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    Evgueni Kovaliov tenía 15 años cuando fue enviado al campo de concentración de Auschwitz en 1943. Recordó la experiencia que no se puede olvidar.

    Fue capturado por los alemanes en la región de Smolensk durante el reconocimiento de los partisanos. Después de largos interrogatorios y varios campos se encontró en Auschwitz. A Evgueni, junto con los demás prisioneros, lo llevaron a un gran cuartel, lo desnudaron y lo enviaron a una inspección sanitaria.

    "Los raparon a todos al cero, los afeitaron y les untaron una especie de líquido en las axilas; se les formaban ampollas, se les quemaba toda la piel. Bajo una ducha fría los conducían a golpe de látigo, desnudos, golpeándolos hasta sangrar", recordó.

    Luego a los prisioneros les tatuaban un número personal en el brazo. Todavía se le pueden ver los números marcados 148568, que con el tiempo han adquirido un color verdoso.

    Después les dieron ropa a rayas: pantalones, una chaqueta y un sombrero. Como calzado les entregaban unas botas hechas de madera que les hacían sangrar los pies. Otros prisioneros rusos les advertían de que si tenían fiebre, los quemarían, porque los nazis tenían miedo de las epidemias de tifus.

    Para el almuerzo a los prisioneros les daban una sopa de verduras, por la tarde una pequeña barra de pan para los cuatro y té. El resto del tiempo los prisioneros eran perseguidos por los vigilantes, golpeados con palos y látigos o enviados a trabajar.

    "Estuve en el bloque 32. Me asignaron al equipo de trabajo del almacén de verduras. Cavábamos sótanos, levantábamos paredes. La vigilancia era muy estricta", rememoró el exprisionero. A finales de 1944 fue seleccionado para limpiar el campo.

    Cada semana el médico jefe de Auschwitz Josef Mengele hacía la selección para el crematorio: quién se quedaba, y a quién quemaban.

    "Tuve que someterme a este procedimiento tres veces. Miedo, mucho miedo. Sabíamos, claramente, que nos quemarían", suspiró.

    Los crematorios estaban abiertos las 24 horas del día, pero no era suficiente. Algunos prisioneros fueron quemados en fosas especialmente excavadas para este propósito.

    "Nosotros no creíamos que fuéramos a sobrevivir. Absolutamente nadie lo esperaba. Eso era todo. Hoy o mañana. Hoy o mañana", afirmó.

    Una vez después de la selección, él y sus compañeros fueron enviados a un campo gitano cercano, y los prisioneros se dieron cuenta de que les matarían.

    "Esperamos un día, dos, tres. Fue aterrador, no se podía encontrar ningún lugar. Había cajas en los cuarteles, las abrimos. Dentro había ropa de niños, zapatos. En la segunda había fardos de pelo, ya prensados, preparados para ser enviados a algún lugar", contó el exprisionero.

    Tres días después fue llevado a Checoslovaquia, a una unidad de Auschwitz. Allí, Evgueni Kovaliov con otros prisioneros estuvo reparando los rieles y las vías ferroviarias.

    "A finales de abril, los checos del grupo repetían que pronto vendrían los rusos. ¿Y cuándo? Nadie lo sabía", rememoró.

    Entre 1940 y 1945 en Auschwitz, los nazis asesinaron a más de un millón de personas. El Ejército Rojo liberó a los prisioneros el 27 de enero de 1945.

    Tema:
    El 75 aniversario de la victoria sobre el nazismo (88)
    Etiquetas:
    campo de concentración, Auschwitz, Auschwitz-Birkenau
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