08:37 GMT +322 Octubre 2018
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    Compañía petrolera nacional PDVSA de Venezuela

    ¿Podrá Venezuela superar el rentismo petrolero?

    © REUTERS / Ivan Alvarado
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    Jesús Millán Alejos
    Jesús Millán Alejos
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    El día 15 de abril de 1914, cuando una compañía de capital norteamericano hizo el hallazgo del pozo Zumaque, se puede catalogar como el inicio de la transformación de Venezuela de un país agrícola y pecuario, en uno productor de petróleo.

    Sin embargo, ya desde 1878 existía en el país una empresa que refinaba y exportaba hidrocarburos llamada Compañía Minera Petrolia del Táchira, fundada por empresarios y agricultores nacionales, casi de manera paralela con la super corporación Standard Oil (1870) del magnate John D. Rockefeller. Se puede inferir que Venezuela históricamente ha estado en la vanguardia de la industria petrolera mundial.

    Más de un siglo de explotación petrolera transformó con sus pro y sus contras, para siempre, la sociedad venezolana, por cuanto su historia política y social va tomada de la mano del avance o retroceso de su principal recurso de exportación, marcador de su economía. Millones de venezolanos dejaron sus conucos, abandonaron sus pueblos de provincia, renunciaron a ser peones y capataces de hacienda para transformarse en los primeros proletarios de la joven nación.

    No les quedó otra opción. Tenían una vida de pobreza y necesidad en el campo, sin escuelas, sin hospitales, sin las mínimas condiciones sanitarias de subsistencia y pasaron a conformar los cinturones de pobreza creados alrededor de los campos petroleros de la Shell y la Creole Petroleum Corporation, entre otros.

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    En fin, se abandonó el campo abandonado (valga el pleonasmo), trayendo consigo el efecto de la monoproducción, la monoexportación y la producción de materia prima. Todos los gobiernos del siglo XX, sin excepción, quisieron defenestrar este flagelo con resultados poco alentadores y poniendo en tela de juicio los pronósticos de eruditos y opinadores, sucumbiendo uno a uno, cada gobernante, a la tentación de despilfarrar el ingreso petrolero en importaciones de los más sofisticados manjares, hasta los más elementales de los alimentos, incurriendo en la enfermedad holandesa.

    Ahora bien, este proceso de degeneración económica no fue en lo absoluto algo espontáneo o natural, totalmente lo contrario, fue premeditado y calculado por los grandes capitales mundiales, que le colocaron a Venezuela un papel periférico de la economía de EEUU, Reino Unido y Holanda.

    Occidente y sus compañías petroleras se aseguraron año a año de colocar, no solamente en Venezuela, sino en América Latina y el Caribe, al más genuflexo, alineado y servil de todos los líderes políticos de la rancia oligarquía criolla en el puesto de presidente o jefe de Estado que iba hacerse de la vista gorda del saqueo de recursos naturales de la región, a costa del sufrimiento de todo un pueblo.

    Todos y cada uno de los golpes de Estado que han tenido luga en Venezuela desde aquella Revolución libertadora del burgués Manuel Antonio Matos en 1901 hasta los atentados terroristas (mal llamados Guarimbas) del año 2017, sin excepción, han tenido una pestilencia a petróleo y las manos imperiales manejando los hilos de aquellas marionetas disfrazadas de estadistas y militares. Todos los intentos fallidos por querer salir del rentismo petrolero desde Cipriano Castro hasta Hugo Rafael Chávez Frías hieden a petróleo.

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    Los poderes fácticos hemisféricos harán hasta la guerra si es necesario para que la principal reserva de petróleo del mundo no deje su papel de segundón y consumidor de cuanto produzca la economía obsoleta y atávica Occidente y no se convierta en un país independiente, autosustentable y soberano; ¿podrá lograrlo Nicolás Maduro?

    No ha habido persona más subestimada en la actualidad que el presidente obrero venezolano, Nicolás Maduro, no hace falta repetir los improperios y señalamientos que incurren sus detractores y críticos mal sanos porque sería rebajar el nivel del análisis. No obstante, ha ideado una estrategia disruptiva para salir de todo un siglo de rentismo petrolero, no es una plan económico más, no es una solución a las tantas vorágines inflacionarias que se han vivido en el pasado para dejar todo como está, es un todo o nada.

    Es, en mi humilde opinión, un salto cuántico económico solamente comparable al que hizo Deng Xiaoping en la República Popular China en 1978.

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    Me atrevo a comparar ambas situaciones, por cuanto la ayuda china al Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica es inédita en América Latina, plagada por las recetas fracasadas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este emprendimiento fuese imposible de aplicar en el mundo unipolar hegemónico, dominado por EEUU. Pero en un siglo de historia hay variables nuevas fundamentales, que no las cambiará las rabietas y los ataques en Twitter de un oligofrénico orate en el Despacho Oval.

    Aunado a lo anterior, se ha hecho una profunda inversión social en 20 años de Revolución en zonas de Venezuela que estaban históricamente depauperadas, como es el medio rural, así como ha habido un fenómeno migratorio hacia el extranjero (producto natural de una crisis económica estructural, experimentadoo hasta por potencias mundiales como Alemania y China).

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    Se está viviendo un proceso de retorno al campo, que alguna vez abandonaron los abuelos y padres de la juventud emprendedora venezolana. El campo cuenta hoy en día con escuelas, instalaciones sanitarias, asfaltado de calles, títulos de propiedad de la tierra donde pisan, medios de comunicación alternativos y el apoyo de un Estado democrático, social de derecho y de justicia.

    En conclusión, la República Bolivariana de Venezuela está aplicando una reforma económica única, sin un solo dólar prestado por parte de las instituciones globales y a espaldas de Occidente, avalado por una nación respetuosa de la autodeterminación de los pueblos y la no injerencia en los asuntos ajenos, como es la República Popular China. Por ello, de funcionar, creará un efecto dominó en la región y, por qué no, en el mundo y su historia. Se explican así los ataques histéricos del 'statu quo' otrora imperante, de allí las amenazas del guapetón de barrio, matón mafioso, cobarde sin argumento.

    Quedará de los venezolanos no repetir los errores del 'Gran Viraje', de los enésimos planes de la nación o, más recientemente, las dilapidaciones de pródigo de la última bonanza petrolera. Que queramos de una vez por todas hacer un país de verdad y no una colonia de nadie, tenemos todo y no hay mejor momento para hacerlo.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

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    Etiquetas:
    industria petrolera, petróleo, Venezuela