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Quién es quién en el escándalo de vacunas que sacude a Perú

CC0 / Pexels / Vacuna, imagen referencial
Vacuna, imagen referencial - Sputnik Mundo, 1920, 15.02.2021
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El sistema político peruano volvió a estremecerse, esta vez por la revelación de que el expresidente Martín Vizcarra y algunos de sus funcionarios recibieron dosis de la vacuna de Sinopharm de forma irregular. El escándalo ya produjo la renuncia de tres integrantes del Gabinete y tiene bajo sospecha a varios jerarcas.
La crisis política que afecta Perú sumó un insólito nuevo episodio: el escándalo por la aplicación irregular de vacunas contra el COVID-19 del laboratorio chino Sinopharm entre altos funcionarios del Gobierno de Martín Vizcarra (2018-2020), entre ellos el mismísimo mandatario. La polémica ya motivó la renuncia de la ministra de Salud y la canciller del Gobierno transitorio liderado por Francisco Sagasti.
El escándalo estalló a partir del propio Vizcarra, que se encuentra en plena campaña para lograr ser electo congresista en las elecciones del 11 de abril. Durante una conferencia de prensa realizada el 11 de febrero, el expresidente reveló que participó de los ensayos clínicos que Sinopharm realizó en Perú.
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"Tomé la decisión valiente de someterme a la prueba experimental. Con esa prueba de la fase 3 se terminó la vacuna, se aprobó el 31 de diciembre y recién tiene validez. Nosotros [en relación a su esposa, Maribel Díaz Cabello] hemos hecho todo ese trámite del voluntariado", explicó.
En aquella intervención, Vizcarra dijo que tanto él como su pareja fueron inoculados el 2 de octubre de 2020 y remarcó que decidió participar del ensayo, aún cuando desde su entorno político le indicaban que no era seguro.
El anuncio dejó mal parada a la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, que también había ejercido como autoridad sanitaria durante el último tramo del Gobierno de Vizcarra, quien también la había designado directora del Comando de Operaciones COVID-19. La jerarca aseguró desconocer si el expresidente había participado en los ensayos de Sinopharm en Perú, que abarcaron a 12.000 pacientes bajo confidencialidad.
Pero lo que pretendía ser un anuncio de apoyo a las vacunas por parte de Vizcarra se tornó en un escándalo cuando se conoció que su nombre —ni el de su esposa— aparecían en los registros de pacientes que participaron de los ensayos clínicos. Dos días después del anuncio del expresidente, la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), una de las dos en que se realizaron los ensayos, emitió un comunicado en el que dejó constancia de que Vizcarra y Díaz Cabello "no forman parte del grupo de 12.000 voluntarios sujetos de investigación".
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El caso volvió a tomar un giro escandaloso cuando el medio peruano Perú21 informó que Vízcarra sí se había vacunado pero por fuera del ensayo clínico. De acuerdo a ese medio, el entonces presidente y su esposa recibieron las dos dosis de la vacuna el 2 y el 29 de octubre de 2020 en el Palacio de Gobierno, más de tres meses antes de que comenzara la vacunación para el personal de salud y población de riesgo.
Fuentes consignadas por Perú21 aseguraron que, en los días en que se dio la vacunación, llegaron al Palacio de Gobierno Germán Málaga, investigador principal de la UPCH y jefe de los ensayos clínicos, junto a la enfermera Cynthia del Pilar Castillo. Si bien el ingreso fue presentado como una "reunión de trabajo", el objetivo fue inocular al entonces presidente y a su esposa.
Vizcarra se expresó el 14 de febrero a través de un comunicado en el que asegura que manifestó su interés por vacunarse el 11 de septiembre de 2020, durante una visita protocolar a la UPCH y a la Universidad Mayor de San Marcos, las dos que realizaban los ensayos clínicos de Sinopharm. El 1 de octubre se reunió con Málaga, a quien había convocado para conocer el avance de los ensayos. Según Vizcarra, en ese encuentro acordó participar de la vacunación, que se concretó "en oficinas del Palacio de Gobierno el 2 de octubre de 2020".
En su explicación, Vizcarra defiende que sí fue uno de los 12.000 voluntarios, o que al menos eso creía. De hecho, el expresidente divulgó una fotografía de la "Cartilla de control del ensayo clínico de la fase III vacuna SARS-CoV-2" que le fue entregada. Asimismo, dijo sentir "gran extrañeza" al conocer, a través del comunicado de la UPCH, que nunca estuvo registrado como voluntario.
Según Vizcarra, su inoculación "no ha implicado perjuicio de nadie y menos del Estado" y "no se ha obtenido ventaja alguna" porque se trataba de una vacuna en fase experimental y todavía no aprobada por el órgano regulador sanitario de Perú. Para el exmandatario, sus acciones "no han significado faltas administrativas ni delito".
Las explicaciones del candidato a congresista por Somos Perú no contentaron a sus contrincantes políticos, que exigieron la apertura de una investigación por parte de la Comisión de Fiscalización del Congreso. La Fiscalía de la Nación hizo lo mismo, intentando determinar si existió delito en la actitud de Vizcarra.
La magnitud del escándalo fue tal que la Embajada de China en Perú debió emitir un comunicado para aclarar que los ensayos clínicos se realizaron "cumpliendo con trámites realizados por las autoridades peruanas". La sede diplomática remarcó que "la parte china no tiene información de la identidad de los vacunados" y, además, rechazó que se hablara de la existencia de "vacunas de cortesía, donaciones o prebendas" para altos miembros del Gobierno.
Precisamente, el actual presidente peruano Francisco Sagasti fue quien sostuvo que, junto con las dosis necesarias para los ensayos clínicos, llegaron a Perú un lote de "vacunas donadas adicionalmente" a las necesarias para las pruebas. De acuerdo al presidente, se trató de "una especie de regalo adicional" por parte del laboratorio chino al que, una vez en Perú, Vizcarra procuró tener "acceso preferencial" para él y altos funcionarios de su gestión.

Un efecto dominó de renuncias y sospechas

En un sistema político acuciado por la inestabilidad, el escándalo rápidamente se tradujo en renuncias. La ministra de Salud Mazzetti fue la primera en renunciar, mal parada por la polémica y ya cuestionada por el Congreso debido a la respuesta a la pandemia de COVID-19. A pesar de todo, Sagasti defendió a la ministra y denunció que recibió ataques injustificados por parte de los congresistas.
Pero fue solo el principio: el número 2 de Mazzetti, el viceministro Luis Suárez Ognio. Al renunciar, el jerarca reveló que él también había recibido una dosis de la vacuna de Sinopharm, perteneciente a un lote que el laboratorio chino había enviado con el objetivo de "proteger al equipo responsable de conducir la respuesta frente a la pandemia y a su entorno directo".
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El golpe más duro llegó con la renuncia de la canciller peruana, Elizabeth Astete, quien también admitió haber sido vacunada con el polémico lote de Sinopharm. La revelación desató una ola de sospecha sobre todos los ministros, la mayoría de los cuales aseguró no haberse beneficiado con las vacunas.
De todos modos, el nuevo ministro de Salud, Óscar Ugarte, dijo al medio peruano RPP Noticias que, de acuerdo a la investigación preliminar sobre el caso, podría haber "de 15 a 20" funcionarios vacunados de forma irregular, solo en el Ministerio de Salud. La cifra podría ampliarse si se detecta que también hubo funcionarios involucrados en otras carteras.
Según reveló el propio Sagasti, las dosis adicionales que llegaron por fuera de los ensayos clínicos fueron 2.000, originalmente destinadas "al equipo de investigación y personal relacionado".
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