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Evo y Jeanine, curiosas víctimas de la política en Bolivia

© AP Photo / Juan KaritaJeanine Áñez, la expresidenta transitoria de Bolivia
Jeanine Áñez, la expresidenta transitoria de Bolivia  - Sputnik Mundo, 1920, 30.08.2021
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LA PAZ (Sputnik) — Los expresidentes bolivianos Evo Morales y Jeanine Áñez pueden tener diferencias políticas y sociales profundas, hasta irreconciliables, pero han utilizado la misma táctica, la victimización, para mantenerse vigentes después de perder el poder, dijo a Sputnik el analista Vicente Guardia.
Indígena socialista el primero, de clase media y de derecha la segunda, Morales y Áñez tuvieron vidas políticas muy dispares, llegaron al poder por vías muy diferentes y lo dejaron también de maneras distintas, hasta coincidir en su condición de autodeclaradas víctimas del odio político y de la justicia.
"Evo está fuera de la cárcel, pero no libre de acusaciones, y Áñez está detenida ahora mismo, lejos del antiguo Palacio de Gobierno que hace un año tenía reabierto como símbolo de su intento contrarrevolucionario, mientras el indígena estaba en el exilio y cercado por denuncias", resumió Guardia, sociólogo y docente del centro de capacitación de líderes Comunidad Cívica, de El Alto.

Evo de ida y vuelta

Morales fue forzado a renunciar en noviembre de 2019, tras dirigir un gobierno de casi 14 años, el más largo de la historia boliviana, y vivió luego un año exiliado en México y en Argentina, acusado por Áñez de dictador, corrupto, terrorista, pederasta, autor de fraude electoral y muchos otros delitos.
Él mismo dijo que llegaron a sumar 29 las causas abiertas en su contra en Bolivia mientras estaba exiliado, por "contubernio" entre fiscales, jueces y autoridades del Gobierno transitorio de Áñez, para destruir al líder indígena, a su "proceso de cambio" y a su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS).
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Desde el exterior, Morales dijo muchas veces que era un perseguido político que no retornaría a Bolivia hasta que termine la gestión de Áñez, que calificó como dictatorial y proimperialista.
En noviembre de 2020, tras una nueva victoria electoral del MAS y la asunción del presidente Luis Arce, Morales retornó con canto de victoria y fue recibido en la región cocalera de Chapare (centro) con una gigantesca concentración de seguidores, tal vez la más grande jamás hecha en apoyo a un político boliviano.
"De todopoderoso a víctima, y de nuevo al poder, aunque ahora lo ejerce de manera relajada, desde detrás del trono se podría decir de Evo", comentó Guardia.

Añez también víctima

Áñez era una senadora casi desconocida, alguna vez mencionada en los medios por deslices oratorios -como el de atribuir al científico Albert Einstein una frase del también notable Isaac Newton-, hasta que saltó a primer plano en 2019, brilló por casi un año y terminó en la cárcel donde hace poco intentó suicidarse.
"Muchos bolivianos ni siquiera sabían que ella era la segunda vicepresidenta del Senado cuando ocurrió la crisis de 2019 y apareció sustituyendo a Morales, de la noche a la mañana", aseveró Guardia.
El analista señaló que Áñez, a diferencia de Morales que construyó un fuerte perfil político con casi dos décadas de actividad sindical y su largo ejercicio de la Presidencia, "trató de quemar etapas y erigirse aceleradamente en líder reconocida y aceptada, pero cayó tan rápido como subió".
Tras fracasar en su intento de ser candidata a la Presidencia, Áñez ni siquiera pudo devolver personalmente el poder al nuevo Presidente Arce y se recluyó en su departamento amazónico de Beni, donde volvería a fallar electoralmente a principios de 2021, cuando obtuvo apenas 13% de votos como candidata a gobernadora.
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Según Guardia, "a Áñez le llegó la hora de inevitables procesos, a los que ha respondido casi invariablemente con su alegato de inocencia y victimización. No se defiende de los cargos, ni aún estando en la cárcel en espera de juicio, sino que se concentra en denunciar el maltrato del que se considera víctima".
Esto, prosiguió el analista, dificulta un debate esclarecedor sobre lo sucedido en 2019 y 29020, sobre presuntos delitos e irregularidades, convirtiendo a sus procesos judiciales en una confrontación de bandos irreconciliables, en la que todo recurso parecería válido.
Guardia anotó que, en su estrategia de "victimización", Áñez "acusa de vendidos a los mismos jueces que ella utilizó un año antes" y "apela sin disimulo al discurso sentimental, se refiere al dolor de sus dos hijos, ambos profesionales, aprovecha los medios para mostrarse abatida física y mentalmente".
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Julio Peñaloza, un columnista del diario La Razón, definió la semana pasada como "el melodrama de Jeanine" a la forma en que la exgobernante ha recurrido a la victimización para sumar apoyos frente a las pruebas que analiza en su contra la Fiscalía General, que la procesa por el golpe de 2019.
"Jeanine Áñez ha traído de retorno el melodrama latinoamericano a nuestras pantallas, ediciones digitales y testimonios orales. (como) una expresidenta que presenta la imagen de una pobre mujer gobernada por la hipertensión arterial, la gastritis aguda y la depresión, agobiada por presuntas vulneraciones a sus derechos ciudadanos", señaló el periodista.
El ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, lamentó este lunes que Áñez genere "zozobra" denunciando supuestas malas condiciones de vida en la cárcel, "cuando básicamente tiene muchas mejores condiciones que otras personas privadas de libertad".
"Hemos visto que exdictadores como (el boliviano Luis) García Mesa, (el chileno Augusto) Pinochet u otros siempre han utilizado el tema de la salud para tratar de escaparse o vulnerar la justicia en Bolivia, en Chile o en otros países", indicó Del Castillo.
La expresidenta, según sus médicos, llegó sana a la cárcel pero ahora padece de hipertensión, problemas cardíacos y neurológicos, ansiedad y una aparente propensión al suicidio que harían necesaria su internación en un centro médico fuera del penal.
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