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    El simple sonido de una persona masticando puede desencadenar reacciones complejas de quien lo escucha. Su atención se dispara, se altera la conectividad cerebral y un profundo sentimiento de ira despierta desde lo más hondo de las personas que padecen misofonía.

    Tanto en los espacios de trabajo como en el ámbito doméstico —tan confundibles e intercambiables en épocas de COVID-19 y cuarentena— algunos sonidos simples e inevitables, en apariencia inofensivos, pueden desatar la furia más inesperada en personas misofónicas.

    Expertos definen la misofonía como un trastorno que se manifiesta en reacciones emocionales negativas (como el enojo) y desagrado al escuchar ciertos sonidos producidos por otras personas, desde mascar chicle o carraspeos hasta la repetición de clics de un bolígrafo o el golpeteo regular de los dedos. 

    El término deriva de las palabras griegas mísos (odio) y foné (sonido), y con él se alude la aversión que generan ciertos sonidos. Enojo, ira y ansiedad son algunas de las sensaciones descritas por los pacientes frente a los estímulos negativos.

    ¿Qué es misofonía?

    La misofonía aún no es catalogada entre los trastornos mentales, y tampoco hay consenso entre los especialistas para que sea incluida dentro de tal clasificación.

    En 2017, Steven Taylor, psiquiatra y profesor de la Universidad de Columbia Británica, en Canadá, sostenía que aunque la misofonía cumple con los requisitos para ser considerada como un trastorno mental, "la naturaleza y los límites del síndrome no son claros; por ejemplo, en algunos casos la misofonía podría ser una característica de un patrón más amplio de intolerancia sensorial". Asimismo, señalaba la falta de investigación y "trabajo en lo que refiere a la validez del diagnóstico". 

    Más recientemente, investigadores de la Universidad de Ámsterdam (UvA) que ya habían elaborado en 2013 un primer criterio para el diagnóstico de misofonía dieron un paso adelante. Llevaron a cabo una evaluación más exhaustiva de 779 personas con supuestos síntomas de misofonía "para determinar la naturaleza psiquiátrica, somática y psicológica de este problema [la misofonía]". Los resultados fueron publicados en PLOS One.

    En el estudio se observó que:

    • la mayoría de las personas diagnosticadas con misofonía son mujeres (69%),
    • un 33% de los entrevistados indicaron antecedentes familiares de misofonía,
    • el 72% no presentaba otro desorden psiquiátrico adicional (comorbilidad),
    • entre quienes sí presentaban uno o más trastornos comórbidos, depresión era el más común (6,8%),
    • el 26% de los diagnósticos fueron hallados rasgos de personalidad obsesivo-compulsiva, en especial de "alta moralidad y perfeccionismo clínico".

    Ruidos molestos y reacciones intensas

    "Mi padre era muy, muy quisquilloso sobre no hacer ningún tipo ruido, así que no sé si es por naturaleza o por crianza. Pero es espantoso, me siento una persona terrible. Anoche, mi novio y yo cenamos sopa de fideos y es muy difícil comerla en silencio. Él estaba paralizado, tomando conciencia de que yo estaba sentada allí a punto de enloquecer. Pero él es un comensal adorable: no estaría con él si no lo fuera", contó a The Guardian la actriz neozelandesa Melanie Lynskey, conocida por películas como Up in The Air, y series como Two and a Half Men y Togetherness, acerca de cómo llevaba su misofonía.

    La primera de las observaciones parece coincidir con el registro de antecedentes familiares de personas con misofonía. La segunda es una muestra de que los sonidos asociados al acto de comer (chasquidos con los labios, morder una manzana, masticación de alimentos crujientes, deglución, sorber, tragar líquidos, mascar chicle) son el mayor desencadenante de malestar, algo constatado en el 96% de los diagnosticados por el estudio de la UvA.

    Los sonidos nasales y de respiración ruidosa (resoplidos y sonidos de las narinas, estornudos, ronquidos) también son disparadores en el 85% de los casos.

    Otras causas detonantes van desde los ruidos repetitivos —como el clic de un bolígrafo o el sonido de un cortaúñas—, hasta carraspeos, o los sonidos emitidos por los vecinos.

    Además, hay acciones visuales que pueden provocar reacciones misofónicas, aunque su impacto es menor. Sin embargo, la simultaneidad de un sonido y una imagen, como ver una persona mascando chicle, puede acentuar la respuesta negativa.

    Irritación extrema, enojo, y disgusto son las reacciones emocionales más comunes provocadas por los estímulos sonoros negativos en las personas con misofonía. Si bien la ansiedad no suele aparecer como una respuesta primaria, se reportó que la mayoría de los pacientes siente una ansiedad anticipatoria "al pensar en futuras situaciones de misofonía" y en cómo lidiar con ellas.

    ¿Qué pasa en el cerebro de un misofónico?

    El primer estudio en mostrar que en el cerebro de las personas misofónicas suceden cosas atípicas fue realizado por neurocientíficos de la Universidad de Newcastle, en Inglaterra. La investigación, cuyos resultados fueron publicados en Current Biology, consistió en analizar la respuesta cerebral de personas con misofonía mediante imágenes por resonancia magnética. Se registró una actividad inusual en la región del cerebro llamada ínsula anterior, centro de la llamada red de prominencia, que cumple un rol fundamental en el procesamiento de las emociones. Los estudios registraron que los sonidos disparadores de la respuesta de desagrado producen hiperactividad en la ínsula anterior y una alteración en la conectividad de esta área con otras regiones del cerebro. Todo ello se complementa con aumento de la frecuencia cardíaca y sudor en las manos.

    Otro estudio más reciente de la UvA, publicado en Nature, confirmó los hallazgos del estudio de Newcastle. Los investigadores notaron una hiperactividad en la corteza temporal superior derecha del cerebro, asociada a la atención auditiva, con lo que se constató que los sonidos misofónicos aumentan la atención de los pacientes. Concluyen que los desencadenantes audiovisuales provocan una excitación física y una respuesta emocional (ira), y que "los síntomas son mediados por una reactividad aumentada de la red de prominencia, combinada con hipervigilancia que se refleja en una sensibilización de la corteza auditiva".

    Tratamiento

    "El chicle para mí es el punto máximo, la lapicera [bolígrafo] también. Hay un grupo en Argentina que tiene esta patología. Yo, por ejemplo, me subo a un auto y si el señor que maneja está con un chicle me pongo directamente auriculares", señaló la actriz uruguaya Natalia Oreiro, quien padece este trastorno, en una entrevista para la TV argentina.

    La actriz y cantante Natalia Oreiro
    © Sputnik / Victor Vytolskiy
    El comportamiento de Oreiro es el más esperable de una persona que sufre de misofonía. Según los especialistas, todos las respuestas emocionales intensas que generan los disparadores causados por otras personas resultan en "preocupación y evitación".

    Para las personas misofónicas, las formas más comunes de atenuar el impacto de las situaciones molestas es escuchar música y alejarse de los disparadores, incluso utilizar tapones para los oídos, según han revelado las encuestas con pacientes.

    Sin embargo, no es una solución definitiva, y tampoco es posible atemperar el malestar mediante estas actos en todas las situaciones. Algunos especialistas afirman que la misofonía puede ser tratada con terapia cognitiva conductual. En su tesis doctoral, Arjan Schröder, psiquiatra e investigador de la UvA, presentó un estudio realizado a 90 pacientes con misofonía. Estos fueron sometidos a sesiones grupales de terapia que incluían ejercicios de concentración, contracondicionamiento, manipulación de estímulos y ejercicios de respiración. En la mitad de los casos, los síntomas de misofonía se redujeron.

    Etiquetas:
    comportamiento, salud mental, trastornos, sonidos
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