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    México busca recuperar la inversión extranjera directa, que podría ayudar a paliar las dificultades de su economía por la actual pandemia, pero lucha contra la desconfianza en las decisiones de la actual administración del presidente Andrés Manuel López Obrador y a una reducción de la seguridad jurídica para las firmas extranjeras.

    "Los inversionistas buscan seguridad y reglas de juego estables, por eso para atraerlos hace falta adoptar políticas que les garanticen que se desterrarán los caprichos u ocurrencias personales", señaló a Sputnik el analista Miguel González, investigador del Centro de Estudios Financieros de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

    En efecto, la crisis económica global y algunas decisiones gubernamentales que causan inquietud en el sector privado, por ejemplo en el energético, hicieron que la inversión extranjera llegara a solo 17.969 millones de dólares en los dos primeros trimestres del año, es decir, una caída de 13,6% respecto al mismo periodo enero-junio de 2019, según el más reciente recuento oficial

    López Obrador intenta mantener la confianza de los inversionistas, pero la pandemia del COVID-19 y sobre todo la profundización de la caída en el producto interno bruto, que el Fondo Monetario Internacional calcula en 10,5% este año, hacen dudar a muchos de estos inversionistas que miran hacia otros países.

    La decisiva inversión de EEUU

    Más de la mitad de la inversión extranjera en México proviene de EEUU.

    Las empresas estadounidenses buscan abaratar sus costes al establecer plantas de producción gracias a las garantías que les ofrece el tratado de libre comercio T-MEC (México, EEUU, Canadá), cuya nueva versión, entró en vigencia en julio de este año, tras 26 años de integración regional norteamericana.

    Una nueva versión de ese acuerdo comercial entró en vigencia en julio, después de que el presidente estadounidense Donald Trump amenazara con romper la libertad de comercio entre los tres países vigente desde 1994 con medidas proteccionistas, con las que amenazó en el marco de las guerras comerciales con China y Europa.

    El analista indica que el nuevo T-MEC contempla disposiciones largamente reclamadas por los sindicatos estadounidenses, como salarios más altos para los trabajadores mexicanos y garantías de que los insumos y piezas utilizadas en producir bienes, para el mercado estadounidense provienen principalmente de la región.

    Las reglas de origen en la industria automotriz se endurecieron en la nueva versión del pacto comercial, obligando a elevadas cuotas de autopartes para el ensamblado de automóviles, industria que representa la cuarta parte de las exportaciones totales mexicanas.

    "La reiteración del tratado ayuda a la recuperación, pero no será suficiente, se requiere además que exista confianza y certidumbre y que el gobierno incentive un ambiente favorable para el desarrollo de negocios", explica González a Sputnik.

    Las empresas mexicanas también requieren adaptarse a las nuevas normativas y al mismo tiempo los inversionistas de terceros países que buscaban establecerse en México para atacar el mercado estadounidense, deberán ahora sopesar las nuevas exigencias.

    La vital indústria electrónica

    Un sector particularmente sensible es el de los productos electrónicos y de electrodomésticos, en los cuales México ha logrado colocarse como uno de los líderes de la producción regional.

    El único país latinoamericano con frontera terrestre con EEUU, se convirtió en el mayor productor mundial de refrigeradores.

    También logro colocarse como el mayor productor en América Latina de teléfonos móviles y televisores, en particular, gracias a la inversión de multinacionales coreanas que han establecido plantas para maquilar sus productos y llevarlos hacia el pujante mercado estadounidense, pero también hacia el resto de países del continente.

    Los inversionistas coreanos y europeos pueden considerar que las nuevas condiciones del T-MEC y las inciertas posiciones del gobierno de López Obrador sobre el respecto a las inversiones privadas constituyen ahora un riego mayor.

    "Hacen falta políticas públicas de largo plazo que den certidumbre y seguridad a la inversión, así como incentivar la producción con valor agregado", indicó en un informe económico el analista Carlos Zegarra, socio líder de Management Consulting PwC México.

    El Gobierno, por su parte, defiende que la inversión ha continuado llegando a México pese a la incertidumbre creada por el nuevo coronavirus, y que se recuperara poco a poco en la medida que esta contingencia sanitaria vaya desapareciendo.

    La Secretaría de Economía indicó que, entre las medidas adoptadas, se "redujo costos a los inversionistas extranjeros y se modernizaron los mecanismos de captación y almacenamiento de información en los trámites dirigidos por el Registro Nacional de Inversiones Extranjeras".

    Para Zegarra, "la actual crisis y la búsqueda de nuevas alternativas de abastecimiento generarán la necesidad de establecer modelos mixtos" que involucren al estado y a las empresas en la atracción de la inversión extranjera que necesita México.

    La política económica de López Obrador hace énfasis en convertir a dos firmas estatales, Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, en las principales palancas de desarrollo del país, pero la industria petrolera representa menos de 5% de comercio internacional mexicano, dominado por la manufacturas.

    Y lo peor: las dos firmas endeudadas encaran una situación financiera grave y enormes dificultades para cumplir con sus objetivos institucionales.

    Etiquetas:
    México, inversiones
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