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    Angela Merkel, la canciller de Alemania

    Europa sí, pero Alemania por delante

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    Luis Rivas
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    La euforia europeísta desatada en Francia tras el anuncio de acuerdo entre demócrata-cristianos y socialdemócratas en Alemania puede verse desinflada en cuanto el nuevo Gobierno de la canciller Angela Merkel pueda iniciar su andadura.

    Francia, con su presidente, Emmanuel Macron a la cabeza y otros países de la Unión Europea celebraban más que los propios ciudadanos alemanes la consecución de un pacto para gobernar entre conservadores de la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana (CDU/CSU) y los socialdemócratas del Partido Socialdemócrata (SPD).

    París estimaba que con el SPD acompañando a Merkel en Berlín el nuevo impulso que necesita la UE será más fácil que un acuerdo con los liberales alemanes, que hubieran sido mucho más pejigueros con el gasto público y las alegrías presupuestarias.

    Francia, y otros países que quizá responden a la eurofilia solo por inercia o por el interés de seguir recibiendo ayuda de Bruselas, empujan a Alemania a participar en una renovación de la UE que saque a la institución de la modorra, el escepticismo y en definitiva, la crisis que vive en la actualidad.

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    Que Macron, empeñado en ser el salvador de la UE, jalee al nuevo Gobierno alemán es comprensible, pues Francia necesita a su vecino para llevar adelante reformas que, estima el Elíseo, son necesarias para el futuro de Europa.

    Desde Berlín, sin embargo, las señales que le llegan al dirigente francés empiezan a enfriarle el ánimo, siempre, eso sí, diplomáticamente. Para empezar, Merkel ha sido muy clara: "primero Alemania y después Europa". Una perogrullada quizá, pero que lanzado por la canciller tiene un mensaje mucho más profundo. El Gobierno de la nueva "gran coalición" entre los dos principales partidos alemanes no está pensado para reformar a la UE saltándose el catecismo de rigor y contención presupuestaria de Berlín.

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    A Merkel le han llovido duras críticas de su propio partido por haber cedido al SPD la cartera de Finanzas, la más importante del gabinete. En buena parte de Europa se ha celebrado que Wolfgang Schauble, el guardián de la austeridad alemana y europea haya dejado ese ministerio y la política. Schauble era la bestia negra no solo de la izquierda europea, sino de buena parte de los gobernantes conservadores propicios a aumentar sin límites los déficits públicos de sus respectivos países.

    El nuevo titular del Ministerio, el socialdemócrata Olaf Scholz, que ya ha participado en un gobierno de Merkel como Ministro de Trabajo, no se apartará ni un milímetro de las medidas inscritas en el Pacto de Estabilidad de la UE que, entre otras cosas, exige el respeto del límite del 3 por ciento de déficit público, principal arma del "austericidio" denunciado por sus enemigos, especialmente los incapaces de cumplir con esa norma, como Francia o España, por ejemplo. Ese punto aparece claramente subrayado en el documento que acredita a los responsables entre la CDU, su aliado bávaro CSU y los socialdemócratas.

    Scholz, el nuevo jefe de las finanzas alemanas había señalado además en varias ocasiones que no se toca una coma de la reforma llevada adelante hace ya casi 20 años por el entonces canciller socialdemócrata, Gerhard Schroeder, que para la izquierda alemana supuso el fin del paraíso social alemán, pero que catapultó la productividad del país y el empuje industrial hasta convertirle el país más poderoso de Europa.

    Angela Merkel, la canciller federal alemana
    © AP Photo / Markus Schreiber
    Derecha e izquierda francesa han criticado el rigor ortodoxo alemán, pero incluso con Schauble a los mandos, Berlín utilizó el gasto público para llevar a cabo reformas sociales. Alemania, con un excedente presupuestario en 2017 de casi 35.000 millones de euros, puede permitírselo. Francia tiene un déficit de casi 68.000 millones en el mismo ejercicio.

    El catálogo de medidas que Emmanuel Macron promueve para el relanzamiento de la UE no despertará tampoco la adhesión de Merkel y sus socios de gobierno. Berlín no quiere ni oír hablar de un Ministro de Finanzas europeo ni de un presupuesto común de la UE, por el momento. El deseo de convergencia social y fiscal habrá que seguir considerándolo como un sueño. El proyecto macroniano de impulsar un FMI europeo también deberá esperar.

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    Una de las batallas europeas en las que Macron está más implicado es la lucha por evitar el dumping social, es decir la contratación temporal de trabajadores extranjeros por empresas foráneas que aplican sueldos más bajos y normas sociales menos exigentes que las francesas. El grueso de esos trabajadores desplazados a Francia proviene de Alemania.

    El SPD y su candidato a canciller en los comicios de septiembre pasado, Schultz, antiguo presidente del Parlamento europeo, puso a la UE en cabeza de su campaña electoral. Sus llamadas a reenganchar con Francia a la locomotora europea hacían salivar a sus vecinos franceses y al inquilino del Elíseo. Pero Europa y su eventual nuevo impulso no estaban entre las diez preocupaciones del ciudadano alemán. El SPD obtuvo el peor resultado de la historia y aceptó seguir de socio en el gobierno de Angela Merkel, con la cartera de Finanzas, pero bajo la tutela de la canciller. Schultz, nombrado Ministro de Exteriores del nuevo Gobierno, se vio obligado a renunciar al puesto por la presión de su propio partido.

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    El Kremlin de Moscú
    © Sputnik / Maxim Blinov
    Europa y, especialmente Emmanuel Macron, deberán seguir esperando para poner de nuevo en marcha el motor europeo. Angela Merkel se juega su último mandato, a menos que los militantes del SPD decidan en votación anular el pacto de Gobierno. En ese caso, Merkel ya ha anunciado que volvería a presentarse. Y si gana, la futura coalición sería, sin duda, mucho menos europeísta.

    Angela Merkel y su partido saben que la política de puertas abiertas a la emigración masiva decidida en el verano 2015 es la principal causante de la crisis que vive Europa y es responsable, también, del fracaso relativo de su propio partido en las urnas. Si la CDU-CSU ha invadido el terreno electoral del centro, comiendo el voto al SPD, Alternativa para Alemania (AfD) se ha alimentado de los votantes conservadores defraudados por Merkel. En esa tesitura, la canciller envía a Francia y a la UE ese mensaje: primero, Alemania; de Europa ya hablaremos.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    coalición, AfD, Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU), Bundestag, Angela Merkel, Alemania, Francia
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