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La heterodoxia flamenca de Niño de Elche se multiplica con un nuevo disco y un programa de radio

© Foto : Cortesía de José Miguel Cerezo SáezEl artista Niño de Elche, durante una actuación en la Semana Flamenca de Alhama de Murcia
El artista Niño de Elche, durante una actuación en la Semana Flamenca de Alhama de Murcia - Sputnik Mundo, 1920, 26.09.2021
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El artista español publica en octubre otro álbum, se suma a la parrilla de Radio 3 y viaja por los escenarios de medio mundo con apuestas que van desde el canto íntimo hasta la 'performance' interdisciplinar.
Huye de etiquetas, se autoproclama "exflamenco" y a los críticos les llama "criticones". Francisco Contreras Molina, más conocido como Niño de Elche y nacido en esta ciudad alicantina en 1985, va a su aire. Igual retuerce la música que mamó desde pequeño entre palmas y guitarras que aporta su torrencial voz a éxitos internacionales de C. Tangana, elabora "experimentos" sobre la obra de Val del Omar o se sube a las tablas con la escritora y dramaturga Angelica Lidell. Ahora, el músico ultima el lanzamiento de un nuevo disco y ha iniciado una temporada radiofónica con un programa que califica "de autor". Se llama, adivinen, eXtrañas HeterodoXias.
Nombre que encaja perfectamente a su identidad. Porque Niño de Elche encarna la extrañeza y la heterodoxia, ese término que implica una ruptura con la doctrina original y que él contrapone a la vanguardia. Debido a ese empeño en saltar de orilla o transitar por unos márgenes inexplorados, el artista ha tenido sus encontronazos con el gremio. A pesar de haber empezado muy joven y haber sido galardonado en decenas de festivales del ramo, como La Unión, ha sufrido la inquina de sus homólogos.
Tras más de un concierto se han proferido insultos y se ha puesto en duda su propuesta, considerándola más de un hereje que de un heterodoxo. Niño de Elche, que aborrece los dogmas y considera este palo musical como hermético, pellizca la sensibilidad flamenca cantando sobre un retrete, recitando pasodobles como un mariachi o jugando con los sonidos de su caja torácica como si fuera un sintetizador inalámbrico. Una apuesta escénica donde no faltan soliloquios y chascarrillos que levantan vítores o quejas, según el público.
La última ocasión, durante la Semana Flamenca de Alhama de Murcia, al sureste de España. Ahí subió al escenario la noche del 20 de septiembre en formato de dúo, con el guitarrista Raúl Cantizano. Entonó farrucas y seguiriyas nada más aterrizar de Italia y antes de volar a Holanda: de hecho, aún tiene pendiente una segunda dosis de la vacuna por el trajín de viajes. Imposible concertar citar con su centro médico, situado en el centro de Madrid, donde reside.
Desde allí compagina esa actividad frenética, que le ha tenido últimamente dividido entre su carrera particular, con tres álbumes casi de producción anual, con formaciones junto al grupo Toundra, que publicaron Para quienes aún viven en 2017 bajo la firma de Exquirla, o con Los Planetas, que se denominaron Fuerza Nueva. Aparte de esa Antología del Cante Flamenco en 2018, Colombiana, de 2019, y Memorial de Cante en mis Bodas de Plata con el Flamenco (2021), su apodo se coloca al lado de dos temas de C. Tangana en El Madrileño.
Esa hiperactividad obliga a una charla con Sputnik en la sala de espera de un aeropuerto. Mientras embarca, Niño de Elche reflexiona sobre esa deconstrucción de la música que marca su defendida heterodoxia. "Yo no la entendería tanto como salir de los cánones, sino como que el flamenco ya es heterodoxia. Lo es ante la música académica, ante las formas de convención de la identidad, ante los nacionalismos… Porque estas formas de hacer tienen más que ver con algo incoherente. No hay una tradición en el flamenco, y si la hubiera sería algo anárquico. Tanto en lo artístico como lo económico", explica.
Niño de Elche ha acusado al gremio de purista y cree que tanto los "conservadores" como los "progres" viven "en la misma ficción". "Un conservador auténtico es, habitualmente, una persona mucho más coherente y formada. El progre habla de una apertura que él mismo no se cree", señala ahora, apartándose de su imagen más excéntrica: "No me considero ni maldito ni provocador. Bueno, provocar sí que he provocado, pero maldito tiene otras connotaciones".
Busca, de hecho, lo elemental. Su "guerrilla cultural", afirma, pasa por "la no definición". Y el proceso desde lo más canónico hasta lo más disruptivo es más de "deliberación" que de negación: "De entender dónde quieres estar porque lo has experimentado. Es una forma de desplazamiento a terrenos discursivos y estéticos nuevos. Tengo claro lo que no quiero ser, pero no es una idea progresiva. Las artes no funcionan de atrás a adelante", concede.
Ser "exflamenco" implica, advierte, reconocer los "residuos" que deja el flamenco en un artista. El cantaor, sin embargo, sí que busca alejarse del realismo, aunque eso no signifique ser innovador: asegura que no sabe lo que es ser innovador de algo. Y ni siquiera se incluye en un círculo o en un conjunto como el que ahora está atravesando fronteras artísticas y geográficas, como Rosalía o María José Llergo.
"Creo que no es una cuestión generacional. El flamenco no se ha movido por generaciones, es un arte muy individualista. Y hay que saber que en la juventud nunca verás las grandes revoluciones", comenta al respecto.
Una de las extrañezas que también le caracteriza es mostrar sin tabúes sus opiniones. Atiza a la izquierda en casos como la eliminación del cartel de Zahara, que aparece vestida de virgen en la portada de un disco titulado Puta, o agita el avispero llamando "la más flamenca" a Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.
"Vivimos en un tiempo donde menos diferencias políticas hay. Socialmente, un partido de ultraderecha nunca ha estado tan cerca de la ultraizquierda. Y si escuchas a un lado y otro, parece que cada uno hace las mayores atrocidades", dice, sosteniendo que "se hace política de las pasiones. Pero no tanto por culpa de los políticos sino porque quizás no se puede llegar a otra estrategia. Es como si estás jugando al fútbol limpiamente, pero te están pegando codazos".
Además, Niño de Elche participa activamente en sus redes sociales, convencido de que la conversación, etimológicamente, significa "dar una vuelta". Y eso ayuda a cuestionar lo que nos rodea. Él lo hace por esa "búsqueda creativa" continua que plasma en libros, post de Instagram, teatros o programas de radio. En este último caso, el inicio de curso le ha colocado los fines de de semana en Radio 3. Durante una hora bucea, a veces con rumbo y otras sin él, sobre lo que le inspira. Y puede ser un filósofo como Paul B. Preciado o un pintor como Francis Bacon. Ya saben: extrañas heterodoxias, palabras del vocabulario que mejor le representan.
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