11:47 GMT +322 Octubre 2018
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    Elecciones en Brasil

    Brasil: Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, favoritos en la primera vuelta

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    Alfredo Jalife-Rahme
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    La mayor democracia de Latinoamérica está fracturada y se encamina a una bifurcación en sus elecciones que la llevarán inexorablemente a dos extremos: la derecha militarizada con el capitán de reserva Jair Messias Bolsonaro y la izquierda progresista de Fernando Haddad ungido como sucesor de Lula. Su resultado impactará en toda Latinoamérica.

    Están en juego la Presidencia, todos los 513 miembros de la Cámara Baja, dos terceras partes de los 81 asientos del Senado, así como gobernadores y legisladores en todos los 27 Estados.

    El presidente de EEUU Richard Nixon solía decir en la década de los 70 que Latinoamérica será lo que sea Brasil.

    El presente de los 33 países de Latinoamérica —con casi 620 millones de habitantes— es tétrico en sus cuatro rincones, por lo menos en sus tres principales geoeconomías —Brasil, México y Argentina— donde se salvan muy pocos países relativamente diminutos como Bolivia, Uruguay, Paraguay, Panamá y Costa Rica.

    Latinoamérica es imagen y semejanza de Brasil, su país más grande (8,5 millones de kilómetros cuadrados) y su mayor población: 207 millones, 33% de Latinoamérica. Pese a sus descalabros, todavía conserva un sitio respetable como la novena economía en el PIB mundial.

    Jair Messias (su segundo nombre real) Bolsonaro es un evangelista cristiano que mezcla el conservadurismo social militarizado con el neoliberalismo financierista. Su principal consejero económico es Paulo Roberto Nunes Guedes, monetarista de la Universidad de Chicago quien pregona la privatización de todas las empresas estatales, en especial la joya de la corona: Petrobras, además de Embraer y otras.

    Bolsonaro propone una radical simplificación de los impuestos y la reducción de los ministerios de 29 a 15 en la que los generales jugarían un rol prominente.

    La revista globalista The Economist maltrata a Brasil: "su economía es un desastre, las finanzas públicas se encuentran presionadas y la política está podrida hasta el fondo" con el "crimen callejero en ascenso", cuando "siete ciudades de Brasil representan las 20 más violentas del mundo".

    Hoy Brasil ostenta la peor recesión de su historia cuando "su PIB per cápita se contrajo 10% en el periodo de 2014-2016" con una "tasa de desempleo del 12%".

    Stratfor, que es como la CIA de las trasnacionales de EU, expone que el PIB de Brasil se desplomó 8% entre 2015 y 2016, lo que empujó el desempleo del 6 al 13%.

    Las reservas de Brasil de 380.000 millones de dólares son muy respetables y su grave problema es que los beneficios de las pensiones —se jubilan a los 50 años con pleno salario— se comen más del 90% del presupuesto federal.

    Además: Más de 147 millones de personas están convocadas a votar en Brasil

    El problema del candidato de origen libanés Fernando Haddad, de religión cristiana ortodoxa, es que parece, si es que no lo es, la marioneta de Lula, una percepción de la que ha intentado deslindarse.

    Curioso: ninguno de los dos finalistas es católico en un país con 64,6% de católicos frente a 22,2% evangelistas y 0,6% de cristianos ortodoxos, lo cual afecta a Haddad. Hoy el juego decisivo está en manos de los católicos en Brasil, considerado el primer bastión del Vaticano en el continente americano.

    Bolsonaro atrae a un sector importante de las clases altas y medias que imputan a Lula y a su Partido el Partido de los Trabajadores (PT) las turbulencias brasileñas.

    Lo más interesante es que su compañero de lista como candidato a vicepresidente es el general retirado Hamilton Mourao, de mayor rango que Bolsonaro, lo cual significa una alegoría kafkiana de un país puesto de cabeza.

    La mentalidad brasileña sobre el determinismo de su imperante corrupción se resume en la frase: "rouba, mas faz" (roba, pero cumple, en español)".

    La endeble estructura de la democracia neonata brasileña es proclive a la ingobernabilidad con un poderoso Congreso donde el presidente de turno necesita crear coaliciones para que aprueben sus iniciativas en un país donde las traiciones se han vuelto la regla como sucedió con el actual vicepresidente Michel Temer, quien vendió a su 'aliada' Dilma Rousseff por 33 monedas de cobre.

    Este 'presidencialismo de coaliciones' obliga a una serie de tratativas entre un presidente y un Congreso fragmentado en donde se genera una subasta seductora para conseguir una mayoría que promueve una monumental corrupción funcional desde la cúpula del poder.

    La disección política refleja una fractura entre sus incompatibles tres poderes —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— que luchan en forma salvaje por el poder supremo cuando hoy los poderes Judicial y Legislativo se han dado el lujo de encarcelar a Lula, el líder más popular de Brasil, y remover a su sucesora y poco carismática Dilma Rousseff, mientras que el poder militar, que ya 1964 a 1985 (una generación) no oculta su malestar y su inclinación golpista con el fin de tomar medidas draconianas y así encaminar al país a su normalidad extraviada.

    Los dos finalistas para la segunda vuelta del 28 de octubre exhiben la misma fractura: Bolsonaro y Haddad ostentan dos cosmogonías diametralmente opuestas. El primero, de extrema derecha militarista, y el segundo, de una progresista izquierda nostálgica muy difícil de aplicar mientras perviva el modelo neoliberal financierista controlado por Wall Street y La City.

    Las reformas han sido timoratas, como la eliminación de donativos de las empresas a los partidos —que recortó el costo de la elección en 80%—, así como el congelamiento del despilfarro federal.

    Bolsonaro no es un hombre de reformas y su formación militar no es muy dada a negociar, sino a imponer verticalmente sus proyectos.

    A nivel del Congreso, Brasil se ha argentinizado con una plétora de partidos que pasaron de 7 en 1988 a 35 a la fecha. Hoy 28 de los 35 se encuentran representados y gozan de financiamientos y publicidad gubernamental. ¿Se puede gobernar con una democracia partidista tan pulverizada?

    Un sistema sui generis radica en su "representación proporcional de lista abierta" cuando los excedentes de votos de un candidato pueden ser trasladados a los asociados en su coalición: el 'efecto Tiririca', debido a que un payaso (literal) obsequió el exceso de sus votos para beneficio de tres diputados de su coalición.

    El escandalo de Lava Jato puso en la picota a toda su clase política, y que había iniciado con el escándalo Mensalao, sobornos que implicaron a 38 exfuncionarios, empresarios y banqueros mancillados en una red de compra de votos en el Congreso, practicada entre 2012 y 2015 por el PT.

    Según los sondeos previos a la elección del 7 de octubre, los favoritos son Bolsonaro, que subió a 35%, seguido por Haddad quien se encuentra a 10 puntos de distancia, lo cual no es definitivo ya que la segunda vuelta del 28 de octubre marcará el verdadero destino de Brasil donde el 'factor Lula' seguirá pesando para que Haddad sea más competitivo y en un descuido descuelgue la Presidencia. Stratfor coloca a Bolsonaro con una magra ventaja de 6 puntos sobre Haddad.

    Haddad, pese a ser un académico del marxismo, se ha corrido al centro del PT para jalar el mayor número de votos y se ha distanciado de las políticas de Rousseff, por lo que favorece mayores acuerdos de libre mercado.

    La fuerza de Haddad radica en que goza de mayor apoyo en el Congreso que su contrincante Bolsonaro cuyo Partido Liberal Social hoy controla solamente 9 de los 513 asientos.

    Lo más relevante radica en las futuras relaciones de Brasil con los BRICS y con IBSA cuando Trump practica un neomonroísmo geoeconómico para sacar a China del continente americano.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    elecciones presidenciales, Fernando Haddad, Jair Bolsonaro, Brasil