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    El coronavirus en Cuba (151)
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    LA HABANA (Sputnik) — El COVID-19 mata. Así de claro y contundente lo dijo hace unos días el doctor Francisco Durán, director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública de Cuba, ante el rebrote de casos positivos al nuevo coronavirus SARS-CoV-2 en isla, asociado al incumplimiento de las medidas de protección.

    "Cada pico que aparece en los gráficos es una indisciplina, una violación, y se están adoptando y se van a adoptar medidas más estrictas y enérgicas en algunos casos", precisó el especialista hace unos días, ante el incremento de contagiados, principalmente en las provincias de La Habana y Artemisa, en el oeste de la isla.

    Con visible molestia y rompiendo su tradicional calma en cada encuentro diario a través de la televisión, el popular epidemiólogo llamó por su nombre a los causantes del rebrote, y reclamó más atención, advirtiendo que podría regresarse a medidas de aislamiento más severas ya superadas.

    La situación actual ha cambiado el panorama epidemiológico que se mantuvo favorable hasta la tercera semana del mes anterior, donde incluso el 20 de julio no se reportaron casos de contagio en la capital cubana, calificada como la cola de la pandemia.

    A partir de ese momento comenzaron a aparecer nuevos focos y eventos que pusieron las cifras en negativo, en la mayoría de los casos vinculados con evidentes violaciones de las medidas de protección y bioseguridad establecidas por las autoridades sanitarias cubanas.

    El caso más significativo fue una fiesta masiva religiosa afrocubana que se celebró en el poblado de Bauta, en la provincia de Artemisa, a escasos 30 kilómetros de la capital, y que trajo por consecuencia la propagación del virus en casi un centenar de personas.

    La indisciplina, amparada en la música y el jolgorio, obligó a las autoridades a declarar una cuarentena en casi todo el poblado, aun cuando la transmisión del virus ya estaba en camino a otras municipalidades cercanas.

    Otro evento festivo en el municipio habanero de La Lisa, provocó consecuencias similares a las ocurridas en Bauta, donde la negligencia, la desobediencia y la falta de percepción de riesgo, puso en peligro la vida de muchas personas.

    Confianza y peligro

    La Habana sigue siendo hasta el momento el epicentro de la pandemia en Cuba. Por su condición de capital y ciudad más poblada del país, es lógico que sea más difícil implementar controles estrictos y, sobre todo, convencer a muchos de la necesidad inaplazable de protegerse para, a su vez, proteger a los demás del contagio.

    Las colas en las mercados siguen dando la nota y más allá de cualquier desabastecimiento o necesidad, para algunos no se justifican las aglomeraciones, el no cumplir con las medidas de distanciamiento entre personas, y el uso correcto de las mascarillas.

    Basta desandar las calles de la ciudad para ver, principalmente a los más jóvenes, con sus nasobucos (mascarillas) colgados del cuello sin cubrir su boca y nariz; grupos de personas conversando sin mantener la distancia adecuada, ómnibus públicos repletos, aun cuando las autoridades establecieron límites en la capacidad de transportación del 100% de los asientos y el 50% de los pasajeros de pie.

    A eso se une la aglomeración de personas en playas y piscinas públicas, una vida nocturna de bares y cantinas en medio de una pandemia que denotan una absoluta irresponsabilidad, a pesar de los reiterados llamados de atención de las autoridades.

    Consecuencias

    En una de sus más recientes intervenciones en la televisión, el doctor Durán resaltó los esfuerzos que realiza el Gobierno de la isla para mantener a raya la proliferación del COVID-19, y criticó a los que, actuando con indolencia, provocan gastos adicionales al servicio sanitario cubano en hospitalización, medicamentos, transporte y personal humano que debe atenderlos de forma gratuita.

    Según cifras ofrecidas por la ministra de Finanzas y Precios, Meisi Bolaños, la isla empleó desde marzo pasado hasta la fecha más de 1.000 millones de pesos del presupuesto estatal para el enfrentamiento al COVID-19.

    La titular de Finanzas explicó que este gasto considerable de dinero estuvo destinado a atender centros de aislamiento, hospitales, traslado de enfermos y otras acciones vinculadas al enfrentamiento al nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

    Ahora, la preocupación del Gobierno está en recuperar el control de la pandemia, asegurar frenar la transmisión, y poder cumplir con los programas nacionales, entre ellos el anunciado inicio del curso escolar en septiembre próximo, que a todas luces, está en riesgo de cumplirse.

    Este repunte pone en peligro además, la capacidad de la isla de reabrir sus fronteras al turismo internacional, un elemento vital para lograr salir de la crisis económica que sacude a Cuba y al mundo.

    Se espera que en los próximos días el Gobierno anuncie nuevas medidas de restricción para frenar la transmisión de contagios, que pueden incluir desde la limitación de la transportación pública, el cierre de lugares recreativos e incluso, el regreso a fases anteriores del proceso recuperativo.

    El llamado de alerta está hecho, queda pendiente apelar a la conciencia colectiva para enfrentar un mal que pone en peligro la vida de todos.

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