10:51 GMT +315 Diciembre 2019
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    Nicolás Maduro, presidente de Venezuela

    Maduro es apenas la punta del iceberg: ¿qué está pasando en Venezuela?

    © REUTERS / Manaure Quintero
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    La semana que recién concluye en Venezuela, ha dejado algunas pistas sobre lo que puede esperarse sea el panorama político de la nación suramericana en los meses por venir. Hagamos un repaso y tratemos de unir algunos puntos.

    Dato 1: la incómoda verdad

    El vicepresidente del Partido Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, realizó una rueda de prensa donde declaró que la oposición venezolana ha resultado ser un verdadero dolor de cabeza para Estados Unidos. A juicio de Cabello, Washington ha comenzado a obviar a la oposición por incompetentes y por robarse el dinero que envía para financiar la desestabilización política al Gobierno de Nicolás Maduro. "Y a los gringos —destacó Cabello— no les gusta que los roben, ni que los engañen, y menos en su propia cara".

    Dato 2: ¿organización para las 'Guarimbas' o para nuevas elecciones parlamentarias?

    Este fin de semana, la oposición salió de su letargo y comenzó de nuevo a reorganizarse. Planteó jornadas de articulación social en el marco de lo que han llamado Operación Libertad y sus liderazgos más importantes realizaron fugaces visitas a distintas comunidades del país.

    ¿Es posible que las adormiladas fuerzas políticas de oposición estén sopesando alguna otra opción distinta a la intervención militar? Algunos formadores de opinión dentro de sus filas parecen estar allanando el camino para posicionar la conclusión inevitable.

    ​Dato 3: guerra a muerte dentro de la oposición

    El portal digital PanAm Post filtra una serie de supuestas pruebas que vincularían a personajes políticos de la oposición en escándalos de corrupción con la estatal petrolera PDVSA, y por ende, con el Gobierno nacional. Dicha plataforma, que hace unos meses también destapó el escándalo del dinero robado en Cúcuta por personas ligadas a Juan Guaidó, fue señalada por la web Contexto diario de ser una herramienta de la oposición para destruir a miembros de sus propias filas. Este último portal expone la supuesta trama detrás de PanAm Post de la siguiente forma:

    "El dueño es Enrique Ball Zuloaga, primo de María Corina Machado" y más adelante, vincula a los periodistas de ese medio, Orlando Avendaño y Alek Boyd como posibles financiados de "Óscar García Mendoza, a través de su banco NovoPayment, donde por cierto la CEO de este banco es Anabel Pérez, esposa de Esteban Gerbasi", destaca Contexto diario.

    Esta confrontación intestina dentro de la oposición venezolana ocurre casi en paralelo a que Juan Guaidó declarara que seguirá ejerciendo su autoproclamado interinato, aún después de que culmine su periodo respectivo al frente de la presidencia de la Asamblea Nacional.

    Tal parece que lo que se desmorona no es el Gobierno de Nicolás Maduro, sino los operadores políticos de Estados Unidos en el terreno.

    ​Dato 4: dos postales de la misma guerra no convencional

    Partidos políticos de la oposición venezolana, a través de algunos operadores mediáticos, pidieron a su electorado salir a las calles durante el fin de semana. Auguraron que "pasaría algo" que derivaría en la salida de Nicolás Maduro. "La población en la calle sería importante para lograr el objetivo", argumentaron.

    ​Por supuesto, no lograron ningún apoyo masivo, sin embargo, sí ocurrió algo muy particular: una planta de llenado de gas doméstico estalla en Ocumare del Tuy, un populoso municipio del estado Miranda, dejando a miles de personas sin un servicio considerado de primer orden. El gobernador de esa entidad responsabilizó al partido de derecha Primero Justicia por el incidente.

    ​En otra acción, articulada con la campaña de asedio psicológico contra los venezolanos, la Oficina del Comisionado de las Grandes Ligas de beisbol de Estados Unidos emitió una alerta a los jugadores venezolanos y extranjeros que pertenecen a dicha liga, sobre la posibilidad de que no pudiesen participar en la tradicional liga de beisbol que se lleva a cabo en Venezuela a partir del mes de noviembre.

    El argumento del comisionado es atender la "orden ejecutiva del presidente Donald Trump" que busca ampliar el rango e intensidad de las sanciones económicas contra el país sudamericano. Es decir, no solo negarles medicinas y alimentos, sino cualquier forma que les permita a los venezolanos algo de distracción y felicidad.

    ​Breve evaluación

    La oposición venezolana sigue dando grandes muestras de desorientación política. Sus prejuicios, soberbia y ambición siguen siendo malos consejeros a la hora de calcular la fortaleza y dimensión de su rival. Habría que clarificarles que se enfrentan no a Nicolás Maduro, quien es apenas la punta del iceberg, sino a todo un complejo edificio constituido por millones de personas que acudieron al llamado político e ideológico de Hugo Chávez. Y que es, además, su incapacidad para reconocer y respetar al chavismo su principal fuente de debilidad política.

    Por otro lado, el dirigente Diosdado Cabello ha tocado un nervio que todos conocen, pero del cual prefieren hablar a baja voz. La oposición venezolana no existe, es un constructo que sirve de método didáctico. Realmente no hay una unidad sino muchas oposiciones, cada cual con su agenda y forma de aproximación a cómo acceder al poder político en Venezuela.

    Uno de esos fragmentos, el que tiene más llegada a Estados Unidos, es decir, el partido de ultraderecha Voluntad Popular, ha resultado ser un barril sin fondo en lo que respecta a la captación del dinero de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Las otras facciones u ONG destinatarias de dichos fondos resienten la preferencia y preponderancia que se les ha dado.

    El caso de María Corina Machado es quizá al que haya que prestarle más atención. La feroz arremetida de PanAm Post a la cual parece estar vinculada, lo dice todo. Siente que es su momento, que el resto de partidos ha fallado y que llegó la hora de tomar el relevo. Sin embargo, no cuenta ni con el respaldo del resto de los partidos políticos ni con un sólido liderazgo social. Habría que recordarle que Twitter sirve para muchas cosas, excepto como silla presidencial.

    Sin embargo, el adverso panorama por el que atraviesa la oposición debe ser un llamado de atención para el chavismo, no una excusa para relajarse.

    A medida que los operadores políticos de Washington en el campo se debiliten o desarticulen, arreciarán las acciones de la guerra no convencional. El bloqueo es una arista, pero también el sabotaje a los servicios públicos e incluso acciones de subversión mucho más potentes, a través de bandas criminales o paramilitares.

    Esto último es muy importante porque la guerra no declarada pero plenamente vivida, no pasa en vano. Las crisis producen sus monstruos. Unos que se incrustan y terminan convirtiéndose en parte del panorama habitual.

    La dolarización de la economía venezolana es algo que simplemente no puede barrerse bajo la alfombra, así como la precarización en la calidad de vida que ha producido la inflación acelerada y el desplome del salario del venezolano. Medir bienestar o capacidad de resistencia, por las colas que se hacen en las licorerías, o la asistencia a los restaurantes de comida en las zonas pudientes de la Caracas, es una miopía igual que la que demuestra la oposición al creer que su problema es Nicolás Maduro.

    El chavismo no puede verse como mero aglomerado de personas que soportan el temporal. El chavismo debe proponer un modelo o forma del ser social. Una identidad cultural, económica y política que resiste, sí, pero con un horizonte claro. Si ha de resistir, ¿para qué?; si ha de resistir, ¿para quién?, habría que preguntarse.

    Si hemos de resistir es para volver a Chávez y ser, parafraseando a Mahmud Ahmadineyad, no un mero movimiento político, sino una cultura, un sendero, un plan para salvar a la humanidad.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    economía, política, EEUU, Venezuela, Nicolás Maduro
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