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    Antesala del Cine Cosmos

    Conoce la historia de la mítica colección de cine soviético en Argentina

    © Foto: Cine Cosmos
    Cultura
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    Patricia Lee Wynne
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    Una de las mayores colecciones de cine soviético en América Latina, con más de 400 títulos, perteneció a la familia Vainikoff, dueños del cine Cosmos 70, un ícono de la juventud y el movimiento intelectual en los años sesenta y setenta, que sobrevivió censuras y dictaduras. Esta es su historia.

    Isaac Argentino Vainikoff, conocido como Argentino Lamas, hijo de padres rusos, fundó en 1937 la distribuidora de cine soviético Artkino Pictures, con la cual empezó a distribuir oficialmente en Argentina las películas soviéticas. A mediados de los años cincuenta Vainikoff alquiló primero y compró después el entonces Cine Teatro Cataluña, un edificio art decó de 1929 con 1.200 localidades, en plena avenida Corrientes de Buenos Aires. En 1966 fue reinaugurado como Cosmos '70. El nombre era en homenaje a los avances soviéticos en el espacio, y en alusión al ancho de las películas de 7O mm.

    Durante los duros años de dictaduras militares, el Cosmos se convirtió en un santuario de los amantes del séptimo arte y del cine soviético en particular. Cerrado desde 2008, en 2010 fue adquirido por la Universidad de Buenos Aires y ahora se denomina Cine Cosmos UBA.

    Reconstruimos este largo periplo en una amena conversación con Luis Vainikoff, hijo del fundador de Artkino y expropietario del Cosmos, y con Gabriel Guralnik, actual director del Cine Cosmos UBA y profesor de Escuela Nacional de Cinematografía, en el viejo edificio de la calle Corrientes, donde todavía se encuentran los reflectores Prevost italianos, los mismos de la nostálgica película Cinema Paradiso.  

    Desde sus butacas, los jóvenes rebeldes de melena larga que descubrían el rock y que estaban dispuestos a cambiar el mundo, devoraban las películas de Andrei Tarkovski, los emblemáticos filmes de Serguei Eisenstein como El acorazado Potemkin y Octubre, la monumental Guerra y Paz, de Serguei Bondarchuk, ganadora del Óscar en 1968 y otros tesoros del séptimo arte soviético y de Europa oriental.

    Sala del Cine Cosmos
    © Foto: Cine Cosmos
    Sala del Cine Cosmos

    La llegada de películas soviéticas a la Argentina empezó en los convulsos años treinta, con el trasfondo de la Guerra Civil española y el ascenso del fascismo en Italia. "Antes ya llegaban películas rusas a través de Natalio Botana, director del célebre diario Crítica, con la idea de juntar fondos y de hacer campaña contra el nazismo que se avecinaba en Europa. Se reunía dinero para la Brigadas Rojas en España porque había muchos refugiados republicanos en Argentina", relata Vainikoff a Sputnik, quien agrega que casi todo el negocio cinematográfico era de inmigrantes europeos movilizados por el tema de la guerra.

    Argentino Vainikoff fundó Artkino Pictures en 1927. La empresa había sido creada en Estados Unidos  con la idea de distribuir cine soviético en todos los países de América Latina, algo así como la competencia de la Meyer de Hollywood. "El fundador, Nicolás Nápoli, le pidió a mi padre que lo asesorara para abrir la distribución en distintos países y así fueron fundando Artkino en Argentina, Uruguay, Chile", recuerda Luis Vainikoff, quien hoy en día es asesor del Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (INCAA).

    "Las películas soviéticas tenían muchísimo éxito, porque en los años treinta los sindicatos en Argentina eran dominados por el Partido Comunista y todo lo que venía de la URSS tenía una fuerza muy especial para ellos. Dieras lo que dieras, eran colas y colas", continúa.

    Pero la situación política en América Latina no era la mejor: ser comunista o distribuir películas con el sello comunista, traía muchos problemas. Por eso, de a poco, los Artkino suramericanos fueron cerrando y los únicos que se mantuvieron fueron los de Uruguay y Argentina.  "El cine soviético tuvo un momento de gloria hasta la época de Perón, cuando la gente acudía masivamente al cine".

    Con el advenimiento del peronismo (1945-1955), la persecución al Partido Comunista fue muy fuerte, pero Artkino se mantuvo gracias a la visión de su dueño, quien "separaba la ideología y las opiniones personales de los negocios",  gracias a lo cual logró mantener separada la distribuidora  de los avatares de la política.

    Proyector Prevost de Milán
    © Foto: Cine Cosmos
    Proyector Prevost de Milán

    Incluso Perón le pidió a Vainikoff padre que trajera películas rusas para el primer Festival Internacional de Cine Mar del Plata en 1954, en el cual participó una delegación soviética encabezada por el célebre director Serguei Bondarchuk. Según comentó Vainikoff hijo al diario la Nación, Perón veía siempre cine ruso y le gustaba mucho.

    Poco a poco, el archivo se fue formando, y en esto fue decisiva la cuidadosa actitud de Argentino Vainikoff, que guardaba todas las copias. "Mi padre pensaba que las imágenes eran lo único que nos iba a quedar en el futuro y por eso nunca destruyó una copia, muchas se nos perdieron en incendios, o por el paso del tiempo, pero él tenía la visión de que la imagen era lo único que iba a perdurar", recuerda su hijo.

    "Eso traía problemas, porque cuando se terminaban los derechos de las películas, había que devolver o destruir las copias, pero mi padre las conservaba".

    En 1957, Vainikoff alquiló la sala del Cine Teatro Cataluña con otros socios, pero ellos no querían pasar películas rusas. "Mi padre esperó a que se cansaran y se fueran, y empezó a comprar el cine por partes, con lo que producía la distribuidora.  La gente no entendía, por ahí no comíamos en mi casa, pero teníamos  el cine, era medio absurdo, pero teníamos la idea de que esto iba a tener una utilidad a futuro".

    El Cosmos 70 fue un oasis de la cultura porteña en las épocas oscuras de la represión militar. "Inauguramos el cine después del golpe de Estado de Juan Carlos Onganía en 1966. Es que el cine funciona gracias a los golpes militares. Las mejores películas argentinas se hicieron cuando había represión o una gran crisis económica, que es cuando la gente se refugia en el arte. Cuando todo va bien, la gente va al cine pero a ver otras cosas", reflexiona Luis.

    Los Vainikoff resistieron el embate del cine comercial: "Teníamos una visión distinta porque no queríamos dejar de distribuir este material para pasar a las grandes películas. Todos los distribuidores independientes, cuando hacían dinero con algunas películas, se pasaban a las comerciales que eran más fáciles de explotar. Nosotros nos mantuvimos hasta que pudimos", comenta.

    A pesar de las persecuciones y de las distintas veces que la sala fue cerrada, las películas soviéticas se seguían viendo en cine clubes o en otras salas comerciales. "Cuando se venía una crisis económica muy grande o un movimiento político, ahí reabríamos el cine, porque en esos momentos la gente trata de agruparse con los que tienen cosas en común".

    Gabriel Guralnik, actual director del Cine Cosmos UBA, recuerda que tenía 17 años cuando fue el golpe militar de 1976: "Para la gente de mi generación, durante la segunda mitad de la década del 70 y los primeros años de los ochenta, el Cosmos era un lugar de referencia. Allí  conocimos a Ingmar Bergman, las películas soviéticas y de Europa oriental. Era un punto de encuentro que se mantuvo durante toda la dictadura".

    Los militares no se atrevieron a tocar el Cosmos y nunca secuestraron ni detuvieron a nadie allí. Lo sorprendente es que la audiencia era de lo más variada: desde el almirante Isaac Rojas, uno de los líderes del golpe que derribó al gobierno de Juan Domingo Perón en 1955, cuya película favorita era El Acorazado Potemkin, hasta los activistas de izquierda, todos iban a ver las películas rusas.

    Es que el gusto por el cine soviético iba más allá de las simpatías políticas. "Mi papá, que era español, venía a ver todos los domingos películas rusas", evoca Guralnik. La razón, para él, es que los personajes de estas películas "tienen  mucho que ver con lo humano, la gente busca otra esencia, la bondad, esas cosas que afloran en las películas rusas".

    "En esos años de posguerra, cuando la propaganda oficial transmitía una imagen de que todos los que vivían detrás de la Cortina de Hierro eran  unos malditos, de repente te encontrabas con gente muy tierna en la pantalla y eso le llegaba al público", acota Vainikoff. Esto explica el éxito de películas como Pasaron las Grullas, que a pesar de ser sobre la II Guerra Mundial, no pierde ese tono íntimo. "Siempre está el drama personal de alguien que pasó por esa situación".

    Guralnik, quien también es profesor de cine, anota que las películas rusas tienen "un tiempo que le va bien a los que viven en La Pampa o en el campo, a quienes les resultaba más natural el tiempo que se tomaba un director ruso como Tarkovsky para filmar una escena, que los tiempos de Hollywood".

    Otro factor que explicaría ese ‘tempo' especial, es que la URSS producía para los países orientales y asiáticos y para la India, donde muchas películas violentas no funcionaban, agrega Vainikoff.

    Por el Cosmos pasaron las películas de las distintas etapas del cine soviético, empezando por el cine revolucionario y experimental posterior a 1917, que, para Guralnik, "está en el mismo nivel de todas las vanguardias del resto del mundo",  como las películas de Eisenstein. En la antesala de la Gran Guerra Patria, Guralnik destaca Alexander Nevsky, también del gran director, "en la que todo el pueblo de Nóvgorod se levanta contra el enemigo teutón, anticipatoria de la invasión alemana que está por suceder". Durante la Guerra, el cine pasa a la resistencia para levantar el ánimo, y después de 1945 "hay un cine de reparación, donde todos son víctimas".

    Vainikoff destaca películas épicas, como Guerra y Paz, de Sergei Bondarchuk, que ganó el Oscar en 1968 y que tuvo a 120.000 soldados en escena.  "Un loco que recreó un campo de batalla propio, algo que solo se podía hacer en la URSS.  No había extras, no había computación, no había nada, y filmaron más de ocho horas que quedaron en pantalla".

    Los Vainikoff fueron guardando incluso cintas que nunca vieron la luz en su patria, porque eran enviadas al exterior y después prohibidas. "Nosotros las comprábamos a través de un proceso complicadísimo, después llegaba la orden de que la película se prohibía y la tenías que devolver, pero como los fletes eran tan costosos, nos decían que las destruyéramos, y mi padre siempre las guardó. El Frío Verano del 53, la Comisaria Política, son algunas de las películas que se salvaron y se pudieron ver años después.
    Luis Vainikoff expropietario del Cine Cosmos '70 junto a Gabriel Guralnik, actual director del Cine Cosmos UBA.
    © Foto: Cine Cosmos
    Luis Vainikoff expropietario del Cine Cosmos '70 junto a Gabriel Guralnik, actual director del Cine Cosmos UBA.

    Sin embargo, los tiempos se hicieron cada vez más difíciles para mantener un cine y una gran colección sin apoyo estatal y sin una cinemateca para conservar los films. Al final de la dictadura en los años ochenta llegaron los nuevos formatos como el VHS y el cable, y los cines sufrieron una enorme retracción.  "En los  últimos años cambió la forma de ver y de pensar. La gente ya no está acostumbrada a ver rayas en las películas,  porque las ven remasterizadas en computadora y parecen nuevas", señala Guralnik.

    Lea más: La Gran Guerra Patria perpetuada en el séptimo arte

    El Cine Cosmos 70 cerró sus puertas en 2010.  La valiosa colección de cine soviético, con más de 400 títulos, está en manos del crítico Fernando Martín Peña. El Cosmos, adquirido por la Universidad de Buenos Aires, realiza proyecciones y festivales, pero espera reabrir sus puertas al público. Los nostálgicos añoran ese momento.

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    Etiquetas:
    arte visual, película, historia, cine, Argentina
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