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    La ciudad rusa de Arjánguelsk

    ¡Bienvenidos al Ártico! La región de Arjánguelsk potencia el turismo (fotos)

    © Sputnik / Ramil Sitdikov
    Rusia
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    Natasha Vázquez
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    La mayor región del Distrito federal del Noroeste de Rusia tiene mucho que ofrecer al viajero que se atreva a conocerla.

    Con la nieve más blanca, las indescriptibles auroras boreales y sus 587.400 kilómetros cuadrados, la óblast de Arjánguelsk se convierte en un paraíso para aquellos viajeros que quieran conocer la esencia del norte ruso. Así lo afirmó a Sputnik Svetlana Zenovskaya, viceministra de Cultura que atiende el turismo en esta región.

    La ciudad rusa de Arjánguelsk
    © Sputnik / Ramil Sitdukov
    Para tener una idea de la dimensión de esta vasta zona, baste decir que es mayor que el territorio de España o Francia y que en el conviven distintos pueblos y culturas.

    Más de 400.000 visitantes llegan anualmente aquí, muchos por negocios o estudios y otros con fines puramente turísticos. Pero no es suficiente. Las autoridades de Arjánguelsk bien saben que guardan un tesoro por descubrir y se muestran dispuestos a compartirlo.

    "De los que vienen, solo 8.000 son extranjeros y en su mayoría visitan solo la ciudad ", precisa Zenovskaya. "Llegan de todas partes, de China, la India, Alemania, España, en fin, de más de 60 países. Pero nos gustaría que nos conocieran aún más", afirma.

    América Latina es de los grandes ausentes. Son pocos los latinoamericanos que se aventuran hasta estos remotos parajes, que sin embargo, están más cerca de lo que pudiera parecer. Apenas una hora y 45 minutos de vuelo desde Moscú y menos desde San Petersburgo, hacen de Arjánguelsk un lugar perfectamente accesible.

    Y sin dudas vale la pena la escapada, en la que por cuenta propia o de la mano de alguno de los 24 turoperadores de la región, se podría conocer, por ejemplo, alguno de los tres parques nacionales que tiene la óblast, entre ellos el 'Ártico ruso'.

    Pero la oferta va más allá e incluye lugares mágicos como Malie Koreli, un museo de arquitectura de madera (el mayor museo al aire libre de Rusia), donde parece que el tiempo se hubiera detenido.

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    Se puede conocer el helado mar Blanco, el más pequeño mar interior de Rusia. O Solovki, considerado por muchos como la perla de la región, un archipiélago que es patrimonio de la Unesco y donde todavía funcionan los antiguos molinos situados más al norte del mundo.

    • El archipiélago Solovki
      El archipiélago Solovki
      © Foto : Averyanova S.
    • El archipiélago Solovki
      El archipiélago Solovki
      © Foto : Averyanova S.
    • El archipiélago Solovki
      El archipiélago Solovki
      © Foto : Museo de Solovki
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    © Foto : Averyanova S.
    El archipiélago Solovki

    Podría tal vez el visitante llegar hasta la ciudad-museo Kargopol, y al parque nacional Kenozerski.

    El parque nacional Kenozerski en invierno
    © Foto : Kokoshkin
    El parque nacional Kenozerski en invierno

    Pero si escoge la región de Pinezhie se podrá adentrar en la Rusia profunda, con aldeas perdidas en el mapa que se mantienen tal cual estaban hace siglos. Todo un tesoro de tradiciones antiguas conservadas que se puede descubrir al encuentro con una cultura intacta.

    Si escoge Solovki podrá experimentar todo lo exótico del norte, en un tur invernal 'cómodo', donde la 'bannaya' rusa y la cocina tradicional compiten con los deportes invernales y los paseos en trineo tirados por renos y quién sabe si hasta 'pescar' una aurora boreal durante las excursiones de varios días en el bosque.

    Para los más atrevidos hay opciones como hacer el largo recorrido que hacen los renos por el norte, viviendo en las mismas condiciones en que lo hacían los habitantes del Ártico hace cientos de años… a temperaturas de hasta —42 grados Celsius. Eso sí, la fecha exacta y el ritmo los ponen los propios renos, que emprenden camino siguiendo su instinto ancestral.

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    Y si quiere probar otra experiencia única, puede viajar a bordo de un rompehielos y convivir con los marineros.

    En plan más tranquilo, pero no menos auténtico, hay varios turoperadores que ofrecen visitar a los residentes locales en aldeas casi olvidadas por el siglo XXI, donde la ausencia de vías de comunicación modernas ha mantenido su virginidad intacta. Conocer a estas personas excepcionales, comer su sana y natural comida y descubrir sus costumbres y tradiciones debe ser también una experiencia inolvidable.

    Varios festivales tradicionales, como el del arte de las campanas, llaman la atención de los forasteros. Pero sin dudas el evento preferido sigue siendo el de los baños helados con que los rusos celebran la Epifanía y que en estas regiones son particularmente asombrosos por las duras condiciones del invierno ártico.

    Con esto y más, Arjánguelsk te espera. ¿Te atreves?

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    Etiquetas:
    tradiciones, cultura, turismo, Rusia, Arjánguelsk
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