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    El Senado de Brasil aprobó la reforma de las leyes laborales, una de las iniciativas más polémicas del Gobierno de Michel Temer, que recorta varios derechos de los trabajadores. El oficialismo justifica este paquete de medidas en la necesidad de reactivar la economía, pero no es evidente que esto vaya a suceder, según un analista.

    La ley aprobada por el Senado brasileño modifica la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), un conjunto de normas que reglamentaban el derecho laboral en el país desde la década de 1930. Una vez que el texto sancionado por la Cámara alta entre en vigor, las condiciones de empleo se volverán más flexibles.

    Para aprobar la impopular iniciativa, el Gobierno y sus aliados en el Parlamento se escudan en la urgencia de recuperar el crecimiento de una economía en recesión hace tres años. Pero su efectividad está lejos de ser algo incuestionable, según dijo a Sputnik Clayton Mendonça Cunha Filho, politólogo e investigador de la Universidad Federal de Ceará.

    "Es una gran mentira que quitar derechos laborales vaya a reactivar la economía. Todos los estudios, indicios y ejemplos históricos concretos de los países que lo hicieron demuestran que una de las primeras cosas que sucede es una rebaja del poder adquisitivo de los sueldos. Lo que podemos esperar son muchos más trabajadores en condiciones subóptimas, recibiendo sueldos menores, lo que por consiguiente implica un menor poder de consumo, que ya en este momento está muy rebajado", dijo a Sputnik el académico.

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    Además, recalcó que "el desempleo está aumentando y no hay indicios de que vaya a revertirse por el simple hecho de que ahora no habrá más protección laboral". La calidad de los nuevos puestos de trabajo —"si es que se genera algo"— será mucho menor. Los trabajadores no tendrán capacidad de consumir.

    "Entonces los mismos empresarios que hoy en día están festejando esta aprobación, muchos de ellos muy probablemente van a darse cuenta de que eso no va a pasar así, especialmente las pequeñas empresas, que dependen más fuertemente del consumo de base", apuntó el académico.

    La CLT había garantizado a los brasileños jornadas laborales de ocho horas, períodos de descanso de al menos una hora por día y vacaciones pagas por 30 días fraccionadas en un máximo de dos períodos, uno de los que debe tener al menos 10 días. Todas las condiciones fijadas por la ley debían ser respetadas por los empleadores.

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    La reforma laboral aprobada permite prolongar el tiempo de trabajo a 12 horas por día —sin superar las 44 horas semanales ni las 220 mensuales—, una reducción del tiempo destinado a consumir alimentos y reposar, así como un fraccionamiento de las vacaciones en tres períodos. En estos aspectos, se establece que los acuerdos a los que lleguen empresas y trabajadores prevalecerán sobre la ley.

    En cambio, son innegociables el fondo de garantía de tiempo de servicio (un ahorro que se conforma con un aporte mensual patronal del que el trabajador puede echar mano cuando es despedido), el salario mínimo, el aguinaldo, el subsidio por desempleo, los beneficios previsionales y la licencia maternal.

    "Con lo que aprobaron queda prácticamente sepultado el conjunto de leyes laborales que teníamos desde los años 30", ilustró Mendonça.

    El nuevo marco normativo tiene puntos escabrosos, como la posibilidad de que mujeres embarazadas "trabajen en sitios que puedan suponer un riesgo al bebé", algo hasta ahora incluido en la CLT, que explícitamente prohibía la ocupación de mujeres que esperan un hijo en actividades insalubres.

    Tales medidas son impopulares entre la ciudadanía brasileña. El politólogo indicó que la desaprobación de esta ley se ubica en el entorno del 70 y 80 % de acuerdo con los sondeos divulgados recientemente. Aún así, el Gobierno y el Parlamento lograron aprobar el texto con el apoyo de las cámaras patronales.

    "Hay que poner atención en el hecho de que el Gobierno de Temer ha sido muy cuestionado desde el principio, por la manera en la que empezó, con un proceso de impeachment [contra la mandataria electa popularmente, Dilma Rousseff], que en realidad fue un golpe parlamentario judicial. Buscó justificar una necesidad histórica de aprobación de leyes de ajuste promercado muy duras", recalcó el analista.

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    Así, logró sancionar una enmienda a la Constitución que "congeló los gastos públicos por 20 años". También entre los puntos de su agenda se encuentra una reforma del sistema previsional, que quedó suspendida ya que precisa de un apoyo de una mayoría calificada de al menos dos tercios de los legisladores que no ha logrado conseguir.

    Sin embargo, la reforma laboral requería una mayoría simple, que pudo reunir, a pesar de que por las acusaciones de corrupción que pesan en contra del presidente provocó que muchos de sus aliados le retiraran el apoyo. Esto se debe, dijo el politólogo, a que los senadores intentaron diferenciar su apoyo al Gobierno de su adhesión al paquete de reformas.

    Para entrar en vigor, la ley debe ser firmada por Michel Temer, cuya permanencia en la presidencia es incierta debido a los hechos de corrupción en los que presuntamente ha participado. El presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia —uno de los posibles sucesores en caso de que el mandatario sea destituido— ya anunció que su rama del Parlamento no aceptará ninguna modificación en la norma.

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    reforma laboral, Senado de Brasil, Congreso Nacional de Brasil, Rodrigo Maia, Michel Temer, Brasil
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