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'Sofagate': ¿humillación turca, o complot europeo?

'Sofagate': ¿humillación turca, o complot europeo?
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Dictador. Así calificó el primer ministro de Italia, Mario Draghi, al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, luego del incidente conocido como 'sofagate': el momento en que la presidenta de la Comisión Europea, Urusula Von der Leyen, se quedó sin su silla en la cumbre Turquía-Unión Europea que tuvo lugar en Ankara.

¿Un montaje de la UE para dejar mal a Erdogan?

Como hacen cada vez los funcionarios de la UE, nunca dicen nada de frente durante sus visitas beligerantes que realizan a determinados países, en el sentido de querer dar ejemplo, imponer agendas, o intentar dar lecciones de todo tipo y calibre: se desfogan una vez situados cómodamente en sus sillones de Bruselas. Acaso el antecedente más próximo en el tiempo es el del Alto Representante de la Diplomacia Europea, el español Josep Borrell. Y esta vez en Turquía, no fue la excepción.
Una vez en la capital europea, el otro funcionario que participó de la cumbre y que sí tuvo su silla junto al mandatario turco, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se inmunizó de las críticas que arreciaron en su contra por haber permanecido petrificado y con cara de póker ante el 'sofagate', es decir, en ese momento presuntamente incómodo cuando al ingresar a una sala, vieron que había dos sillas, y no tres.
Esgrimió Michel, que, de haber intervenido —léase encarado a Erdogan por la falta de la silla para von der Leyen—, podría haberse interpretado como un gesto "paternalista", y que podría haber derivado en un incidente aún más grave y arruinar los esfuerzos diplomáticos de los últimos tiempos que supuestamente buscan encauzar las relaciones con Turquía. Claro, no tiene nada que ver con el acercamiento cada vez más estrecho de Ankara con Moscú y Pekín.
Entonces Michel lanzó esa diplomacia de bambalinas de Bruselas: lamentó profundamente la imagen desastrosa y de desprecio hacia la presidenta de la Comisión Europea que en su opinión regaló Erdogan.
En lo que fue una cadena de 'desagravios' occidentales, tal vez el que más se animó fue el premier de Italia, Mario Draghi, 'Super Mario', como se le conocía en sus épocas de presidente del Banco Central Europeo: "Estuve muy disgustado por la humillación que la presidenta [de la Comisión Europea] Von der Leyen tuvo que sufrir. Pero con estos dictadores […] hay que ser franco en expresión de diferencias de opinión".

'Lado B'

Pero como las monedas, la verdad tiene dos caras. La otra, la turca. El Ministro de Exteriores otomano, Mevlüt Çavuşoğlu, quien en dicha reunión se sentó en otro sofá, frente por frente a la 'damnificada', fue claro y contundente respecto a la situación vivida: "La organización de asientos se hizo de acuerdo con las sugerencias de la UE. Punto. No revelaríamos este hecho si no se hubiesen vertido acusaciones contra Turquía".
"En términos diplomáticos, lo que supone es una falla de protocolo del servicio europeo en informar precisamente sobre cuántos mandatarios iban a estar, y qué es lo que tenían que preparar en su escenario también mediático y diplomático. Es decir, a vista de todas las versiones que hay, se puede pensar por un lado que fue premeditado para hacer esta foto, esta escena, este montaje, y criticar a Turquía como que es un país machista, que discrimina a las mujeres, que las deja marginadas a un lado y de pie. Esa es la versión que aparece en muchos medios [occidentales] y que muchos sectores políticos han tomado", reflexiona al respecto el analista internacional Enrique Refoyo.
"Por el lado turco lo que dijeron desde el Ministerio de Exteriores es 'miren, básicamente hicimos lo que nos dijo el servicio de protocolo europeo, nos dijeron dos butacas, hicimos eso, y ya está'. Si nos hubieran avisado, hubiéramos hecho un escenario distinto", advierte Refoyo.
El analista incide en que, de todas formas lo que se puede ver es que en los grandes medios de comunicación de toda Europa, lo que ha quedado no es de qué se habló en esa reunión, cuáles fueron los temas. "Para nada. Eso ha quedado sepultado con lo morboso de 'Erdogan el malo, el machista, deja de pie a una mujer, así las tratan en Turquía, mira qué malos son en este país'".
"Al final, lo que parece es que esto, más que diplomacia seria desde la UE, es como uno de estos programas malos de televisión donde sólo buscan la polémica para atraer audiencia, y al final no tienen fondo. Y desde luego, es la imagen que está dando la UE, que no es la de una organización única en el mundo", concluye Enrique Refoyo.
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