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    Una rata (imagen referencial)

    París bien vale un raticida

    CC BY 2.0 / Brian Boucheron / Rat or Mouse?
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    Luis Rivas
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    Hasta hace poco tiempo, las ratas inundaban París solo en las novelas negras de los excelentes escritores franceses de ese género. Pero la ficción se ha hecho realidad y en muchos barrios de la capital francesa los roedores campan a sus anchas ante el asco de parisinos y turistas, y la incapacidad de las autoridades para poner fin a la plaga.

    Las ratas, por supuesto, han llegado también a twitter. El último ciudadano en dejar su protesta en esa red social incluye una fotografía de la placa de una calle a la que se le ha adosado la foto de una rata, y que ha sido rebautizada como "Alameda de las ratas", por un vecino desesperado, pero con humor.

    La instantánea está tomada en el distrito XIII de París, en una zona al borde del Sena, donde algunas personas rebuscan en las basuras de los restaurantes allí ubicados. Los vecinos coinciden en señalar que los animales se les acercan sin ningún miedo, sabedores de que han tomado el territorio de la que los franceses consideran la ciudad más bella del mundo.

    Porque la "invasión" —así es calificada por las asociaciones locales— afecta también, y sobre todo, a los barrios del centro turístico de la capital. Se calcula que más de cuatro millones de roedores viven en París, desafiando las inútiles medidas que los responsables de la ciudad han aplicado hasta ahora.

    "Denuncia una rata"

    El alcalde del distrito XVII, Geoffroy Boulard, miembro del partido conservador Los Republicanos (LR) ha lanzado este mes una campaña denominada "Denuncia una rata", a través de una página web donde los habitantes de la zona pueden señalar la presencia de un animal entre las 9.00 y las 18.00. Las ratas, está comprobado, no tienen horarios tan rígidos como los funcionarios. Pero Boulard no acepta bromas. Dice haber actuado así porque una guardería del barrio estaba infectada de ratas, conviviendo con los niños de corta edad.

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    En el Pont Neuf, franceses y turistas certifican su amor atando candados a la barandilla metálica del puente. Antes fue en el Pont des Arts. Estamos en el distrito VI, uno de los más visitados y chics. Mientras las parejas se encadenan espiritualmente, miles de ratas observan desde debajo, en un pequeño parque donde han encontrado refugio. A la entrada, el ayuntamiento ha instalado paneles: "Stop a las ratas".

    La alcaldesa de la capital, Anne Hidalgo, es objeto de todas las críticas y se encuentra en el centro de ataques por diferentes motivos, pero al asunto de las ratas enerva especialmente a los vecinos y a los responsables del turismo. Ratas en Notre Dame, ratas juntos los muelles de los libreros, ratas felices de disfrutar de la basura dejada por visitantes en cualquier calle… Las ratas ya no viven solo en las alcantarillas, su hábitat habitual, sino que han optado por construirse alojamientos en los parques de la ciudad.

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    Los servicios del ayuntamiento han gastado más de un millón y medio de euros desde 2017 para frenar la proliferación de estos animales, pero con escaso éxito: trampas sofisticadas o venenos propios de agentes secretos no consiguen detener la explosión demográfica de las ratas parisinas. El último grito en trampas atrae a sus víctimas con croquetas para gatos o galletas para humanos. Cuando el glotón roedor entra en el cubículo, su peso activa un mecanismo que le hace caer en un líquido alcoholizado, en el que morirá. Un final que más de un humano soñaría.

    Los científicos se han puesto también manos a la obra. Muestras de ADN de los roedores son estudiadas en un laboratorio de la ciudad de Lyon para estudiar su genoma y dar con el remedio adecuado para eliminar la plaga.

    Terrorismo, Unión Europea y vikingos

    Hace años, pisar la cuidada hierba de los parques de París era un delito que se pagaba con una multa. La democratización del espacio público —término que utilizaría un sociólogo de izquierda— ha propiciado de rebote la "democra-ratización" de las zonas verdes. A la gente le gusta hacer picnic al sol y le atrae menos recoger los desechos que han producido. Las ratas solo tienen que esperar su turno para pasar a la mesa.

    El terrorismo contribuye también a su manera. Las papeleras son ahora transparentes y se convierten en vitrinas de lujo que familias enteras de ratas admiran babeantes. Y, por supuesto, la Unión Europea y sus normas de obligatorio respeto no ayudan a poner fin al fenómeno. Los sabios de Bruselas han forzado a cambiar el plástico con que los cables eléctricos estaban recubiertos, por un material confeccionado con almidón de maíz, un plato exquisito para las ratas.

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    Según explicaba Le Figaro, hace pocos meses, la rata negra (Rattus rattus), considerada como una de las principales propagadoras de la peste en África y Asia Central fue suplantada en Europa por la rata marrón (Rattus norvegicus), llegada del norte del Continente en los barcos de los vikingos, desde el siglo IX. Son sus descendientes los que pululan hoy por París. Los especialistas las consideran muy bien organizadas y jerarquizadas, dominadas por machos alfa y hembras de cierta edad, "ratas cougar", podríamos calificar a estas últimas.

    "Paren el genocidio de ratas"

    Pero estamos en Francia, patria autoproclamada de los derechos humanos y donde, inevitablemente, también hay grupos que defienden el derecho a la vida de estos animales. Más de 20.000 personas firmaron el manifiesto "Paren el genocidio de ratas", lanzado por una psicóloga de niños parisina que se explica así: "se mata sin piedad a estas desgraciadas; hay que parar la masacre; hay que implementar una política anticonceptiva".

    Francia tiene también una industria editorial envidiable y no podía faltar un libro como "De ratas y hombres", escrito por el experto Pierre Falgayrac, donde se denuncia que los roedores siempre tienen un papel negativo en el cine y los dibujos animados. El autor debe desconocer que en las célebres Pixie y Dixie o Tom y Jerry, series animadas de Hollywood que la mitad de Occidente devoró en los años 60 y 70, los ratones eran protagonistas estelares. Sin contar a Mickey, el Super ratón, o Speedy González, cuyo éxito con las féminas levantaba el odio de sus congéneres.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    roedores, plaga, basura, medio ambiente, ratas, animales, ecología, París, Francia