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España retoma los vuelos de deportación a Senegal y los inmigrantes se esconden en Canarias

© Sputnik / Manuel Capa, Salvamento MarítimoInmigrantes en pateras, Canarias
Inmigrantes en pateras, Canarias - Sputnik Mundo, 1920, 23.02.2021
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El El Gobierno de España retomará el 24 de febrero los vuelos de deportación a Senegal con dos aviones Madrid-Dakar con escala en Canarias, donde han llegado en los últimos meses cientos de migrantes provenientes de este país de manera irregular.
La mayoría llegan en pateras tripuladas por redes de mafias que cobran hasta 3.000 euros por un trayecto que puede durar hasta diez días en alta mar.
España tiene acuerdos de devolución de inmigrantes con Marruecos, Senegal y Mauritania, y hasta el primer trimestre del 2020, antes de que irrumpiera el COVID y trastocara las rutinas planetarias, el Gobierno central realizaba vuelos de deportación a estos países de manera regular.
Tras más de seis meses parados, estos fletes se retomaron en septiembre de 2020 y el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana, ha confirmado que en estos momentos continúan realizándose estas operaciones con destino a Mauritania y también a Marruecos, donde están devolviéndose unas 80 personas por semana en varios vuelos regulares desde el archipiélago con dirección Rabat.
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Según Pestana, más de medio centenar de marroquíes habría vuelto al Reino Alauí por sus propios medios, costeándose ellos mismos el precio del billete ante la incapacidad de encontrar una solución a corto o medio plazo que les permita salir de las islas. La pesadez de la incertidumbre y del encierro finalmente ha podido con ellos, algo que el responsable del Gobierno central califica como "un elemento positivo" a la hora de evitar que sigan llegando cayucos.
"Si la percepción en origen es de que se fracasa en el proyecto de migración irregular, pues la gente deja de venir, obviamente, porque percibe que Canarias no es un puente seguro para poder llegar a donde quieran llegar".
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Estas palabras esconden un trasfondo mucho más perverso del que pudiera parecer en un primer momento según denuncia Txema Santana, responsable de migraciones de CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) a Sputnik en una entrevista en su oficina de Las Palmas de Gran Canaria.
"Canarias no es una cárcel. Si entendemos que, si formamos parte de las políticas de la UE como Estado Español, nos deberían tratar como tal y no como territorios insulares alejados a los que le cambio el rol cuando les conviene para gestionar mi política migratoria".
"Lo que observamos es una réplica de fórmulas que se han desarrollado en otras islas y que ha hecho que un grupo de personas permanezca en ellas para desincentivar que otros posibles viajeros intenten tomar estas rutas migratorias".
Santana habla de "islas italianas" y del "mar Egeo" que separa Grecia y Turquía. De Lesbos y del campamento de Moria en esta isla griega, que se ha convertido en un agujero negro de llegada de inmigrantes con solicitudes de asilo sin respuesta y años de permanencia en campamentos presuntamente temporales.
En la capital de Gran Canaria, la isla que más personas extrajeras ha recibido en 2020 (16.463), y tras unos meses de ebullición y máxima tensión en la calle ante la avalancha de personas, la situación que se vive en estos momentos es de una tensa calma insoportable para la mayoría de personas atrapadas con deseo de continuar su ruta hacia la Península y hacia otros países de Europa. Ha bajado el flujo de llegada de cayucos, pero han aumentado los migrantes en las calles o fuera de los lugares regulares para su alojamiento dispuestos por el Gobierno, con lo que el descontrol aumenta.
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El 2020 ha sido, después del año 2006 (año en el que llegaron 30.554 personas al archipiélago de manera irregular) el peor año en lo que a crisis migratoria se refiere. Según cifras oficiales, durante este año han llegado a las costas de Canarias 770 embarcaciones ilegales con 1.117 mujeres 22.205 hombres siendo entre ellos 3.462 menores de edad. En estos momentos no se sabe a ciencia cierta cuántas de estas personas quedan todavía en las islas, pero las organizaciones de derechos humanos calculan que entre 8.000 y 10.000 estarían repartidas entre los campamentos de acogida puestos a disposición por la Secretaría de Migración, los hoteles privados contratados por el Gobierno, y los que han decidido dejar la custodia estatal y acampar en las calles o ajustarse a programas de acogida improvisados puestos en marcha por vecinos de la zona a "escondidas" de las autoridades.

Migrantes que se esconden para evitar la deportación

Cada vez son más personas las que han decidido dejar de confiar en las autoridades y lanzarse a las calles de las islas para tratar de buscarse la vida por su cuenta.
"La situación es grave y nos preocupa", afirma el portavoz de CEAR.
La ciudad de La Palma es una olla a presión que el Gobierno está tratando de apaciguar trasladando a los migrantes a la vecina Tenerife, donde se acaba de anunciar (lunes 22 de febrero) por parte de la Secretaría de Estado de Migraciones que de manera inminente comenzará a funcionar el segundo campamento de esta isla ubicado en el acuartelamiento militar de Las Canteras, en la ciudad de La Laguna. El traslado está contemplado dentro del Plan Canarias, tendrá capacidad para 1.800 personas y estará gestionado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
La apertura del centro de Las Canteras se sumará al de Las Raíces, un espacio militar que gestiona ahora la ONG Accem y que se ha convertido en el centro de la polémica los últimos días precisamente por el traslado de personas extranjeras en contra de su voluntad. Hasta el momento, habría en Las Raíces unos 600 migrantes realojados y se espera la llegada de decenas de ellos en los próximos días.
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Para evitar un traslado de este tipo es que multitud de extranjeros han comenzado a abandonar de manera voluntaria en Gran Canaria los otros campamentos del Gobierno gestionados en este caso por Cruz Roja o los hoteles de acogida privados. En un primer momento, se lanzaban a la calle y era fácil encontrarlos en parques o en las principales avenidas de la capital pasando las horas. Pero esa estampa ha cambiado desde hace unas semanas. Ahora se esconden y se acogen a la solidaridad de algunos vecinos que han comenzado a organizarse para que las autoridades no les encuentren y de esta manera evitar que les trasladen de isla o que los suban a un vuelo de deportación.
Los próximos aviones a Senegal del 24 de febrero preocupan y mucho a la plataforma Somos Red, que tiene apenas dos semanas de vida y que ya cuenta con un centenar de personas voluntarias que de manera espontánea se está organizando para dar cobijo y ayudar en sus necesidades básicas a los migrantes.

Vecinos contra el bloqueo

Jaime Valeyron, portavoz de Somos Red, recibe a Sputnik en uno de los locales a pie de calle en el centro de Las Palmas y perteneciente a Ecologistas en Acción, donde han comenzado a juntarse para organizar la ropa que han recogido de voluntarios y vecinos en una semana en la que lanzaron la voz de alerta reclamando solidaridad. Una pareja se afana por separar y clasificar las prendas encima de una mesa. Tienen trabajo para rato porque las bolsas apiladas una encima de la otra sobrepasa el doble centenar.
Valeyron explica que, aunque desde Somos Red cada uno tiene su vida y sus trabajos independientes, ha sido un impulso humanitario el que les ha llevado a organizarse porque "son personas que están en la calle sin ninguna necesidad".
Y recuerda una de las frases que resalta el comunicado que la organización acaba de hacer público: "Somos personas de calle ayudando a personas que están en la calle". Se definen, además, como una respuesta ciudadana a una situación dramática causada por la improvisación y descoordinación entre las diferentes administraciones.

La casa de acogida de los Senegaleses

Somos Red ha decidido acoger en secreto a 18 senegaleses que no quieren por nada del mundo entrar en los aviones previstos para el día 24 con destino Dakar.
Lo han hecho en una casa de Las Palmas que no puede ser identificada y que alquilan a un empresario local de la hostelería por 70 euros por día. El dinero sale del bolsillo de los voluntarios e incluye solo el alojamiento. De la comida se encarga Cáritas. Los muchachos desayunan y almuerzan en el comedor social de esta institución y por la noche, un trabajador de la ONG cristiana les lleva unos bocadillos.
Mame Cheikh Mbaye, presidente de la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias, senegalés que llegó hace 13 años a España, explica a esta agencia en la puerta de la residencia privada donde tienen escondidos a sus compatriotas, que "permanecerán allí al menos hasta que pasen estos vuelos para que la policía no les encuentre". "La situación es muy complicada y la pandemia cambió por completo las rutas migratorias. Canarias es el foco".
Junto a él, algunos de los hombres, todos entre 25 y 35 años aproximadamente, se atreven a asomarse a la puerta del hospedaje, aunque pocos quieren dar la cara o contar su testimonio. Dentro, comparten habitaciones donde duermen y tienen una pequeña cocina con algunos electrodomésticos útiles y un pequeño fregadero. También pasan allí y en las salas comunes de la casa las horas charlando entre ellos o con algunos voluntarios de la Red que llegan a hacerles compañía. Muchos de ellos acuden como intérpretes porque hablan francés.
Abdullai, de 33 años, es el único que se atreve a dar la cara y ofrecer declaraciones a Sputnik. Llegó en noviembre en un cayuco, su familia está en la Península, lleva ocho días escondido.
"Quedarme aquí sería la muerte. Y claro que tengo miedo. Todos tenemos miedo y la deportación nos da terror", explica. Después pide que no le tomen fotos y se marcha a su habitación.
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