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    Desarrollado por Ennomotive, una empresa de ingeniería que ofrece soluciones tecnológicas mediante la innovación abierta, el aparato se produce en Toledo luego de recibir la autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). De diseño sencillo, su concepción es solidaria. Ecuador recibirá las primeras unidades.

    Fue a mediados de marzo, durante el crecimiento de la curva de contagios por COVID-19, cuando el ingeniero Enrique Ramírez, fundador de la empresa Ennomotive, decidió llevar a cabo la iniciativa de crear un respirador artificial que pudiera paliar la escasez de este tipo de equipos ante la avalancha de pacientes que requerían respiración asistida.

    Así que el 18 de marzo, Ennomotive lanzó un concurso internacional de ideas en su página web. Es lo que esta empresa denomina "resolución de desafíos de innovación abierta", una llamada a su comunidad global de más de 21.000 ingenieros para resolver un desafío tecnológico. El desafío lo encarnaba un modelo de respirador cuya fabricación tenía que ser barata, apto para pacientes en estado crítico ingresados en las UCI, y de diseño y componentes sencillos. El proyecto aportado por el veterano ingeniero británico Frede Jensen, resultó el elegido.

    "Lanzamos el concurso y dimos una semana de plazo, pero tuvo una acogida tremenda: 100 participantes y 50 proyectos distintos", cuenta Enrique Ramírez a Sputnik. "Ahí vimos que la solución planteada por Jensen, segura y fiable, era la ganadora". Ramírez detalla que el ingeniero británico "se basó en una tecnología simple, de hace años". No en vano, había sido director de I+D de una empresa de respiradores. "Es un señor mayor, en su momento desarrolló un respirador para neonatos", precisa.

    Del diseño al producto

    Decidido cuál era el mejor proyecto, había que darle forma. Ahí es donde entró en tromba la capacidad del ingeniero Enrique Ramírez y su equipo para buscar empresas y organizaciones colaboradoras.

    "Todo esto estaba en papel, por así decirlo, y nosotros lo plasmamos en un producto físico", explica. "Compramos algunos componentes y rediseñamos algunas cosas, pero la electrónica y el software lo desarrollamos aquí, con unos colaboradores".

    El 25 de marzo se buscó un equipo para acometer la construcción de un prototipo, financiado por Ennomotive.

    "El 15 de abril presentamos el prototipo. Se lo enseñamos a los médicos del Hospital Vithas Arturo Soria, en Madrid", señala este ingeniero, con amplia experiencia laboral internacional. La búsqueda de apoyo financiero comenzó durante la fase de fabricación del prototipo, y con la mediación de FENIN (Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria) se presentó el proyecto a Vithas [grupo sanitario privado de capital 100% español]. "En unas horas nos llamaron, vieron que era algo serio".

    A partir de aquí, Ennomotive, que como empresa sólo tiene cinco años de existencia, contó también con la participación de McFly Technologies, Lyntia, la Universidad Francisco de Vitoria, la Universidad Católica de Valencia, Capital Energy, RiverGo Advisors, Fundación Vithas y la Fundación Ingenieros ICAI.

    ¿Cómo funciona?

    Una de las características del OxyVita es que es "escalable"; es decir, utiliza válvulas de apertura y cierre, piezas disponibles en el mercado. Un procesador doble regula el ciclo de respiración del paciente intubado. Un sistema controla este ciclo y el otro vigila el funcionamiento general del equipo.

    "El diseño es muy sencillo, las válvulas y los componentes también", señala Enrique Ramírez, que precisa que el coste de fabricación es el de los componentes. "La complejidad del sistema se ha trasladado a la electrónica y el software".

    ¿Por qué es tan barato?

    Durante el pico de contagios de COVID-19 en España y la saturación de las UCI de los hospitales en marzo, el número de equipos de respiración artificial se reveló insuficiente, por lo que la adquisición de más respiradores fue un asunto perentorio. Ahí se supo que el precio mínimo de estos aparatos superaba los 20.000 euros, para colmo en un mercado colapsado en el que su precio se exageraba.

    Pero el precio del OxyVita representa todo lo contrario. La sencillez del diseño obra su bajo coste sin perjuicio de la fiabilidad del aparato. "El equipo lleva muy pocos componentes: válvulas, reguladores de presión, un sistema de amortiguación, un medidor de flujo y una batería. Nada más", explica Enrique Ramírez, subrayando que también se incorporó una tarjeta electrónica. Según él, la clave radica en haber eliminado "todo lo que no es fundamental para posibilitar una respiración artificial. Las displays son básicos, de tipo LED, no lleva pantallas digitales. Pero funciona, esa es la estrategia".

    "Es muy importante la manera en la que hemos trabajado con los médicos, que nos dijeron que metiéramos medidas de volumen. Lo hicimos. Fue todo muy rápido, a pesar de nuestras limitaciones, porque a la hora de fabricar nos tenemos que apoyar en un nivel más local".

    El resultado es una construcción robusta, no aparatosa, con una ventaja muy importante: es fácil de usar por personal no cualificado. Y su mantenimiento también. "Nuestra sencillez técnica de partida lo hace fácil de mantener, un técnico de mantenimiento del hospital puede cambiar una válvula", afirma el fundador de Ennomotive.

    Una idea de solidaridad

    El desarrollo del respirador OxyVita debe su plasmación a una iniciativa basada en la solidaridad. "Comparado con otros respiradores de emergencia, nosotros no ganamos dinero. Lo hacemos de manera solidaria", puntualiza Ramírez.

    Cuando la curva de contagios estaba en pleno ascenso en España, surgió la idea del proyecto. "Yo hablé con mi socio, Ramón Ruíz, y le dije: 'Tenemos que hacer algo. No sabemos mucho de respiradores, pero sí alguno de entre nuestra comunidad de más de 21.000 ingenieros'. Financiamos el prototipo, hasta llegar el primero".  

    Ennomotive ha buscado también el apoyo de ONGs como Ayuda en Acción o Médicos Sin Fronteras para destinar a Ecuador 50 respiradores de los 100 que está previsto fabricar. También se está hablando con las autoridades sanitarias de Bolivia, Perú y Honduras, países todos muy afectados por la pandemia y con un sistema sanitario al límite. La autorización por parte de la AEMP llegó el 30 de julio. "Se autoriza un uso compasivo", explica Enrique Ramírez, que afirma haber constatado con estas organizaciones la existencia de países donde se da una situación para este uso: "Un respirador de emergencia cuando no hay otra solución".

    La rapidez y el ensamblaje local, otra ventaja

    En Toledo ya se fabricaron las primeras 10 unidades del respirador OxyVita, luego de superar con éxito las pruebas en laboratorio con animales en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, y obtener la autorización de la AEMP para comenzar los ensayos clínicos en humanos. 

    "Hicimos las pruebas preclínicas con cerdos en el servicio de cirugía experimental, donde el apoyo del teniente coronel Pablo Arias fue fundamental", resalta Enrique Ramírez. La celeridad con la que ha sido creado este equipo de respiración asistida se quiere trasladar a su llegada al mercado. El objetivo es montarlo y probarlo de manera local en los países que lo utilicen.

    Tal y como explican en Ennomotive, "desde España se envía la electrónica con el software integrado mientras que el resto de componentes se aprovisionan en el país de destino". Esta vía, que hace posible que el coste de fabricación sea inferior a 1.000 euros (los respiradores convencionales oscilan entre 9.000 y 60.000), también palía el hecho de que no haya un servicio técnico para este modelo de respiradores.  

    Etiquetas:
    bajo coste, solidaridad, respiración, software, proyecto, Médicos Sin Fronteras (MSF), ONG, Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)
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