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    El metro de Madrid (imagen referencial)

    Madrid, hacia la vanguardia europea en el retroceso medioambiental

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    Medioambiente
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    MADRID (Sputnik) — Madrid va camino de convertirse en la primera gran capital europea que revierte sus planes de transformar la ciudad en zona de bajas emisiones, programa que salvó a España de sanciones por parte de la Unión Europea y que el nuevo alcalde de la ciudad, José Luis Almeida, pretende derribar.

    Almeida tomó posesión el pasado 15 de junio, gracias a un pacto con liberales y ultraderechistas, sucediendo así a la anterior alcaldesa, la izquierdista Manuela Carmena, que dedicó buena parte de su acción de gobierno a implantar Madrid Central, una iniciativa para transformar casi la totalidad del distrito centro de la ciudad (472 hectáreas) en una zona de bajas emisiones.

    Para ello, el plan restringe en dicha área el tráfico de vehículos, con excepción para residentes, transportes públicos y los vehículos menos contaminantes.

    Dos días después de que Almeida asumiera el cargo, la nueva administración municipal anunció que desde el 1 de julio se dejará de multar a los vehículos que entren en la zona restringida sin cumplir esos requisitos, lo que supone una derogación de facto de Madrid Central.

    Los ataques a Madrid Central fueron uno de los caballos de batalla del PP durante la campaña previa a las elecciones locales, hasta el punto de que su candidata a gobernar la región, Isabel Díaz Ayuso, llegó a afirmar que la congestión del tráfico es parte de la identidad de la urbe.

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    Para defender el desmantelamiento, el nuevo consistorio afirma que Madrid Central estaba fracasando a la hora de mejorar la calidad del aire y, además, argumenta que las restricciones provocaban múltiples problemas a los vecinos y comerciantes de la zona.

    ¿El plan era eficiente?

    El colectivo Ecologistas en Acción publicó el pasado mes de mayo un informe en el que hace balance de la aplicación de Madrid Central, en vigor en noviembre de 2018.

    Dicho informe explica que los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) recogidos en mayo en la red que mide la contaminación fueron los más bajos desde 2010, fecha en que se iniciaron las mediciones, a pesar de que en ese periodo solo llovió un día.

    El valor medio en el mes de mayo correspondió a 22 microgramos de contaminante por metro cúbico de aire, también el valor mensual más reducido desde que existen registros en Madrid.

    "En los siete meses que Madrid Central estuvo en vigor se demostró que era muy eficaz, incluso más de lo que se preveía: en números redondos se redujo a la mitad la concentración de dióxido de nitrógeno", explica a Sputnik uno de los expertos en Calidad del Aire de Ecologistas en Acción, Juan Bárcena.

    Este activista explica que Madrid Central "no resolvía todos los problemas", pero sí suponía "empezar a andar el camino" para reducir la contaminación en la ciudad.

    "Es una lástima que algo que no tiene contraindicaciones se elimine por un empeño político para cargarse el legado de otro partido, todo ello sin ningún respaldo científico, ya que ninguna autoridad en la materia apoya el desmantelamiento", añade Bárcena.

    En el mismo sentido se expresa Pilar Vega Pindado, consultora de movilidad sostenible y profesora de Geografía de la Universidad Complutense, quien tampoco compra el discurso de Almeida sobre las presuntas "molestias" asociadas a Madrid Central.

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    "La mayoría de los vecinos, por no decir todos, están muy de acuerdo con las medidas", señala, en tanto destaca que, además de una mejora en la calidad del aire, Madrid Central supuso "una reducción del tráfico" y, por consiguiente, una reducción de la contaminación acústica.

    Una cuestión de salud

    Según Vega Pindado, Madrid Central no suponía un modelo de movilidad radicalmente diferente para la ciudad, pero sí añadía criterios que priorizaban la salud de sus habitantes.

    En ese sentido recuerda que "existe una relación directa entre la emisión de partículas en suspensión y óxidos de nitrógeno a la atmósfera y la perdida de salud de las personas que residen en zonas contaminadas", lo que provoca un "ascenso de las muertes prematuras cuando se superan los umbrales legales".

    Los datos más recientes de la Agencia Europea de Medioambiente atribuyen a la mala calidad del aire alrededor de 44.000 muertes anuales en España.

    "Las medidas deben permanecer, especialmente cuando buscan un objetivo universal como es la mejora de la calidad de vida  de las personas que residen o visitan la ciudad de Madrid.  Esta cuestión no es opinable, es una obligación de los gobernantes buscar la mejora de la calidad de vida", asevera Vega Pindado.

    Un mal precedente

    Para los expertos consultados por esta agencia, el desmantelamiento de Madrid central sienta un precedente negativo, ya que ninguna otra capital europea se atrevió antes a dar marcha atrás de esa manera en los intentos por reducir la contaminación

    "Sería un retroceso histórico y sin parangón, no hay precedentes en el mundo de un desmantelamiento de las medidas de este tipo", señala Juan Bárcena.

    El activista de Ecologistas en Acción afirma que resulta especialmente llamativo el hecho de que Madrid dé marcha atrás a un plan que había despertado, incluso, el interés de otras ciudades como París o Lisboa, dispuestas a "replicar el modelo".

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    Ahora, en cambio, Madrid no solo dará marcha atrás, sino que el Ayuntamiento no ofreció aún planes alternativos, lo cual —según Bárcena— dejará "sin ninguna medida en marcha a una ciudad acostumbrada a incumplir los límites legales".

    Posibles sanciones

    La capital española, como muchas otras ciudades europeas, incumple desde 2010 —fecha de la entrada en vigor de la normativa comunitaria— los límites de dióxido nitrógeno establecidos por la Unión Europea tanto a nivel horario como a nivel anual.

    Esto, unido a la contaminación de ciudades como Barcelona, provocó que la Comisión Europea diera en febrero de 2017 un ultimátum a España (y a otros ocho países) alertando sobre la posibilidad de multas en caso de no presentar planes que corrigieran la situación.

    Uno de los puntos clave de los planes presentados por España fue Madrid Central, que consiguió convencer a la Comisión Europea de que se adoptarían medidas suficientes para atajar el problema.

    De esta manera, España se libró de que la CE llevara el caso ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, tal y como hizo con seis de los nueve países que recibieron el ultimátum.

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    Ahora, con los planes para el desmantelamiento, el fantasma de las sanciones europeas sobrevuela de nuevo sobre España.

    El propio comisario europeo de Medio Ambiente, el español Miguel Arias Cañete, recordó este martes que el Ejecutivo comunitario se mantendrá vigilante para que se cumplan las directivas europeas al respecto.

    "Si las ciudades no respetan los límites de la calidad del aire, la Comisión Europea comunicará qué medidas correctoras se tienen que poner en marcha o lanzará los procedimientos de infracción pertinentes", dijo Cañete, quien precisamente pertenece al Partido Popular, la formación que está desmantelando Madrid Central.

    Retrato de Greta Thunberg, activista sueca
    © AFP 2019 / Sebastian Kahnert/dpa
    Para Juan Bárcena resulta evidente que España salió de la "senda de la multa" gracias al proyecto de Madrid Central, por lo que, si ahora se desmantela, "volverá automáticamente a dicha senda".

    Preguntada por esta cuestión, una portavoz del Gobierno municipal contestó que "la UE no exige Madrid Central, sino resultados de mejora de la calidad del aire", por lo que pospuso la posible presentación de soluciones a la elaboración de un futuro plan alternativo a Madrid Central.

    Sin embargo, por el momento el Ayuntamiento no presentó ningún plan alternativo, y la única certeza para los madrileños es que se desmantela un proyecto que protegía su salud, sin alternativas sobre la mesa y bajo la posibilidad de que la cuestión acabe en la imposición de multas desde la Unión Europea.

    Etiquetas:
    ecología, medioambiente, contaminación, España
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