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    En economía, Europa es la número uno… empezando desde atrás

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    Javier Benítez
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    El uno es el número clave en Europa por estos días, y en los tiempos por venir. Desde París, 'La ciudad luz', la economista jefe de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), Laurence Boone, anunció un apagón de la economía europea. El más grande desde 2013, uno de los años de más lento crecimiento.

    Uno es el valor porcentual, es decir, 1%, que la OCDE prevé que crezca la eurozona, lo que ubica al bloque comunitario entre los peores de la clase en esa asignatura a nivel global. Una gota china en toda regla.

    Pasando los números en limpio, y haciendo un repaso, esto implica que el ente rebajó la previsión de crecimiento de la zona euro en ocho décimas, lo que la sitúa el ritmo más lento desde 2013, por debajo de las estimaciones de la Comisión Europea y de las firmas financieras más importantes. Por otro lado, la economía mundial crecerá dos décimas menos de lo previsto: un 3,3%. 

    Los indicadores de confianza se enlentecieron de forma muy marcada en la OCDE, especialmente en la Eurozona y el Reino Unido, donde el crecimiento ha decepcionado, según el dossier. Así, en apenas cuatro meses la situación económica ha dado un giro significativo. El organismo pide a los países en una mejor posición fiscal más gasto público e inversión para mitigar la caída de la actividad económica.

    El documento lanza un aviso a navegantes: el comercio internacional pierde fuelle en medio de la guerra comercial, medidas arancelarias y de otros tipos que producen efectos devastadores en la confianza y los planes de inversión alrededor del mundo.

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    Esto no es algo sorprendente en sí mismo, según el presidente de la Consultora Ekai Center, Adrián Zelaia. "Se sabía que la reducción de las políticas agresivas de tipos de interés y expansión monetaria de los bancos centrales, iban a tener un impacto en esta caída de los datos de crecimiento". 

    "En este sentido, los movimientos recientes de representantes, tanto del BCE –advirtiendo sobre la posibilidad de volver a lanzar operaciones de expansión cuantitativa– como de la Reserva Federal de EEUU –anunciando retrasos en la suavización de las políticas agresivas expansivas–, reflejan que los bancos centrales están muy sensibilizados y tremendamente preocupados con esta evolución de la economía occidental que ha roto sus propias expectativas a un nuevo contexto de crecimiento normalizado", observa el analista.

    En este contexto, la zona euro ha podido dejar atrás su papel de víctima de los problemas externos para asumir como verdugo de la economía global. Los datos desnudan una ecuación escalofriante para los intereses europeos: Francia ha dejado de consumir y Alemania de producir. Como resultado, la economía europea queda en un lugar complicado. 

    Y es que desde las entrañas de las instituciones europeas se han empleado a fondo para responsabilizar de la desaceleración de la actividad en la eurozona a la débil demanda externa: lo cierto es que los indicadores económicos europeos hoy muestran problemas más graves que las amenazas externas. En unos simples gráficos se puede ver de forma nítida el mal momento por el que atraviesa la Eurozona, con dos de sus mayores economías estancadas o en recesión. 

    La economía germana representa más del 29% del conjunto de la Eurozona, mientras que la italiana, que se encuentra en recesión técnica, es de alrededor del 15,5%. Traducción: el 45% de la zona euro está paralizada, mientras que el crecimiento de Francia, que supone algo más del 20%, es lento y su consumo cae en picado.

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    En resumidas cuentas, en la zona euro la producción industrial está en una caída al ritmo más rápido desde la crisis financiera y el deterioro de la demanda es evidente por la propia debilidad exterior a la que hace referencia el Banco Central Europeo, y la caída de la confianza de consumidores y empresas dentro del euro.

    Este cóctel es en definitiva el que podría causar que la economía crezca incluso menos del 1% este año. En este sentido, en declaraciones a Bloomberg economista jefe adjunto de Allianz Ludovic Subran, lanzó su verdad de Perogrullo: "Si Francia deja de consumir y Alemania deja de producir, se genera un problema importante en la zona euro", comenta. 

    "Lo que ha sucedido es que la insuficiencia general de los salarios para alimentar la demanda sólo se puede suplir de dos formas: o a través de deuda, que es lo que se hace en términos generales, o a través de exportaciones. Entonces algunos países como Alemania han suplido esa falta de demanda interna con exportaciones y por eso ha permitido compaginar bajos salarios –una evolución de los salarios muy por debajo de los incrementos de productividad– con mantenimiento de la demanda".

    Zelaia explica que las exportaciones –alemanas en este caso– reducen la demanda en los países que importan los productos, lo que  hace todavía más difícil resolver este círculo de demanda en esos otros países. "Por lo tanto, aunque de forma coyuntural entre un país y otro se puedan compensar los problemas a través de deuda, a largo plazo estamos siempre en un círculo vicioso que afecta tanto a unos países como a otros, y es el círculo vicioso que tiene su origen en el desequilibrio entre evolución de la productividad y los salarios", concluye Adrián Zelaia.

    Etiquetas:
    crisis, economía, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Europa, Alemania, Francia
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