22:44 GMT +310 Diciembre 2018
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    Protestas en Nicaragua

    Guarimbas nicaragüenses quieren golpe a Daniel Ortega

    © AFP 2018 / Rodrigo Arangua
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    Vicky Peláez
    Protestas en Nicaragua por la reforma del sistema de la Seguridad Social (65)
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    La escalada violenta que ha estremecido a Nicaragua durante casi una semana ha usado el modelo de las guarimbas venezolanas y ha sido aplicado como un calco por una beligerante y agresiva oposición política al Gobierno de Daniel Ortega.

    Si logramos crear caos en un país podremos cambiar, sin que nadie se dé cuenta, sus valores reemplazándolos por los falsos y así obligaremos a sus habitantes a creer en estos falsos valores.

    (Allen Dulles, primer director civil de la CIA, 1893-1969)

    Dicha oposición ha sido generosamente subvencionada por la USAID, la Fundación Nacional por la Democracia (NED), la Unión Europea y una cadena de Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

    Igual como en Venezuela, los estudiantes universitarios, sectores de la clase media y grupos de choque de oposición armados con metralletas, morteros, cohetones y otras armas artesanales han sembrado terror en ocho departamentos del país, saqueando supermercados y negocios privados, atacando incluso la Empresa Nacional de Alimentos Básicos, incendiando la Casa del Obrero, Casa Sandinista, Ministerio de la Juventud y haciendo daño a todo lo que estaba al paso de las turbas violentas.

    El comportamiento de los medios de comunicación globalizados tanto nacionales como extranjeros, las consignas políticas de la oposición, el uso de métodos insurreccionales de protesta, todo esto indica que estamos frente a un ensayo preliminar de cambio de Gobierno populista por uno neoliberal usando técnicas de una 'revolución de colores' al estilo de 'Primavera Árabe', el 'Maidán' ucraniano y la reciente 'Revolución de Terciopelo' en Armenia.

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    El anuncio el 16 de abril del presidente del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), Roberto López, pasado el inicio de una serie de reformas al INSS para evitar su colapso fue un simple pretexto para la derecha nacional, que esperaba con ansiedad desde hace tiempo para intentar un 'golpe suave' de Estado manipulando a los jóvenes.

    Lo interesante fue que debido a un déficit de 80 millones de dólares en el sistema de pensiones, causado por el desequilibrio interno entre la base de cotización y pensionistas, el Gobierno propuso una reforma del INSS en 2017 que fue sometida a discusión democrática con los sindicatos de trabajadores.

    También participaron en los debates organizaciones empresariales como el COSEP (Consejo Superior de la Empresa Privada), la AmChane (Cámara de Comercio Americana Nicaragüense), la Unipyme (Unión Nicaragüense de la Pequeña y Mediana Empresa), el INDE (Instituto Nicaragüense de Desarrollo) y otros sectores de la sociedad, incluyendo la iglesia católica y la evangélica. Como resultado de los diálogos y discusiones se logró un cierto consenso respecto a todos los puntos clave de la reforma.

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    Sin embargo, a la hora de aprobar el Gobierno de Daniel Ortega la reforma al INSS para fortalecer el sistema de pensiones mediante una mejor distribución de responsabilidades entre las empresas y los trabajadores, el COSEP rechazó 'sorpresivamente' el anuncio gubernamental debido a que creaba "incertidumbre" para los empresarios y limitaba la creación de empleos por parte del sector privado.

    Según el COSEP, sería mejor aplicar las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que consistían en aumentar la edad de jubilación de 60 a 65 años, subir las semanas cotizadas y eliminar el pago de la pensión reducida, que beneficia a los trabajadores de más bajos ingresos y su familia.

    Lo que no le gustó al sector privado fue que la reforma publicada en la Gaceta Oficial mantenía la edad de jubilación en 60 años y su tiempo trabajado para el otorgamiento en 15 años o 750 semanas, uno de los más bajos del mundo. También se molestaron los empresarios por no eliminar las pensiones para las víctimas de guerra, por no aumentar el número de cotizaciones de 750 a 1.500.

    Le disgustó especialmente al COSEP y otras organizaciones empresariales el aumento del aporte de las compañías al INSS del 19 al 22,5%. Por supuesto no les molestó que el INSS fuera a reducir en un 5% sus gastos administrativos y los trabajadores fueran a aportar el 0,75% de la cuota laboral más y que todas las pensiones se fueran a ajustar el 5% para protegerlas y para financiar la atención de ciertas enfermedades y la maternidad.

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    Al día siguiente del anuncio de la reforma, el más importante grupo político constituido por la alianza FAD-MRS (Frente Amplio por la Democracia-Movimiento de Renovación Sandinista), que representa una alianza de ultraderecha con los disidentes del sandinismo, activaron las cuentas de Twitter #SOSINSS, #NoTenemosMiedo, #OcupaINSS, #SOSNicaragua, #QueSeRindaTuMadre que narraban el rechazo a la reforma por la ciudadanía y, en especial, por los jóvenes y trabajadores, tergiversando el contenido de lo acordado por el Gobierno.

    ​​Los agitadores profesionales adiestrados por la USAID desde hace mucho tiempo trataron de evitar hábilmente la identificación con algún movimiento o partido político llamando a las protestas aparentemente espontáneas y a los 'plantones'.

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    Posteriormente, todas estas cuentas de Twitter y en particular, #SOSINSS empezaron a glorificar la violencia, transformando a los vándalos en héroes de la resistencia y, a la vez, acusando al Gobierno y sus organizaciones de los jóvenes sandinistas como los actores principales de la violencia y destrucción.

    Igual como en el caso de Venezuela, la prensa internacional utilizó estas 'noticias falsas' (fake news) para desatar una guerra mediática contra el Gobierno de Daniel Ortega.

    El portal Nicaleaks anunció el pasado 16 de abril: "Esta mañana, los dirigentes de las ONG opositoras, como Cenidh, CPDH, Fundación Violeta Barrios de Chamorro y Hagamos Democracia, entre otros, así como grupos políticos FAD, MRS, etc., y medios de comunicación como La Prensa y Confidencial amanecieron con los brazos y bolsillos abiertos en espera de que la USAID siga destinando dinero para eternizar el estatus de vida que llevan".

    El pasado 24 de abril, Nicaleaks desenmascaró las intenciones de los cabecillas de protestas. Según la presidenta de la FAD Violeta Granera, "la seguridad social ya no es el tema de protestas, sino la libertad de expresión, la corrupción y tantos otros", entre ellos, terminar con el Gobierno populista de Daniel Ortega. Por algo el diario La Prensa repite día a día que "Ortega tiene que irse del poder".

    Resulta alarmante también que la movilización para las protestas se haya llevado a cabo mediante las redes sociales con métodos muy similares a los de la Guerra No Convencional (GNC). Como lo explicó Nikaleaks, "uno de los principios básicos de la GNC, perfeccionada por Washington para derrocar Gobiernos que no son de su agrado, es lograr que la sociedad se enfrente al Gobierno con cualquier excusa, potenciar el conflicto desde el exterior y cerrar el cerco a nivel diplomático".

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    Resulta que, para Washington, la llegada de Donald Trump al poder hizo más activa campaña de desestabilización de los regímenes que 'no son de su agrado', a pesar de no ser abiertamente antinorteamericanos, como el Gobierno actual de Nicaragua, que mantenía hace poco un pacto de 'convivencia' con el empresariado llamado un pacto de "unidad nacional" y que toleraba la presencia y la actividad subversiva de la USAID en Nicaragua, autora del uso de jóvenes en los cambios de regímenes en América Latina.

    En 2016, esta institución del departamento de Estado de EEUU entregó a la oposición política 31 millones de dólares bajo la cobertura de 'Desarrollar las Capacidades para la Defensa de la Sociedad Civil'. Las guarimbas nicaragüenses son su resultado preliminar.

    El administrador de la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID), Mark Green, ya anunció que su Gobierno continuará apoyando la "participación libre, segura y genuina de las organizaciones independientes de la sociedad civil". Omitió decir que tenía en cuenta la participación en protestas violentas, pero de eso no cabe duda, por algo EEUU apoyó a los contras en la lucha contra el Frente Sandinista de Liberación Nacional entre 1981-1990.

    La política de EEUU hacia Nicaragua no ha cambiado desde 1927, cuando el presidente Calvin Coolidge declaró: "Tenemos intereses bien definidos y especiales para mantener el orden y un buen Gobierno en Nicaragua… para no hacer peligrar los intereses nacionales norteamericanos y, en especial, no permitir la influencia de ningún otro poder extranjero" (The New York Times, 11 de enero, 1927).

    Esto explica el descontento de la embajadora estadounidense en Nicaragua, Laura F. Dogu, por la compra de 50 tanques rusos por el Gobierno del país y por el reconocimiento oficial del Gobierno de Osetia del Sur y Abjasia. Como se sabe Washington prohíbe trabajar muy de cerca con los Gobiernos que han reconocido a estos países e impone sanciones a los que no le obedecen.

    Nicaragua se fue afectada también por las sanciones que impuso EEUU a la corporación energética venezolana PDVSA, la accionista mayoritaria de la compañía petrolera nicaragüense, Albanisa. Tan fuertes han sido las presiones de Washington que la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN) ha tenido que suspender la exportación a Venezuela carne, lácteos, café, ron, tabaco, frijoles y maíz.

    También fue la Casa Blanca la que logró crear una fuerte oposición nicaragüense a la construcción de un Canal Interoceánico de 270 kilómetros por China que iba a desplazar al de Panamá.

    Por muy conciliador y no conflictivo que sea el Gobierno de Daniel Ortega, Washington decidió cambiarlo terminando con su populismo que cierra ciertos caminos al neoliberalismo. Las recientes guarimbas, que trajeron la muerte a 27 personas, entre ellos a un periodista y un oficial de policía, son el resultado de la decisión del Gobierno de Donald Trump de no permitir más populismos y nacionalismos en América Latina, América Central y el Caribe.

    El Gobierno de Nicaragua decidió derogar el decreto para reformar al INSS y así calmar a los manifestantes y poner fin a la violencia. También movilizó el Ejército y a la vez llamó al diálogo nacional y a la convivencia a todas las organizaciones políticas, empresariales, gremiales y religiosas. Para facilitar el retorno de paz, las autoridades anunciaron la liberación de las personas detenidas por las graves alteraciones del orden público.

    Por el momento, la situación se calmó, pero los pobladores empezaron a organizarse para defender barrios, comercios, centros asistenciales y espacios públicos en caso de surgir otros brotes de violencia. A la oposición no le quedará otra alternativa que participar en el diálogo apoyándose en su aliado incondicional, la iglesia católica.

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    No obstante, no hay que olvidar que las guarimbas nicaragüenses de ahora son un preámbulo a nuevos futuros intentos de erradicar el sandinismo, igual que en Venezuela, donde los opositores están tratando de enterrar al chavismo para cumplir con las órdenes de Washington y así poder disfrutar de sus frugales favores.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Tema:
    Protestas en Nicaragua por la reforma del sistema de la Seguridad Social (65)
    Etiquetas:
    crisis política, protestas, Daniel Ortega, EEUU, Nicaragua