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    España prorroga el estado de alarma por el coronavirus (165)
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    En Valdelacalzada (España), el tiempo se ha detenido. El coronavirus ha ralentizado el ritmo de esta localidad de la provincia de Badajoz. Sin embargo, algunas noches se intuye vida en este pueblo. Y es que, cada tres días, al salir la luna, vuelve el ajetreo con la desinfección de sus calles. Pero, la labor no depende de los militares.

    A base de agua y lejía, Valdecalzada lucha contra el coronavirus con la ayuda de seis tractores. Estas máquinas cargan equipos atomizadores, usados para nebulizar las explotaciones agrícolas, con los que esparcen la mezcla con la pretenden dejar limpias las calles y plazas de la población.

    Semanas atrás, en marzo, varios vecinos del pueblo se enfundaron sus trajes de fumigación y se unieron a las tareas de desinfección de la localidad. Todos son agricultores que abandonaron las protestas de principios de años para cerrar filas contra el SARS-CoV-2.

    Y no solo sucede en Badajoz. "Esto lo hacemos en toda España, incluido Madrid, donde los tractores salen a desinfectar polígonos", comenta Lorenzo Ramos, agricultor, vecino de Valdelacalzada y secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA).

    Cada semana cambia el aire puro de la Vega Baja del Guadiana por el asfalto de Madrid, donde se encuentra la sede del sindicato. Sin embargo, siempre vuelve a su pueblo. Una localidad que vive de la agricultura, una de las llamadas actividades esenciales y cuyos trabajadores no han dejado de laborar.

    —El sector primario es uno de los que no se ha detenido desde que comenzó el estado de alarma, ¿se han tomado medidas de seguridad en el campo?

    —Aunque tenemos la ventaja de estar al aire libre, guardamos todas las medidas de seguridad. Por ejemplo, ahora, durante el aclareo, sí antes estaban dos trabajadores por árbol, ahora se pone uno por cada línea de árboles. Además, los traslados a las fincas se realizan de dos en dos, todo el mundo trabaja con sus guantes, su mascarilla…Todo lo necesario para evitar contagios. Eso sí, de momento, se han producido pocos. En el campo se trabaja bastante en soledad, por lo que prácticamente no hay.

    —A pesar de eso, ¿hay miedo a la infección entre los trabajadores?

    —Sin duda, hay miedo. Al principio parecía que no iba a llegar. Incluso, nos lo tomábamos más a la broma. Pero, ahora, se guardan las distancias en las áreas rurales. Conozco a gente que trabaja en Madrid, que lo ha contraído y lo ha pasado bastante mal. Incluso, sé de gente que ha muerto. Es muy importante seguir las recomendaciones de los médicos.

    —¿Cómo está afectando en términos de producción el coronavirus a las actividades agrarias?

    —Nos pusimos desde el primer momento a trabajar a disposición de toda la sociedad. Cuando esto apareció en España, estábamos en plena campaña de movilizaciones por todo el país. Habíamos pasado un 2019 muy malo en todos los sectores agrícolas, principalmente por los precios tan bajos de los productos. Pero, inmediatamente cortamos las protestas cuando vimos que estaba pasando con el virus en España.

    Así, pasamos de estar en las carreteras y las grandes movilizaciones a los campos para dar tranquilidad a los ciudadanos que, en un principio, fueron a los supermercados para comprar de todo. Algunos tuvieron miedo de encontrarse las estanterías vacías, sin embargo, desde el inicio de la crisis sanitaria, trabajamos para que no faltaran alimentos. Lo hemos conseguido y a día de hoy en España no hay ningún problema de abastecimiento.

    No obstante, no todos los sectores están trabajando de la misma manera. Hay algunos a los que el coronavirus ha frenado. En otros, como en el de hortalizas, la demanda ha crecido.

    —¿A qué sectores ha ralentizado?

    —Por ejemplo, los ganaderos que se dedican a la crianza de cochinillos, corderos y cabritos han visto como sus ingresos disminuían desde el inicio de la cuarentena. La mayor parte de su producto lo venden a restaurantes y el cierre de estos ha hecho que pierdan su principal salida comercial.

    También está siendo muy afectado el sector de las flores y las plantas ornamentales. Precisamente, en mi familia contamos con una empresa que se dedica a esto y es ahora, en primavera, cuando facturamos entre el 60% y el 70% de lo que ganamos en el año. Se ha juntado el cierre de floristerías y de los mercados locales con la cancelación de eventos y fiestas. No hay bodas, ni entierros. Ni Fallas, ni Semana Santa. Perdimos el Día del Padre y seguramente pase lo mismo con el de la Madre, que es ahora el primer domingo de mayo. Para que no se nos estropeen las llevamos al supermercado del pueblo para que las regalen a los clientes. Tendremos grandes pérdidas.

    Además, hay otros que están sufriendo especulación. Por ejemplo, en el sector lácteo está entrando mucha leche de fuera, mientras que en España hay a ganaderos a los que no se les está recogiendo la suya. También ha pasado con la patata tras la llegada de barcos llenos de estos tubérculos que, además, estaban en mal estado.

    Esto lo vamos a denunciar, porque no podemos permitir que se especule en una situación así. No vamos a permitir que un par de interesados se aprovechen de esta crisis, como hacen con todas.

    —Me imagino que serán de sus principales reclamaciones a las administraciones…

    —Por supuesto. Hay sectores que necesitarán ayudas importantes, más allá de las ayudas a los autónomos a nivel general, porque hay gente que lo va a perder todo. Por ejemplo, nosotros si pasa este mes y no hemos vendido nada, habremos perdido la cosecha entera de flores.

    Además, remarcamos que los agricultores y ganaderos no podemos seguir trabajando en el campo produciendo alimentos sanos y seguros y cada vez cobrar menos por ellos. No puede ser que distribuidores, almacenistas y transportistas ganen dinero y nosotros nada.

    Es cierto que el Gobierno cambió la Ley de la Cadena Alimentaria para impedir que en ningún eslabón de esta cadena se pueda pagar por debajo de lo que cuesta producir. Por eso, pedimos que esto se vigile y se cumpla. Que el agricultor pueda cobrar lo que le costó producir. Lo que no puede ser es lo que pasó el año pasado en el sector de las hortalizas, en el que los agricultores recibieron el 50% de lo que invirtieron en la cosecha. Eso lo aguantas un año, más no.

    —A nivel laborar, el Gobierno permitirá que la población en paro pueda compatibilizar el cobro de la prestación por desempleo con el trabajo en el campo. Además, alargará los permisos de trabajo de los inmigrantes que finalicen el 30 de junio. Son medidas pensadas para las explotaciones agrícolas, ¿qué opina de ellas?

    —Son muy positivas, ya que es bueno tener disponibilidad de trabajadores para que se puedan recoger todos los alimentos. Además, ayudará a muchas personas que este año no podrán trabajar en el sector turístico.

    No obstante, yo creo que estas medidas serán útiles de cara a junio o julio, para las cosechas de Aragón o Cataluña, porque ahora mismo, no hay problemas de falta de mano de obra. Mismamente, en Extremadura, en estos momentos estamos en fase de aclareo, que es cuando más trabajadores se requieren y tenemos personal más que suficiente. Es más, hay gente que no puede ir, porque no hay suficiente trabajo.

    —Otro actor que interviene en la situación del sector agrícola y ganadero español es la Unión Europea.

    —Y tiene que cambiar sus políticas agrarias. Tiene que reconocer que nuestra agricultura y ganadería es necesaria, ya sea para paliar crisis alimentarias o para luchar contra la despoblación. Precisamente, las explotaciones familiares son las que fomentan que las personas se queden a vivir en núcleos pequeños, además de mantener el campo cuidado.

    La Unión Europea tiene que mantener un presupuesto fuerte para garantizar la política agraria y tener un sector primario potente. Para ello, hay que ayudar a los agricultores profesionales y eliminar las ayudas a los 'cazaprimas', propietarios de fincas, que, por tomar unos años de referencia, están recibiendo subvenciones por no hacer nada.

    Además, se tiene que impulsar el campo entre los jóvenes. Esto es un compromiso con el territorio, porque si no hubiésemos estado nosotros, todos los productos habrían venido de fuera y entonces sí que hubiera habido problemas de desabastecimiento. En una crisis de esta magnitud, sí se piensa que todo va a venir de fuera, cuando todos los países están afectados, vamos mal.

    Solo hay que pensar que hace tan solo cuatro años, unas heladas muy fuertes en Italia y el Levante español provocaron problemas para abastecer de hortalizas al país. La gente no podía comprar un kilo de calabacines, si eso, encontraba un calabacín.

    —Entonces, la respuesta al abastecimiento de alimentos pasa por cuidar las explotaciones internas de cada territorio…

    —Claro, por ahí y por mantener un mercado saludable. Es más, me gustaría hacer un llamamiento. Creo que ahora sería un buen momento para levantar cualquier tipo de sanción sobre productos agrícolas. Es el momento de arrimar el hombro y de dejar que la alimentación fluya y que nadie esté privado de consumir verduras, frutas o carne.

    Siempre fui crítico con la imposición de sanciones que realizó la Unión Europea y creo que estas solo perjudican a productores y ciudadanos.

    Los agricultores y ganaderos no deberíamos ser los paganos de las guerras políticas. Ni con Estados Unidos, ni con Rusia.

    —No sé sí dejarán de ser paganos, pero al menos recibirán el apoyo de la ciudadanía por mantener los supermercados llenos.

    —Nosotros creemos que debería ser así, porque lo estamos demostrando. Si que es verdad que con las movilizaciones mucha gente nos escuchó y apoyó. Por primera vez salimos en medios de comunicación y no era por una crisis alimentaria.

    La gente se ha dado cuenta que somos necesarios. Que nuestro trabajo no se puede banalizar y que tras cada alimento hay semanas, incluso años, de esfuerzo. Esperemos que cuando todo esto pase, no se olviden de nosotros. Que la leche sale de una vaca, no de un tetrabrik.

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    Unión Europea, sanciones, agricultura, España, coronavirus, coronavirus en España, coronavirus en Europa
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