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    Las banderas independentistas de Cataluña

    "El discurso oficial del 'procés' ha ignorado a la clase trabajadora"

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    Javier Benítez
    El 'procés' catalán, a un año del referéndum del 1 de octubre (63)
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    En el ámbito sindical, el 3 de octubre de 2017 irrumpió un nuevo agente en el procés: la organización de la población al margen de las instituciones. En la medida que el sindicalismo hizo una huelga, la clase obrera apareció en escena con una agenda propia, pero su aparición fue fugaz, según el secretario general de CGT Cataluña, Ermengol Gassiot.

    Así explica Ermengol Gassiot la manera en que influyó el 1-O en el ámbito sindical, al señalar que durante unas semanas se mantuvo un espacio de movilización, pero lo que vino después, las elecciones en Cataluña del 21 de diciembre, significó una vuelta a la senda de la política institucional.

    En ese momento ubica Gassiot el punto en que como trabajadores han padecido "una cierta división, porque por una parte el discurso oficial del 'procés' ha ignorado a la clase trabajadora, y por otra han aparecido fuerzas nuevas como Ciudadanos, que con un discurso de extrema derecha y ultra liberalismo, han fomentado una serie de planteamientos 'medio obreristas' en su denominación —repitiendo lo que está ocurriendo en otros lugares de Europa—, que en el fondo lo que acaban haciendo es de interiorización en la clase trabajadora de argumentos de la patronal más dura".

    Ermengol Gassiot, secretario general de CGT Cataluña
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    Ermengol Gassiot, secretario general de CGT Cataluña
    Según el sindicalista, ahí es donde "desgraciadamente" se ve esa división en los barrios populares, "por una parte porque el Gobierno de la Generalitat y las fuerzas hegemónicas del procés han ignorado a la clase trabajadora como agente político, y luego por los cantos de sirenas que nos vienen de organizaciones cada vez más escoradas a la extrema derecha".

    Al volver la vista hacia un pasado no tan lejano, Gassiot pone las cosas en perspectiva respecto al Govern. "Nosotros no olvidamos que el Gobierno catalán, incluso el actual, es heredero de un Gobierno catalán que en el ciclo 2011-2012 (bajo la presidencia de Artur Mas) aprobó los peores recortes en los derechos de los trabajadores en el sector público que hemos vivido en los últimos cuarenta años en el Estado. Recortes en servicios sociales, en educación, en sanidad, pero también el apoyo a reformas laborales salvajes del Gobierno (central de Mariano Rajoy) del Partido Popular".

    "Lo que hemos visto es que en todo eso que se ha llamado el procés, no hemos tenido la capacidad nosotros de poner una agenda social encima de la mesa, o agenda sindical, y se han ido consolidando y normalizando esos recortes. Y eso es un perjuicio claro a las condiciones de vida de la clase trabajadora y tendremos que pensar cómo lo revertimos", reflexiona el secretario general de CGT Cataluña.

    ¿Se ha avanzado algo desde el 1-O políticamente, o de algún modo?

    Para Gassiot es complicado poder desentrañar si ha habido algún avance real de algún tipo tras el 1-O en la resolución de la crisis catalana, desde ambos lados. Tras aclarar que como sindicato conocen poco los entresijos de la política institucional, confiesa tener la sensación de que los movimientos que se están dando ahora (entre Gobierno central y la Generalitat de Cataluña) son para recomponer la situación.

    "Hay 'gente del 1 de octubre' que tiene que ver con una crisis del conjunto del Estado español construido a partir de los pactos de La Moncloa y el régimen del '78 (1978), que en Cataluña se manifiesta de una forma mucho más virulenta que en el resto, pero que es una crisis en la que hay un crecimiento del republicanismo muy alto en el conjunto del Estado (español). Y seguramente lo que está sucediendo ahora no deja de ser una forma de intentar reconducir y mantener el Estado español como una monarquía parlamentaria, tal y como lo hemos conocido en las últimas décadas".

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    En este sentido, para Gassiot "no deja de ser curioso que la caída del Gobierno de (Mariano) Rajoy fuera sin ningún tipo de defensa. Casi, casi, fueron ellos los que abrieron la puerta y salieron. Y tampoco deja de ser curioso que el actual Gobierno de la Generalitat, más allá de una política de símbolos, en realidad no esté gobernando efectivamente, que esté sirviendo de correa de transmisión de las políticas, que además muchas veces vienen dictadas por la troika que aplica el Gobierno español", observa.

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    Gassiot explica que cualquiera que haya estado en la gestión de un conflicto sabe perfectamente que a veces es tan importante ganar posiciones, como la forma en que luego "se vende hacia afuera, sobre todo hacia tu propia gente, la resolución de ese conflicto".

    "Me temo que estamos en la segunda fase, en cómo se vende la composición del Estado hacia el conjunto de la sociedad española, y hacia una parte de la sociedad catalana que creía hasta hace poco estábamos prácticamente en el limbo de la independencia. Y seguramente lo que estamos viendo ahora es un proceso calculado de acercamiento gradual en aras de desactivar ese conflicto político", subraya.

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    "Como sindicato nosotros hemos defendido siempre las mismas. Tiene que haber un reconocimiento efectivo del derecho de autodeterminación de todos los pueblos del mundo y también los que configuran la península ibérica y el actual Estado español. Tenemos que buscar unas formas de organización colectiva que den el poder a la gente, que hagan que la política no sea una cosa profesionalizada, una gente que ocupa despachos, y eso pasa por fortalecer los espacios de movimiento y organizaciones populares. A partir de ahí, si eso ocurriera en el conjunto del Estado tendremos la oportunidad de redefinir cómo queremos relacionarnos colectivamente, tanto los ciudadanos del Estado español, como la gente que vive aquí y no tiene derechos de ciudadanía", indica Ermengol Gassiot.

    Lo que dejó el 1-O

    Gassiot explica que uno de los elementos que atesora una parte importante de la población en Cataluña es en primer término, la capacidad que tiene su población para movilizarse y generar unas expectativas que la política institucional no abre: "de hecho muchos pensamos que el 1 de octubre se hizo a pesar de las instituciones catalanas".

    Pero, ¿en qué sentido lo dice? "Pues cuando de alguna forma hubo unas directrices encubiertas del Gobierno catalán de ‘dejemos que venga la policía, que cierre los colegios electorales, y pasemos página rápidamente del referéndum', un movimiento civil importante ocupó las escuelas, las mantuvo abiertas, incluso a pesar de que la policía catalana retirara más urnas que la policía estatal, y sobre todo la respuesta que hubo después a toda la violencia que vimos".

    "Una respuesta fue el día 3 de octubre en una de las huelgas generales más masivas que ha habido jamás en los últimos cuarenta años en Cataluña, y que además no fue en clave 'independencia sí / independencia no', sino en clave de una represión espeluznante para mucha gente. Incluso había gente que llevaba la bandera española. Salimos a la calle para protestar contra un recorte de derechos fundamentales", remarca el sindicalista.

    La mirada sindical al 1-O desde el exterior

    Hubo ojos sindicalistas que miraron lo que ocurría en Cataluña desde su punto de vista desapegado, en lo geográfico y emocional. Así, el secretario de Relaciones Internacionales de CGT Cataluña, Ángel Busqued, explica que todos los sindicatos del mundo, están más o menos acostumbrados a tener una relación en general no amistosa con los cuerpos represivos. "Lo que vieron con enorme extrañeza es que los cuerpos represivos, Policía Nacional, Guardias Civiles, e incluso la no actuación de Mossos d'Esquadra, reflejara acciones contra personas pacíficas que no estaban rompiendo o destrozando nada físicamente, y que estaban ejerciendo, lo que ellos decían, un derecho. Les sorprendió el nivel de agresividad —más que el hecho de tratar que no se produzca algo—, con la cual se lo tomaron (…) que era la cosa más visible".

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    Quienes "tenemos más cercanas a las organizaciones sindicalistas europeas, (notamos que) lo que ellos veían era cómo una inmensa parte de la población salía a la calle a defender un derecho, que era ‘el derecho a que me pregunten', (más allá de que) vote sí o vote no. Entonces apreciaban bastante el posicionamiento que se dirigiera en ese sentido, de respetar una opción de capacidad de decidir", concluye Ángel Busqued.

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    El 'procés' catalán, a un año del referéndum del 1 de octubre (63)
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    Confederación General del Trabajo (CGT), España