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    La Reserva Federal: su fracaso financiero con el espejismo del 'fracking'

    CC BY 2.0 / UKBERRI.NET Uribe Kosta eta Erandioko agerkari digitala / .
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    Alfredo Jalife-Rahme
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    La connotada investigadora de la UE Bethany McLean expone la verdadera historia del impacto del 'fracking' o fracturación hidráulica sobre Wall Street, la geopolítica y la economía. Esta tecnología le habría otorgado a EEUU su "independencia energética" y ayudaría al país norteamericano a dejar atrás a Rusia y Arabia Saudí.

    Bethany McLean —matemática de formación quien inició su carrera como analista de Goldman Sachs, poderoso banco de inversiones de Wall Street— exhumó el pestilente fraude de la gasera texana Enron y ahora expone el fracaso del 'fracking', solapado por el financiamiento espurio de la Reserva Federal, el conglomerado de bancos privados que opera como Banco Central.  

    El libro que escribió sobre Enron "Los muchachos más listos en el cuarto: el asombroso ascenso y el escandaloso desplome de Enron" fue objeto de un documental que fue nominado al Oscar.

    McLean anticipó el mega-escándalo de la quiebra de la texana Enron, vinculada en ese entonces al nepotismo dinástico de los Bush, en especial a Baby Bush.

    Hasta la primavera de 2001, la perniciosa propaganda de los desinformativos multimedia de EEUU habían entronizado a Enron como el ícono de la 'Nueva economía' y quebró el mismo 2001 el 2 de diciembre.

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    Enron constituyó un sonoro fraude contable que llevó a la humillante desaparición de la firma de auditoria Arthur Andersen.

    McLean, 17 años después, coloca su ojo clínico en el espejismo del 'fracking', que narra en su libro "América Saudí: la verdad sobre el fracking y cómo está cambiando al mundo". 

    Resume su libro en un ensayo para The New York Times: "La próxima crisis financiera acecha en el subsuelo: alimentado por deudas y años de crédito fácil, el auge de la energía de EEUU se encuentra con un pie tambaleante".

    Aduce que los "más escépticos del 'fracking' se encuentran en Wall Street" ya que los "fundamentos financieros de la industria del 'fracking' son inestables". Lo peor: "los operadores del 'fracking' no han probado que pueden ganar dinero".

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    El 'fracking' se ha vuelto un agujero negro financiero que tiene tintes de engaño con el fin de "reconfigurar la geopolítica" y eliminar la dependencia de Europa al gas ruso. Este punto es crucial ya que Trump ha intentado alejar a Alemania para detener la construcción del gasoducto Nord Stream 2 para que EEUU, posicionado como exportador neto del 'shale gas', supla las necesidades energéticas de Berlín.

    McLean —que hoy colabora con Vanity Fair— sostiene que existe una "extensa preocupación sobre el impacto del 'fracking' en el medio ambiente, la contaminación del agua y los sismos".

    Hay algo "todavía más importante", pero menos conocido: la esterilidad de sus ingresos financieros.

    La periodista cita a Jim Chanos, director de un 'hedge funds' (fondos de cobertura de riesgo): "la industria tiene una muy mala historia de recibir mucho dinero, pero de nunca obtener ganancias".

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    Según McLean, las "60 empresas más grandes de exploración y producción no generan la suficiente liquidez financiera para cubrir sus gastos operativos y de capital", al grado tal que Chesapeake Energy, una de las pioneras del 'fracking', ha colectado 30.000 millones de dólares de Wall Street mediante la venta de activos y de tratativas que recuerdan los manejos fraudulentos contables de Enron.

    McLean deja abierta la duda sobre la extraña muerte de Aubrey McClendon, anterior mandamás de Chesapeake, en el verano del 2016 que a su juicio "marca el fin de la industria del 'fracking'".

    También cita a David Einhorn, otro célebre director de 'hedge funds', quien escudriñó los estados financieros de 16 empresas de exploración y producción que de 2006 a 2014 gastaron 80.000 millones de dólares más de lo que recibieron de su venta del 'shale gas'.

    La investigadora coincide con los hallazgos de mi libro 'Las guerras globales del agua: privatización y fracking': "una razón clave de los terribles resultados financieros es que los yacimientos de 'shale gas', que son el motivo de la fracturación hidráulica, exhiben una empinada tasa de declinación" cuando "la cantidad de 'shale gas' que producen en el segundo año es drásticamente mas pequeña que la cantidad producida en el primer año".

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    Un economista de la filial de la Reserva Federal en Kansas City expuso que la producción promedio de un yacimiento en Bakken (Dakota del Norte) "declina 69% en su primer año y más del 85% en sus tres primeros años".

    La única manera de paliar la abrupta declinación del 'fracking' es mediante inmensas inversiones cada año.

    Sin tapujos, McLean imputa el auge del 'fracking' a la Reserva Federal ya que propició el récord de bajas tasas de interés después de la crisis financiera de 2008 para sostener las "voraces necesidades de capital" de la industria del 'fracking'.

    McLean cita a Amir Azar, del Centro de la Política Global de Energía de la Universidad de Columbia, quien calculó en forma asombrosa que la deuda neta de la industria del 'fracking' en 2015 era de 200.000 millones de dólares: un incremento del 300% desde 2005.

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    Para Amir Azar, el "real catalizador de la revolución del 'shale gas'" fueron las "tasas de interés súper-bajas en la era posterior al 2008".

    McLean no se detiene en exhibir la 'fragilidad' de la industria del 'fracking' y señala que los 'titanes' —los jerarcas de las empresas financieras de "capital privado (private equity)"— han realizado inmensas fortunas debido a trucos financieros muy vistos y/o a la especulación con la tácita anuencia de la Reserva Federal.

    Después de su grave crisis en 2014, luego del golpe que le propinó Arabia Saudí al abatir los precios mediante el alza de la producción de la OPEP, el 'fracking' ha resurgido en la región de la cuenca Permian (la zona de la parte occidental de Texas y el sureste de Nuevo México) es probable que contenga la suma colosal de 75.000 millones de barriles, detrás del mayor yacimiento del mundo en Ghawar (Arabia Saudí).

    McLean apunta que hoy el 35% del total de las empresas de 'fracking' es realizado por empresas apuntaladas por los fondos de 'private equity' y arguye que "mientras las empresas sean capaces de vender acciones al público o vender sus empresas a otras que ya son públicas, cada uno en esta larga cadena financiera, desde los proveedores de fondos de los 'private equity' hasta los ejecutivos, podrán continuar haciendo dinero", lo cual rememora la burbuja del internet dotcom.

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    La mujer señala que "hoy EEUU es el mayor productor de gas natural del mundo, además de ser una potencia petrolera, dispuesta a eclipsar tanto a Arabia Saudí como a Rusia".

    La autora del libro señala que "estos días, la retórica de la 'independencia energética', significa que EEUU no depende de nadie por su petróleo, ni siquiera de Arabia Saudí o la OPEP, y está en perfecta armonía" con el mantra de Trump: 'Hacer a EEUU grande de nuevo'.

    McLean concluye que "la retórica no produce ganancias, y la mayoría de las cosas que son insostenibles económicamente" —desde la burbuja del 'dotcom' de las empresas de internet en el año 2000, hasta las tóxicas hipotecas 'subprime' del 2008— eventualmente acaban en un amargo fin.

    La periodista no menciona nada de la reciente captura de pletóricas reservas de petróleo en las aguas profundas de México (golfo de México) privatizadas por las petroleras de EEUU: un verdadero triunfo geopolítico conseguido por Obama y Hillary Clinton.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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