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    MOSCÚ (Sputnik) — Cuando China parecía respirar aliviada y los ojos del mundo la seguían con esperanza, un rebrote del coronavirus vuelve a hacer saltar las alarmas.

    Aunque los epidemiólogos siempre han considerado una segunda ola como algo muy probable para cualquier país, el manejo de la epidemia por parte de los chinos, con el que lograron llevar los casos al mínimo, hacía el camino más visible y despejado para los demás.

    Aun así, primero Wuhan y ahora Pekín, volvieron a estar en ascuas.

    Las autoridades chinas nos tranquilizan algo. El brote del coronavirus en Pekín está controlado, afirmó el epidemiólogo principal del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades, Wu Zunyou.

    No obstante, no son pocas las medidas que se han visto obligados a tomar desde que el mercado más grande de comercio mayorista de Pekín, Xinfadi, fuese cerrado provisionalmente el 13 de junio tras detectarse coronavirus en una tabla de cortar salmones.

    Los casos más recientes de COVID-19 en Pekín están relacionados principalmente con ese mercado mayorista, que proporciona alrededor del 70% de las verduras a la capital china con una población estimada en más de 21 millones de habitantes.

    Las autoridades sanitarias reportaron un total de ocho infecciones grupales en Xinfadi, que permanece cerrado actualmente. Según las cifras más recientes, en los hospitales de Pekín se encuentran 158 personas diagnosticadas de coronavirus, mientras 15 infectados asintomáticos están bajo observación médica.

    Medidas drásticas

    Para cortar el rebrote, en el distrito de Fengtai, donde se ubica el mercado, se impuso una "emergencia de período de guerra", mientras fue necesario elevar la alerta epidemiológica a los niveles medio y alto en 28 municipios de la capital china.

    La ciudad volvió a suspender los eventos de entretenimiento, competiciones deportivas, así como eventos con la participación de más de 100 personas. Además, fueron cerrados los gimnasios en plantas bajas y piscinas.

    Las autoridades de la capital han recomendado a los residentes no abandonar la ciudad, pero en caso de necesidad urgente deben proporcionar un certificado de prueba de COVID-19 negativa.

    Desde este 19 de junio, el servicio de autobuses interurbanos fue suspendido debido a la fuerte reducción del flujo de pasajeros provocada por el nuevo brote de COVID-19 en la capital china, comunicó el jefe adjunto del comité de transporte de la ciudad, Rong Jun.

    Por su parte, otras regiones de China impusieron cuarentena obligatoria de 14 días a todos los viajeros procedentes de Pekín.

    Dos aeropuertos internacionales de la capital china, Pekín-Capital y Daxing, suspendieron 1.255 vuelos a causa de las medidas introducidas por el nuevo brote del coronavirus en la ciudad.

    El epidemiólogo Zunyou explicó que diariamente las autoridades publican nuevos datos sobre el crecimiento de los casos de coronavirus, pero esto no significa que cada día aparezcan nuevos infectados.

    "Si digo que la situación está controlada, van a pensar que mañana ya no habrá nuevos casos. Pero no se trata de esto. Mañana, pasado mañana y más adelante habrá nuevos casos. Es cuestión de detectar a los ya infectados, y no a las nuevas infecciones", subrayó.

    Círculo vicioso

    Mientras China se bate con el nuevo brote, el resto del planeta aún hace esfuerzos por salir de la primera oleada, con situaciones muy complicadas, como en Estados Unidos o Brasil, acorralando al virus, como en Rusia, o con repuntes después de lograr controlarlo, como en Italia o España.

    Justamente de Europa parece haber llegado la cepa del coronavirus detectada ahora en Xinfadi, aunque de acuerdo con los resultados preliminares de la secuencia genética, es más viejo que la actual cepa europea.

    Se supone que el virus se habría escondido en un ambiente húmedo, oscuro y poco desinfectado antes de llegar a las personas.

    A la vez los investigadores subrayan que el hecho de que el brote se registrara en el mercado no confirma que sea su lugar de origen, sino que pudo ser una persona infectada o un objeto contaminado los que llevaron el virus al mercado, desde donde este empezó a propagarse.

    Los científicos están intentando rastrear la ruta de transmisión y averiguar cómo la cepa europea llegó a Xinfadi, mientras se barajan varias hipótesis.

    De momento, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades dio a conocer oficialmente los datos de la secuenciación del genoma del virus descubierto en Pekín y también compartió la información con la Organización Mundial de la Salud. Y esperemos que esos resultados y la experiencia china al respecto consigan evitar otros rebrotes.

    Porque mientras sigamos en este círculo vicioso que solo lo puede romper efectivamente una vacuna para todos, la cooperación internacional se vislumbra como el único modo de mantener a raya al COVID-19.

    Etiquetas:
    COVID-19, coronavirus, China, Pekín
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