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    La evolución del coronavirus en España (151)
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    Según los expertos, el choque entre el Gobierno central y el regional por las diferencias de criterio en la gestión de la pandemia es la consecuencia última de su politización. El litigio en torno a la imposición del estado de alarma puede ser la expresión de una pugna política más amplia, que tiene a la capital como modelo de contrapoder.

    El pasado 9 de octubre el Gobierno de Pedro Sánchez decretó el estado de alarma en la Comunidad de Madrid a fin de imponer cierres perimetrales en la capital y nueve municipios más de la región, ante la alta incidencia de contagios por cada 100.000 habitantes.

    El estado de alarma, fruto del fracaso de la negociación entre las administraciones para acordar las restricciones luego de que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid rechazara ratificar las inicialmente implantadas en la región, ha encontrado inmediata contestación tanto por parte de la oposición parlamentaria en el Congreso de los Diputados como del lado del Gobierno regional madrileño, encabezado por Isabel Díaz Ayuso.

    El ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha defendido durante una entrevista en la emisora Cadena SER la intervención del Gobierno para imponer esta medida restrictiva ante la situación epidemiológica en Madrid y otros municipios de la provincia.

    Un ambiente caldeado

    La brega política añade una nueva intensidad al ya de por sí acalorado espectro político español. La división se hace más palpable que nunca en un momento en que la segunda ola de COVID-19 apenas se puede contener.

    El líder de la oposición, Pablo Casado (PP) acusó el mismo día 9 al Gobierno de Pedro Sánchez de "alentar a la prevaricación" a la comunidad de Madrid por "obligarle a dictar una orden que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dijo que no era correcta". Y la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso afirmó dos días después en entrevista concedida al diario El Mundo que el actual Gobierno español es el "más autoritario de la historia de la democracia" y que Sánchez pretende "cambiar el país por la puerta de atrás", pero que "la justicia, Madrid y el rey" se lo impiden.

    En opinión del politólogo y especialista en Derecho Constitucional Carlos Fernández-Esquer, "para nada" cabe hablar de prevaricación en este caso. "Con el marco jurídico actual, la única forma legítima y jurídicamente adecuada de restringir derechos fundamentales de forma generalizada, en conjuntos de población, es mediante la declaración del estado de alarma", declara a Sputnik. "El resto de legislación, incluso leyes sanitarias y otras ‒que algunos defienden que con su contenido es suficiente para acometer los confinamientos perimetrales‒ no es la adecuada".

    "El Gobierno está perfectamente legitimado para hacer lo que está haciendo", explica, al tiempo que sostiene que el auto del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad de Madrid mediante el cual se rechazaba ratificar las medidas restrictivas de la orden ministerial, "ya estaba apuntando a que una orden de una comunidad autónoma, un reglamento, no es la norma adecuada para limitar derechos fundamentales si no tiene una habilitación legal suficiente. Por eso, lo que podría estar señalando este Tribunal es que hacía falta una cobertura jurídica adecuada, la cual suministra la declaración del estado de alarma. Es decir, ahora sí que está articulado de forma jurídicamente correcta el confinamiento perimetral de algunos municipios, como Madrid".

    Por su parte, el politólogo Manuel Monereo señala que la mención de Isabel Díaz Ayuso al rey se inscribe dentro del recurso constante de la derecha española a la institución monárquica, cosa que podría terminar por ponerla en una situación muy difícil. A su juicio, la identificación permanente con el monarca acabará pasando factura.

    "Va a perder la institución monárquica", asegura a Sputnik. "Porque para que sea viable, tiene que ser transversal de izquierda a derecha. Si no es transversal, pasará lo que pasó con Alfonso XIII, que tras apoyar el golpe de Primo de Rivera, se convirtió en el rey de la extrema derecha. Y ahora está transitando para convertirse también en la monarquía de la extrema derecha. Y eso no tiene arreglo para la monarquía. Pueden pasar 8, 10 ó 15 años, pero tarde o temprano la gente la echará por inútil y corrupta", argumenta.

    Más allá de la discordia en Madrid

    "Desde hace muchos años Madrid ha sido la alternativa y modelo neoliberal en España, aprovechando la capitalidad y aplicando el dumping fiscal", afirma Manuel Monereo, quien por otra parte califica de "simple demagogia" las palabras del líder del PP sobre el aliento a la prevaricación.

    Este exparlamentario de Unidas Podemos señala que desde la llegada de Díaz Ayuso a la presidencia regional madrileña, "se quiere construir un contrapoder en Madrid de acuerdo con Casado. Es lo que podríamos llamar el otro secesionismo". Y recuerda que la derecha siempre decía preferir una "España roja antes que rota". "Pero ahora la derecha dura apuesta por una España rota con tal de que no gobiernen las izquierdas. Y eso es lo que está pasando. Ahora mismo hay un contrapoder en Madrid como lo hubo en la Generalitat catalana o como lo hubo en su momento en el País Vasco, donde poderes del Estado se insubordinan frente al Estado y se oponen a él".

    Este politólogo resalta el hecho de que se culpabilice al Gobierno por las muertes ocasionadas por la pandemia en el país. "Y en este contexto, lo que están haciendo es una operación que yo llamo republicana: convertir al rey en el rey de las derechas", explica, aludiendo a un reciente documento videográfico promovido por la organización Libres e Iguales en apoyo al monarca y suscrito por cerca de 200 personalidades. "En ese documento están todas las personalidades de derechas ‒y algún socialista, pero porque es de derechas‒", dice, en alusión a Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha.

    La percepción social

    "Lo ocurrido en Madrid [el 9 de octubre] es la culminación de un proceso de politización y polarización de la gestión de la pandemia como no lo habíamos visto hasta ahora", explica a Sputnik el sociólogo Luis Miller. "A partir de ese momento, buena parte de la ciudadanía ya está percibiendo que las decisiones sobre salud pública tienen que ver con criterios políticos y eso es muy preocupante".

    Miller, vicedirector del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, advierte de la aparición de un nuevo elemento en España: la polarización de las creencias. "Es decir, que personas con distinta ideología política empiecen a tener percepciones distintas de cómo va la pandemia y que empiecen a manejar datos distintos y a no creer en la misma realidad. Es algo que se había dado en EEUU, pero todavía no en España. Porque aquí durante la primera ola no hubo diferencias importantes en las creencias acerca de cómo va el virus según la ideología política".

    "Y esto es lo que ahora se está empezando a dar: personas empleando datos distintos para justificar políticas distintas y creyendo que los datos pueden ser manipulados en una dirección u otra. Es muy preocupante".
    ¿La izquierda como objetivo de la crispación?

    El clima social y mediático está enrarecido en España, a tenor de las continuas declaraciones de sus representantes políticos, y no solo con motivo de la pandemia. Pero sin duda, es esta la que ejerce como catalizador de la división.

    "No hay que asombrarse, es lo que está pasando en todo el mundo, menos en Portugal", mantiene al respecto Manuel Monereo, que aparte de EEUU recuerda también los casos de Francia e Italia. "La izquierda es naif, no entiende nada de lo que está pasando en el mundo. Y es algo muy simple: el mundo no es el mismo con los tanques del Pacto de Varsovia en Berlín que sin los tanques allí. Hoy tenemos unas derechas que están dispuestas a liquidar a la izquierda en el sentido más estricto de la palabra: criminalizarla, ilegalizarla y expulsarla del mapa político".

    "Es lo que se llama democracia militante y lo defiende Vox y una parte del PP", advierte. "Es una democracia que expulsa fundamentalmente a los comunistas y a la izquierda del mapa político y que solamente consiente los partidos del sistema: social-liberales, conservadores y de extrema derecha. Y eso es lo que se está dirimiendo en este momento. En esta situación, Vox no es una cosa extraña; pasa en Hungría, en Polonia, en Chequia, en Eslovaquia... Es decir, no estamos hablando de nada extraño, es algo que ya existe en Europa".

    A juicio de Monereo, la crisis política desatada en España evidencia uno de los objetivos de la derecha y la incapacidad de la izquierda para comprender la situación. "La izquierda no ha entendido que la derecha no tiene miedo y está asumiendo su papel histórico: impedir que la izquierda mande. El escenario es peor que el de los años 30, porque entonces había fuerzas organizadas del movimiento obrero. Ahora el problema es que las derechas no tienen enemigo". Monereo resalta la capacidad de organización y fuerza de la derecha, que la hace estar "en su mejor momento". "Porque antes estaba el PP y ahora está Vox, que son abiertamente neofranquistas", dice.

    "No pactan su ideología, odian a la izquierda y consideran que Largo Caballero e Indalecio Prieto son criminales. La derecha está a la ofensiva y la izquierda a la defensiva, sin capacidad de respuesta. La izquierda está a la defensiva y sin proyecto, en peor situación que a la caída del muro de Berlín. Hace mucho tiempo que la izquierda dejó de pensar en grande. Los únicos que piensan y actúan son la derecha y la extrema derecha, que reivindica el imperialismo español, a Franco y la lucha contra la República".
    ¿Datos diferentes según ideologías?

    Antes de las iniciales medidas restrictivas según qué barrios y del posterior confinamiento de tipo perimetral, lo cierto es que muchos madrileños pudieron seguir desplazándose a otras provincias aun cuando el índice de incidencia de la pandemia en la capital era altísimo.

    Se puede decir que en España se han percibido dos realidades y que de la experimentada en Madrid se ha generado una especie de madrileñofobia en el resto del país. Es decir, la aversión hacia los visitantes provenientes de una capital cuyos índices epidemiológicos son mucho más altos que los de las localidades que visitan. "La madrileñofobia ya se dio en marzo y continuará", afirma Luis Miller. "Porque la experiencia en Madrid y la mayor parte de las provincias es radicalmente distinta".

    Este sociólogo alerta de la manipulación en general de los datos, las cifras sobre la pandemia que han alimentado el choque político y las medidas en consonancia. "Lo más preocupante es que se empiece a acusar al contrario de esconder o manipular datos para tomar una decisión concreta", señala. "Una cosa es criticar o denunciar la incompetencia con los datos y otra decirle a la opinión pública que estos se manipulan", subraya, al describir parte de la pugna partidista.

    El Estado: ¿funciona mal o lo manejan mal?

    Madrid ha escenificado un choque competencial entre las administraciones central y autonómica del que cabe preguntarse si es producto de las imperfecciones de su entramado o de la pugna partidista.

    "Estamos ante un conflicto político evidente entre dos administraciones que desde hace meses sostienen una pugna poco disimulada de la que ambas se retroalimentan", afirma Fernández Esquer, quien asegura que el Gobierno central "está cómodo en esa confrontación, como también lo está el regional, que aprovecha para arremeter contra el Gobierno central cada vez que tiene ocasión. No es un fallo del estado autonómico". En opinión de este investigador del Centro de Estudios de Partidos Políticos, el Estado de las autonomías goza de instrumentos suficientes para coordinar las políticas, "como las conferencias de presidentes y las sectoriales".

    "Por tanto, no es un problema de diseño del estado autonómico, sino de unas dinámicas políticas que están siendo realmente nocivas y perjudiciales para los intereses de los ciudadanos. Son trifulcas políticas motivadas por estrategias partidistas que poco tienen que ver con un mal diseño del estado autonómico, sin perjuicio de que pueda haber cosas mejorables".

    "Los problemas que está habiendo", continúa, "no se deben tanto a un mal diseño de la organización territorial como a una clase política bastante mediocre y ensimismada en sus estrategias partidistas de corto plazo", concluye Carlos Fernández Esquer.

    Tema:
    La evolución del coronavirus en España (151)
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