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    Este 6 de enero, se ha llamado a una movilización en Washington a favor de Donald Trump ante la inminente toma de posesión del demócrata Joe Biden.

    En una sociedad altamente polarizada y con una crisis social agravada, más la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19, la renuencia de Trump de no aceptar su derrota en las elecciones altera el orden constitucional estadounidense, el acuerdo bipartidista tácito entre demócratas y republicanos y genera una ola de descrédito sobre el sistema electoral de Estados Unidos

    Aunque no cuenta con suficiente apoyo institucional, Trump es un líder que moviliza a la base republicana y esto lo hace una figura beligerante dentro de ese partido aunque cuente con férrea oposición. 

    ​El actual mandatario estadounidense puede resquebrajar las bases de los acuerdos políticos de las élites estadounidense, movilizar a las clases marginadas, confundir y agravar la actual crisis política, social y económica que según algunos analistas puede erosionar a la unión generando guerra civil y secesiones.

    La brecha

    En Latinoamérica se suele decir a modo de chiste que la única razón por la que no hay un golpe de Estado en Estados Unidos es porque no hay Embajada de Estados Unidos allí. Sin embargo, Trump está dando claras señales de que está dispuesto a tensar la sociedad hacia su límite y convertir meras bromas en realidades.

    Daniel Kovalic, profesor de Derechos Humanos internacionales de la Universidad de Pittsburgh, en diálogo para Sputnik afirma, ante la posibilidad de que Trump sea capaz de tomar acciones drásticas ante la pérdida definitiva de todas sus opciones electorales, que "no existe un mecanismo legal para que Trump se declare ganador de las elecciones y continúe ocupando el cargo y ningún otro presidente ha intentado hacerlo en tales circunstancias. Que Trump intente hacerlo equivaldría a un golpe de Estado". 

    Para el académico, el llamado que hace Trump para inundar las calles con sus partidarios y publicar tuits en los que insta a su vicepresidente a tener "valentía" y hacerse cargo de las irregularidades en las elecciones, está generando no sólo más polarización, sino que la brecha de legitimidad entre los electores y sus autoridades se haga cada vez más insalvable.

    ​"Las continuas afirmaciones de Trump de que las elecciones fueron manipuladas en su contra solo polarizarán más a este país. Para que una democracia perdure, debe tener una legitimidad basada en el consentimiento popular. Si un gran porcentaje de personas ya no reconoce la legitimidad del gobierno, ese gobierno no puede gobernar por mucho tiempo. Como Trump cuenta con el apoyo de aproximadamente el 40% de la población, está amenazando la legitimidad misma del Gobierno de Estados Unidos", afirma Kovalic. 

    Se acortan los tiempos

    Se tiene previsto que el Colegio Electoral estadounidense inicie un proceso donde ambas Cámaras, en una sesión conjunta, deben certificar los votos de los diferentes estados del país. Georgia es el principal territorio en disputa. A pesar de que Joe Biden cuenta con 306 votos electorales, frente a los 232 de Trump, la sesión del Congreso y su destino no parece estar muy clara. La fecha de la toma de posesión aún se mantiene para este 20 de enero. 

    Frederick B. Mills, profesor de filosofía del Departamento de Historia y Gobierno de la Universidad Bowie State y codirector del Consejo de Asuntos Hemisféricos (Council on Hemispheric Affairs, Washington DC), no cree que Trump esté dispuesto a ir más allá de lo que le permita el apoyo de su propio sector político "sin el respaldo de la mayoría del Partido Republicano en el Congreso y del líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, y sin el apoyo de la rama judicial del gobierno, que ha rechazado más de 50 denuncias legales de fraude electoral".

    Mills destaca que existen más de una docena de legisladores republicanos que planean oponerse a la certificación de Biden como presidente y por tanto están solicitando una comisión federal para investigar las acusaciones de fraude electoral

    "Esto planteará la cuestión jurídica de si dicha comisión puede invalidar la certificación de Estados individuales. En cualquier caso, será difícil para los defensores republicanos de los derechos del Estado mantener esta posición, ya que algunos gobernadores republicanos objetan tal intromisión en sus procesos de certificación", subraya. 

    No obstante, el investigador deja para la reflexión que, a pesar de la pugna entre partidos y los propios liderazgos visibles, no existe sino un baile de disfraces para ocultar lo que es realmente el fondo de la cuestión y que se resume en que ambos coinciden en promover los intereses corporativos y la agenda del Estado Profundo por encima del bienestar y las expectativas de los electores y movimiento sociales.

    ​"La respuesta inadecuada del Poder Ejecutivo y del Congreso para abordar la urgente crisis de salud pública durante una pandemia ha dejado muy en claro esta prioridad, ya que acabamos de sufrir el mes más mortífero del COVID-19. Los republicanos, que ahora están divididos en lo que respecta a disputar las elecciones, están unificados en lo que respecta a limitar la inversión social mientras se mantienen las exenciones fiscales para los ricos y un presupuesto militar sólido. Incluso un cheque de 2.000 dólares para los electores que sufrían dificultades se consideró demasiado extravagante", señala. 

    Asimismo, Mills afirma que es probable que el establishment del Partido Demócrata continúe "anclando su barco en el centro político a pesar de las crecientes demandas de la izquierda de atención médica universal, apoyo a los ingresos durante la pandemia, una moratoria de los desalojos y una política exterior basada en el respeto por la igualdad soberana entre las naciones. Esta objeción limitada del Partido Republicano a la certificación, entonces, no cambia la política básica en ninguno de los lados del pasillo (demócrata o republicano)".

    Por último, Kovalic argumenta que la negativa de Trump a reconocer su derrota deja preparado el camino para que los próximos cuatro años el Congreso se convierta en un campo minado para Biden, pero sobre todo deja tras de sí un país sembrado de dudas ante la naturaleza democrática de Estados Unidos, lo cual "es un juego muy peligroso" de consecuencias imprevisibles. 

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    Joe Biden, Donald Trump, EEUU
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