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    Pablo Rincón y su esposa Alina

    "Yo me quedaría": Este mexicano monta su negocio en Sochi y ahora no quiere irse

    © Foto : Pablo Rincón
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    Pablo Rincón nació en México, aunque estudió en Suiza, donde conoció a su futura esposa, Alina, y con la que más tarde se mudaría a Sochi, Rusia. Ahora está enfrascado en su propio proyecto hotelero y en educar a sus dos hijos. Dice a Sputnik que no quiere irse de Rusia.

    Como en casa

    Cuando Pablo tenía 11 años, su familia se mudó a la turística ciudad de Cancún, a orillas del mar Caribe. Fue en allí donde se dio cuenta de lo que quería hacer con su vida.

    "Nos mudamos allí a vivir. Mi familia tenía su propio hotel, con 440 habitaciones, y fue entonces cuando me topé con el negocio turístico, que acabó convirtiéndose en el aspecto más importante de mi vida. Me di cuenta de a lo que me quería dedicar. Así decidí convertirme en hotelero", explica Pablo a Sputnik.

    Cuando acabó la escuela, sus padres le enviaron a estudiar a Suiza, donde conoció a Alina, que también se había mudado, de Sochi (Rusia), a Suiza. Cuando este mexicano terminó allí sus estudios, invitó a Alina a Cancún, donde se casaron y abrieron una panadería.

    Sin embargo, en Cancún no hay nieve y, tal como explica Pablo, echaba de menos los parajes nevados. Así que, en 2014 la pareja decidió mudarse a la localidad de Krásnaya Poliana, a 40 kilómetros de Sochi. En aquel momento se celebraban allí los Juegos de Invierno, recuerda Pablo. También añade que a su esposa le daba un poco de vergüenza que su esposo no hablase ruso, a lo que este respondió que lo aprendería.

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    Pero en 2007 Pablo ya había pisado Sochi. Y lo hizo para conocer a la familia de Alina.

    Pablo Rincón y sus hijos
    © Foto : Pablo Rincón
    Pablo Rincón y sus hijos

    "Nos recibieron con los brazos abiertos, como si estuviese en casa, y me di cuenta al instante de que esta era mi familia", recuerda este mexicano.

    Rusia y México

    "Nuestras culturas, la rusa y la mexicana, se parecen mucho. Tenemos muchas cosas en común. Muchos de los platos de la cocina rusa son para mí de lo más corrientes y me gustan. Incluso el 'kvas' casero —una bebida elaborada a base de pan de centeno, malta y frutas—. Al principio no entendía cómo podía haber una bebida hecha a base de pan, pero ahora me gusta. Sobre todo en verano, cuando hace calor".

    Ahora, cuenta Pablo que incluso le pide a su suegra que se lo prepare con pan negro. "En Rusia están a la alcance de la mano todos los ingredientes necesarios para muchos de los platos de la cocina mexicana, como las quesadillas", explica Pablo a Sputnik.

    Pablo destaca que en Sochi se vive bien si se compara con México. "Cuando has trabajado un año, en México te dan una semana de vacaciones. Cuando me mudé, me sorprendió que aquí tengas derecho a un mes. ¡Es genial! Y encima te lo pagan", asegura a Sputnik.

    Muchas vacaciones

    Explica que, cuando llegó a Rusia, le sorprendieron las fiestas del 9 de mayo, cuando se conmemora la victoria de los soviéticos contra los nazis. "En México no hubo guerra, así que no celebramos ese día", señala, y añade que pronto entendió qué es lo que se conmemoraba y se dio cuenta de las dimensiones de la guerra y del número de víctimas.

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    "El resto de fiestas rusas también me gustan. La verdad es que se celebran muchas cosas. Mis hijos tienen el 25 de diciembre, Navidad, más Año Nuevo, más la Navidad ortodoxa —el 7 de enero— y además el Año Nuevo Viejo —una fiesta religiosa ortodoxa que se celebra el 13 de enero—.

    Tras volver a Sochi de Suiza, Pablo decidió iniciar un proyecto de ecopueblo; un complejo urbanístico que estuviese comprometido con el medioambiente, con sus habitantes, y en el que se diese prioridad a la tranquilidad y al descanso. Reconoce que en Sochi no existe ningún proyecto de este tipo, pero que en el mundo hay muchos. Así que en 2017 la idea empezó a materializarse.

    "Nuestro ecopueblo es ideal para quienes buscan silencio y tranquilidad, aunque eso no significa que vayamos a separar a la gente de la tecnología: habrá Internet y nuestros huéspedes podrían ir de excursión, de compras, ir al gimnasio… (…) Todos nuestros programas dependen de la estación y se desarrollan en plena naturaleza", añade, y dice que en Rusia la gente quiere "ganar dinero rápido y ahorrar rápido", y que resulta un impedimento a la hora de abrir un negocio.

    "Me quedaría en Sochi"

    Pablo asegura que Rusia le gustó desde el primer día y que, cuando llegó, le dio clases de español a un empresario al que le dijo lo mucho que le gustaba Rusia. A lo que el empresario le respondió: "solo vives aquí desde hace un año. Espera a vivir aquí cinco años y ya verás cómo te arrepientes".

    Sin embargo, Pablo reconoce que nunca hubiese imaginado que acabaría viviendo en Rusia y que no puede asegurar que pasará toda su vida en el país, pero tiene claro que, si le diesen a elegir dónde vivir, elegiría Sochi. "Aquí me gusta todo lo que hay", concluye.

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