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    Trump, ¿una matanza que le condena?

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    Javier Benítez
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    En una carrera hacia adelante, el presidente de EEUU, Donald Trump, condenó el supremacismo blanco, propuso una reforma al control de armas –que ligó a una reforma migratoria–, y la agilización de las sentencias judiciales, cuyas condenas deberían ejecutarse con efecto inmediato a los autores de masacres como las del fin de semana pasado.

    Procura que tus palabras sean dulces y suaves, por si un día tienes que tragártelas. Una máxima que parece ajustarse al actual momento del mandatario norteamericano, Donald Trump: su país, pero sobre todo su población de origen hispano, vive un trance muy duro, y desde muchos sectores le endilgan a su línea discursiva parte de la responsabilidad de masacres con cargas supremacistas y xenófobas como la del fin de semana pasado en El Paso.

    Tras la masacre, se sucedieron las reacciones a través de todos los medios, y las redes sociales no fueron la excepción. Pero tal vez por la envergadura del personaje, una de las que más impactó fue la del expresidente de México, Felipe Calderón, quien disparó contra Trump, al responsabilizarle directamente por las muertes resultantes de tiroteos como los del fin de semana.

    ​Los sospechosos de siempre

    Durante los últimos años, desde que comenzó con su carrera hacia la Casa Blanca siendo aún precandidato, la línea del discurso de Trump no ha variado. No hay que viajar mucho en el tiempo para encontrarnos con uno de los ejemplos más demoledores y que más rompen los ojos en estos momentos.

    Ocurrió que en un mitin en Florida en mayo pasado, Trump se preguntó de manera retórica, qué podía hacer con los inmigrantes que llegaban a la frontera. "¡Dispararles!", soltó uno de sus prosélitos. Una 'gracia' a la que Trump devolvió con una sonrisa que de inmediato se transformó en carcajada en el auditorio.

    Entonces, este sábado 3 de agosto Patrick Crusius encarnó esta eventualidad: se tomó el trabajo de conducir cientos de kilómetros durante varias horas para ser el brazo ejecutor de aquella algarada, en una ciudad simbólica en la cruzada de Trump –aparte de ser de las más seguras del país–, ya que su población es de origen hispano en un 82%.

    El joven de 21 años llegó desde Allen, presuntamente aupado en un manifiesto en el que justificó su ataque como una "respuesta a la invasión hispana de Texas". Invadir, invasión, invaden, variaciones del mismo concepto que Trump ha pronunciado hasta la saciedad al referirse a los inmigrantes que llegan desde el sur de su país.

    Y a renglón seguido de la masacre, va Trump y declara que "Nuestra nación debe condenar al unísono el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco. […] Estas ideologías siniestras deben ser vencidas", […] el odio no tiene lugar en EEUU". Lo dijo el mismo Trump que llegó a decir que "Cuando México envía su gente, no envían a los mejores. Envían gente que tienen muchos problemas, […] traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas". Nada de esto pasa desapercibido para los demócratas que responsabilizan a Trump por las matanzas del pasado fin de semana.

    El columnista de Sputnik Víctor Flores García, incide en que en esta oportunidad Trump quedó en aprietos. "Tenía que buscar el equilibrio entre sus seguidores –recordemos que está en plena campaña electoral– y ha tratado de aprovechar todo este tema para posicionar su discurso en el que naturalmente ha insistido en que EEUU es víctima de una invasión desde el sur a través de México. Y por primera vez ha tenido que reconocer que las palabras que ha evitado durante tantos años, que son 'racismo', 'supremacismo blanco', 'xenofobia', y 'crímenes de odio', están detrás de esa tragedia que ocurrió el fin de semana", observa el periodista.

    "Lo que lo puso contra la pared es que el ejecutor de la masacre en El Paso […] utiliza la noción de 'invasión' que procede del propio presidente Trump: es él quien ha dicho que EEUU es víctima de una invasión. Ante esta disyuntiva, Trump en su presentación [discurso] jugó en la cuerda floja utilizando o reconociendo algunos conceptos que se negaba a asociar a la violencia, como el supremacismo blanco", señala Flores García.

    México encuentra un flanco por donde atacar a EEUU

    El presidente de México estuvo rápido de reflejos tras la tragedia. "Con firmeza estamos pidiendo que se castigue a los responsables y que las autoridades asuman también la responsabilidad en el caso de que se estén permitiendo excesos como, por ejemplo, el uso indiscriminado de las armas, porque eso no está bien", dijo el 4 de agosto al reunirse con la comunidad del Hospital Rural Tuxpan, en Michoacán.

    "La reacción de México en esta oportunidad se centra en el tráfico ilegal de armas", explica el analista.

    Flores García señala que "si en un lado [de la frontera entre México y EEUU] es legal y en otro lado es ilegal [acceder a las armas tan fácilmente], pues el tráfico de armas se hace muy fácil. […] Lo que hace México es enfatizar que el tráfico de armas está detrás de esta tragedia".

    Tras asimilar el golpe de su homólogo, Trump respondió con un tuit: "No podemos permitir que los asesinados en El Paso, Texas, y Dayton, Ohio, mueran en vano. Nunca podremos olvidarlos, ni a los que murieron antes. Los republicanos y los demócratas deben unirse y lograr fuertes verificaciones de antecedentes [para comprar armas], quizás uniendo esta legislación con la tan necesaria reforma migratoria".

    ​"Por primera vez México encuentra un punto en el cual puede contraatacar [a EEUU] y hacer contrapeso al señalamiento que encontró Trump para arrinconar al Gobierno de México que fue el creciente flujo de migrantes indocumentados", concluye Víctor Flores García.

    Etiquetas:
    EEUU, tiroteo, Andrés Manuel López Obrador, control de armas, Donald Trump, México
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