantes - Sputnik Mundo
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Hoteles de Puerto Rico, al sur de Gran Canarias, una de las zonas turísticas por excelencia y con más hoteles de acogida de inmigrantes
© Sputnik / Esther Yáñez IllescasSofian, migrante marroquí de 22 años expulsado del Hotel Waikiki en Maspalomas, al sur de Gran Canarias
Sofian, migrante marroquí de 22 años expulsado del Hotel Waikiki en Maspalomas, al sur de Gran Canarias - Sputnik Mundo
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Sofian, migrante marroquí de 22 años expulsado del Hotel Waikiki en Maspalomas, al sur de Gran Canarias
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Sofian, migrante marroquí de 22 años expulsado del Hotel Waikiki en Maspalomas, al sur de Gran Canarias
Así lo han confirmado medios locales de Canarias que aseguran que fuentes del Ministerio de Migraciones han dado crédito a la veracidad de estas informaciones con el beneplácito del Ministerio del Interior. Los traslados se harán "de manera inminente".
Otra noticia sorpresa ha sido la suspensión de dos vuelos de deportación a Senegal (los primeros desde antes de la pandemia) para el 24 de febrero. En principio, estos vuelos se reprogramarán para el 10 de marzo.

¿Cómo se vive en un hotel de acogida y porqué hemos llegado hasta aquí?

Mohamed tiene 33 años y lleva cuatro meses en el Hotel Rey Carlos de Puerto Rico. Es marroquí y no quiere irse del hotel a ninguno de "los campamentos del terror", como los han bautizado en su grupo de amigos marroquíes con los que comparte las 24 horas del día sin hacer demasiado, salvo charlar, pasear y fumar cigarrillos en las calles aledañas de su hospedaje. Mohamed tampoco quiere quedarse allí, aunque dice que "el trato es bueno, en general".
"Tú no lo entiendes", explica a Sputnik en un callejón de tiendas (casi todas cerradas), junto a la puerta del Rey Carlos, "pero yo no puedo volver a Marruecos. Mi familia decidió que de todos mis hermanos yo fuera el que viajara a España para conseguir una vida mejor y gastamos mucho dinero en el viaje en patera. Este tiempo aquí he gastado como otros 1.000 euros y ahora no puedo volver si no consigo el dinero perdido", cuenta.
Esos 1.000 euros los ha gastado en "comida y ropa", porque, aunque en el hotel les dan de comer, asegura que la comida, muchas veces, "no es buena"; y que aunque les dan lo básico para vivir, útiles de aseo, cuchillas para afeitarse, ropa de cama o toallas, necesita cambiarse de ropa de vez en cuando.
© Sputnik / Esther Yáñez IllescasInmigrantes llegando en patera a las Islas Canarias
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Inmigrantes llegando en patera a las Islas Canarias
© Sputnik / Manuel Capa, Salvamento Marítimo
Inmigrantes en pateras, Canarias - Sputnik Mundo
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Inmigrantes llegando en patera a las Islas Canarias
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Ahora, el miedo entre los migrantes que están en las islas es la tónica. Se ha corrido la voz de que las deportaciones van a volver con fuerza después de unos meses duros de pandemia donde el cierre de fronteras en sus países de origen les libraba de esa opción. La peor de todas para ellos.
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La solución de los hoteles de acogida llegó de manera inédita ante la masiva llegada de personas a Canarias, más de 23.000 personas en los últimos doce meses (un aumento del 1000% de rescate de cayucos), la imposibilidad de acelerar las devoluciones a sus países de origen por la situación de emergencia sanitaria y la resolución del Gobierno de no trasladar a los extranjeros fuera del archipiélago hacia territorio peninsular.
Sin COVID-19, estas personas habrían sido trasladadas a los CIES (Centro de Internamiento para Extranjeros) o repatriadas casi de inmediato, pero el coronavirus lo cambió todo y sin un lugar para alojarlos la Delegación del Gobierno decidió contactar con los hoteleros, les pidieron participación y a la mayoría les vino casi como una bendición del cielo en la peor temporada turística en los últimos veinte años, casi sin veraneantes y con las playas, los chiringuitos y los restaurantes prácticamente vacíos.
Según datos de la Confederación Canaria de Empresarios, por culpa del coronavirus, las islas han perdido 11.000 millones de su PIB, el doble de lo que perdieron en la crisis económica anterior 2008-2013. El archipiélago ha pasado de ser una región de 46.700 millones de renta a una de menos de 35.000 millones.
Con este panorama, y un 35% de la población activa canaria en ERTE y un 25% de tasa de desempleo, los hoteleros se agarraron a la llamada del Ministerio de Integración, Seguridad Social y Migraciones como si fuese un regalo adelantado de la lotería de Navidad; y la mayoría de empresarios firmaron el contrato privado confidencial con el Gobierno para acoger, en principio, de manera "temporal" a los recién llegados.
Según fuentes del sector y de trabajadores de los hoteles, el Gobierno estaría pagando entre 35 y 50 euros por persona por día y los contratos estaban firmados hasta el 31 de enero.
El día a día, según cuentan varios migrantes que prefieren no ser identificados a esta agencia en las puertas de sus hoteles en Maspalomas o Puerto Rico, dos municipios del sur de la isla que viven prácticamente al 100% del turismo y que han sido los que más personas en condición migratoria han acogido; transcurre "sin mucho que hacer". Tienen libertad para salir a pasear por la playa y las calles del pueblo, y es habitual encontrarles en las plazas o sentados en la arena junto al mar o jugando al fútbol en la playa.
Los hoteles les dan lo básico, aunque han cerrado las zonas comunes de esparcimiento como la piscina, los gimnasios o las saunas, también, en parte, debido a la pandemia.

Las cosas que no funcionan

Pero también hay denuncias desde dentro de la situación de desbordamiento o mala praxis que en algunos casos están llevando a cabo estos hoteles de acogida. Varios trabajadores de Cruz Roja, con convenios de colaboración con estos centros para dar asistencia humanitaria y psicológica, aseguran que se sienten "frustrados" porque no dan abasto y requieren apoyo externo. Además, se han convertido en el foco de las críticas tanto de medios de comunicación como de las personas migrantes que, en muchos casos, les echan la culpa de su situación por ser su primera barrera de contención.
A Sofian, por su parte, un joven de 22 años de origen marroquí, le acaban de expulsar del Hotel Waikiki, gestionado por Servatour, en Maspalomas. Sofian explica a Sputnik con su maleta en la mano y en la puerta de este hotel, que le han echado por culpa de unos trabajadores de vigilancia del hospedaje. "Un día bajé a desayunar y me pegaron", pero no explica los motivos. Asegura que solo porque sí. Después, Sofian se autolesionó y enseña las heridas, unos cortes en el pecho y el estómago, ahora vendados con gasas.
"Cuando me llevaron a la enfermería me dijeron que estaba loco por haberme autolesionado". Otros compañeros fuera aseguran que este joven tuvo problemas con algunos marroquíes dentro del Waikiki, hasta que le expulsaron.
Todos llevan mascarillas que les ha proporcionado el propio hotel, y aseguran que las medidas de bioseguridad por el COVID se cumplen a rajatabla. Hay mascarilla diaria y el gel desinfectante es obligatorio antes de entrar al comedor.
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Andrés, un brasileño que lleva 18 años en Gran Canaria, ha trabajado de cocinero en uno de estos hoteles de Puerto Rico hasta hace dos semanas. Ahora ha vuelto al ERTE. Explica a este medio que en su hotel (que prefiere no mencionar) las cosas "funcionaban bien, recibían sus tres comidas al día, y aunque todo lo que preparábamos era muy básico, era suficiente y estaba bueno, quizá solo un poco repetitivo". "Sin embargo", continúa, "sé que en otros hoteles no era igual y sólo les dan una comida al día, que suele ser la cena, y además es solo un bocadillo con un zumo o un vaso de leche. Es normal que en esa situación, estando en cuarentena, conviviendo con otras 300 personas, surjan los roces y las peleas".

¿Está incurriendo España en ilegalidades?

Para Daniel Arencibia, abogado especializado en temas de inmigración, "sí. En muchas cosas", explica en entrevista telefónica con esta agencia.
Se ampara en una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que en 2020 condenó a España por incumplimiento del Protocolo 412 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que prohíbe las expulsiones colectivas y según aclara el abogado, "considera expulsiones colectivas aquellas personas que entran por la frontera de manera irregular sin escucharlas y sin tener una oportunidad real de hacer alegaciones".
Arencibia sostiene que en el puerto de Arguineguín, en el sur de la isla y por donde se han producido la mayoría de entradas de cayucos a Gran Canaria, "estuvieron hasta mediados de diciembre miles de personas sin rumbo, varados, sin explicaciones y sin tener oportunidad de ver a ningún abogado. Me consta que a día de hoy todavía no lo han visto y a todas estas personas se les está ejecutando su acuerdo de devolución sin que hayan tenido posibilidad real y material de hacer alegaciones", concluye.
El abogado especifica que se trata de la Sentencia 13/02/2014 del TEDH, y también hace referencia a los artículos 1 y 2 del Convenio de aplicación del Acuerdo de Schengen, que incluye las áreas de vuelos interiores y los puertos marítimos como zonas libres de controles.
"Las fronteras interiores podrán cruzarse en cualquier lugar sin que se realice control alguno de las personas", rezan dichos artículos que recuerda Arencibia, y añade, además, que "en los aeropuertos y puertos canarios actualmente hay controles en función de la raza de las personas y estas comprobaciones son contrarias al pacto de Derechos Humanos de Naciones Unidas".
El toque de queda recién estrenado a las once de la noche en Canarias, pilla dentro del hotel a los migrantes de Puerto Rico y Maspalomas, que tienen que llegar a las 9 a cenar después de pasar un día más de tedio. La barrera entre ellos y el resto de la población, ya sean autóctonos o turistas (los pocos que hay son en su mayoría jubilados de países del norte de Europa que son habituales de las islas o incluso tienen alguna casa en propiedad), es evidente.
En la plaza principal del pueblo de Maspalomas sopla un viento del demonio que enfría cualquier sensación de calidez propia del sol perenne del sur de Gran Canaria. Para los turistas del norte, el viento no corta y siguen sentados y casi desnudos, naranjas, tomando ahora un cóctel con probablemente algo de ginebra y vodka.
Hay muy pocas mesas ocupadas y las persianas que todavía permanecen abiertas ya están echando el cierre. Los inmigrantes, que compartieron plaza durante las horas en las que podían hacerlo, aunque ninguno de ellos se sentó en una mesa de pago, no se quitaron la camiseta en todo el día y algunos, incluso, llevaban chaquetas de lana para desafiar la sensación térmica provocada por el viento tenaz del día. Son pieles, costumbres y climas de cuna completamente diferentes, pero esa fue solo una salvedad más entre ellos en pocos metros cuadrados de asfalto.
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