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    El crac bursátil demuestra, una vez más, que es un evento traumático del mercado financiero históricamente común. El actual derrumbe fulminante de acciones y bonos ya se ubica entre las más violentos de los últimos 100 años.

    El Dow Jones bajó este 16 de marzo el 12,9%, el segundo desplome diario más fuerte en 124 años de historia de la Bolsa de Nueva York.

    Las manías especulativas, los posteriores pánicos y su conclusión en cracs se asocian con la irracionalidad general que domina en el mercado bursátil.

    La expansión del coronavirus y la disputa por el precio del petróleo fueron el detonador de la burbuja especulativa. Pero el crac es la manifestación de la fragilidad de la actual fase del capitalismo globalizado.

    Este tiene las características de otros, como los de 1929, 1987, 2001 y 2008 que fueron burbujas especulativas alimentadas por el crédito, pero tiene una particularidad: la utilización de la inteligencia artificial (algoritmos) en la operatoria bursátil.

    La aplicación de tecnología (mercados automatizados) en el movimiento diario de compraventa de activos bursátiles llevó el frenesí especulativo a niveles nunca antes alcanzados.

    El crac del 29

    Durante seis ruedas de octubre de 1929 las acciones de Wall Street no detuvieron su caída.

    A diferencia de las otras naciones industriales que después de la Primera Guerra Mundial padecieron en el frente económico, EEUU salió relativamente indemne en términos financieros, gracias a su entrada tardía en la guerra.

    La siguiente década vio una tremenda transformación, tanto industrial como cultural, en EEUU. A mediados de los años 20, tres millones de estadounidenses eran dueños de acciones, seducidos por la atracción magnética de enriquecerse de una manera tan sencilla.

    La mayoría compraba acciones "con margen", es decir, en parte mediante préstamos de los corredores.

    El crac de Wall Street fue por el fabuloso endeudamiento para comprar acciones sin respaldo patrimonial, y cuando empezaron a bajar las cotizaciones, los inversores no tenían el capital para cubrir el crédito recibido.

    Con el derrumbe de las acciones comenzó la Gran Depresión de la década del treinta.

    El crac del 87

    El crack del 87 fue uno de los peores de la historia de la Bolsa de Nueva York hasta ese momento; el anterior había sido el del 29.

    El 19 de octubre de 1987 se registró la mayor pérdida de una sesión en las estadísticas históricas del Dow Jones: cayó 22,6% en una sola jornada. Este crac anuló en una sola sesión bursátil buena parte de las ganancias que se habían acumulado durante cinco años de alzas continuadas.

    Hizo que los cimientos de la mayor bolsa del mundo, Wall Street, se tambaleasen por el pánico de millones de inversores. El desplome causó pérdidas a los inversores de más de 500.000 millones de dólares.

    Los motivos del crac fueron el déficit comercial récord de EEUU, alza de las tasas de interés por la elevada inflación, la guerra Irán-Irak y el consecuente problema de suministro de petróleo, y problemas en el mercado inmobiliario.

    Esas pudieron haber sido las causas inmediatas que provocaron el pánico. Pero la estructural, que es común a todas las grandes crisis financieras, es el endeudamiento exagerado que alimenta la burbuja especulativa.

    El crac puntocom (2001)

    Las puntocom fueron empresas tecnológicas que se presentaron en sociedad con la promesa de un mundo nuevo y con beneficios globales e ilimitados.

    Pero gran parte de esos proyectos eran un modelo de negocio insustentable.

    Eran los tiempos en que las compañí­as se valoraban en función de las páginas vistas de sus sitios web y en los que nombres como AOL, el principal proveedor de Internet en EEUU de la época, llegó a cerrar la mayor fusión de la historia con Time Warner.

    Entre septiembre de 1998 y marzo de 2000, el conjunto de acciones de este mercado se dispararon un 240% en un episodio de generación de expectativas sin antecedentes.

    Hasta que estalló la burbuja: se produjo una caí­da libre de las cotizaciones, que llevó al cierre masivo de empresas, deslistado de compañí­as que dí­as antes valí­an millones de dólares, con el correlato de inversores que perdieron enormes fortunas.

    El mercado perdió en dos años nada menos que cinco billones de dólares, algo así­ como el 50% del PIB de EE.UU. de ese año.

    El crac subprime (2008)

    El estallido de esta burbuja se produjo el 15 de septiembre de 2008, cuando el banco de inversión Lehman Brothers se declaró en bancarrota.

    A partir de ese momento, la bolsa de EEUU colapsó y luego le siguió el resto de las bolsas desarrolladas. Ese día el Dow Jones bajó 7,9%.

    El origen de este crac se encuentra en el comportamiento de bancos y el mercado de capitales que financiaron a tasas muy bajas hipotecas a personas de ingresos bajos.

    Por presión del Gobierno, la Reserva Federal (Banco Central de EEUU) redujo la tasa de interés de referencia del 6% al 1%.

    Más de 8000 entidades financieras se lanzaron a entregar créditos hipotecarios (denominadas subprime), que eran activos tóxicos, con elevada probabilidad de no pago.

    La especulación en el mercado inmobiliario, alimentado por créditos a tasas muy bajas, desarrolló una burbuja, que terminó explotando cuando hubo una suba de la tasa de interés.

    Al aumentar el costo de los préstamos, las familias con ingresos insuficientes que habían sido recibido uno de esos créditos no pudieron pagar las cuotas, y el sistema se desmoronó.

    Burbujas

    En cada una de las grandes crisis bursátiles de la historia, la especulación y la expansión desenfrenada del crédito son la raíz de los impresionantes desbarajustes de las finanzas globales.

    Un libro de referencia para estos días es Manías, pánicos y cracs, de Charles P. Kindleberger.

    La primera manía especulativa que terminó en crac fue la desplegada con tulipanes en Holanda, en 1634. Otra burbuja se infló con la aparición del ferrocarril en el siglo XIX.

    El tren provocó una revolución en la organización económica y social, lo que llevó a muchos a soñar con ser millonarios apostando a esa 'nueva era' que prometía la expansión del comercio a niveles impensados para la época.

    El tren produjo, efectivamente, una profunda transformación, pero no sin antes precipitar una fiebre especulativa. En 1947, en el Reino Unido con bonos de compañías ferroviarias, y en 1856, en Estados Unidos con terrenos públicos linderos a supuestas trazas ferroviarias.

    Ambas manías derivaron en profundas crisis financieras.

    Algoritmos

    El actual crac fue provocado por las consecuencias económicas y sociales que se prevén por la pandemia coronavirus.

    Como en anteriores manías, el endeudamiento fue el combustible para impulsar el frenesí especulativo previo al estallido.

    En este caso hubo un factor que lo potenció: la aplicación de la inteligencia artificial, mediante el desarrollo de algoritmos, que exacerbaron las subas como las bajas de las cotizaciones.

    En estos años hubo un cambio vertiginoso en la forma de invertir y de operar en los mercados bursátiles.

    No tiene nada que ver con aquel Wall Street de los años ochenta y noventa, con yuppies estresados dando órdenes a gritos a corredores de bolsa que obtenían ganancias fabulosas en su tarea de intermediarios.

    Hoy la inversión se ha automatizado. El inversor sigue entregando su dinero a una entidad para que sea colocado en acciones y bonos, pero en lugar de un corredor administrando esa cartera, ese capital queda en manos de un algoritmo.

    La informatización de los mercados implica que estos dependen de programas informáticos, que reaccionan dando órdenes de compras o ventas masivas de activos según una serie de variables predeterminadas.

    Riesgos

    En el mundo de las finanzas, los algoritmos han transformado la manera en que se realizan inversiones. Y el actual crac es una consecuencia de esa nueva forma de organización de la operatoria.

    La brutal caída de Wall Street y del resto de las bolsas mundiales se debió, precisamente, a la ausencia de humanos en el proceso: una maquina 'vende' cuando se produce un acontecimiento inesperado. Y lo hace a una velocidad tal que el mercado se hunde antes de que los reguladores o los gobiernos puedan intervenir para frenar el pánico.

    Un 'robot' financiero, o sea un algoritmo ordenado en un programa informático, puede realizar millones de operaciones de compraventa en apenas segundos. No hay intervención humana en esas decisiones.

    Las carteras de inversión se confeccionan analizando varios parámetros bursátiles, perfil de riesgo del inversor e indicadores macroeconómicos.

    Hubo un momento en que la fantasía era que en el futuro las sociedades serían dirigidas por robots androides, como Terminator.

    Pero hoy no son esos robots lo que marcan el ritmo de los países, sino bots y algoritmos de inversión. Y su accionar está teniendo un impacto muy fuerte sobre la economía mundial.

    Este no es un crac más en la historia de los derrumbes de las bolsas. El coronavirus está dejando expuesto el riesgo y poder devastador del negocio bursátil automatizado.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

    Etiquetas:
    mercado, derrumbe, acciones, finanzas, economía, crisis, pandemia de coronavirus, coronavirus de Wuhan, coronavirus
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