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    Este 18 de agosto las agencias de noticias informaron sobre un golpe de Estado en Mali. Después de meses de protestas contra el Gobierno de Ibrahim Keita, un levantamiento dirigido por parte de la Guardia Nacional mantuvo secuestrados durante horas a varios miembros de la cúpula gubernamental incluido el presidente, quien acabó por dimitir.

    "África no necesita hombres fuertes, necesita instituciones fuertes", proclamó el expresidente de EEUU Barack Obama, en su discurso ante el Parlamento de Ghana en 2009.

    Ibrahim Boubacar Keita consiguió llegar al poder gracias al proceso iniciado por el golpe de Estado de 2012 y la intervención militar del país que sería su principal sostén: Francia. El Gobierno de transición que derrocó al reelecto presidente Amadou Toumani Touré y pidió la incursión francesa inauguró un período signado por la destrucción de las instituciones democráticas, el fraude y la violencia política. Así gobernó durante casi una década: con escaso apoyo popular, pero sostenido por las fuerzas de ocupación extranjeras.

    Cosas de excolonia

    Desde la independencia conseguida en 1959, Malí no ha podido desprenderse de la tutela política y económica de Francia, su antiguo mando colonial. Los más preciados recursos naturales con los que cuenta su territorio (uranio, oro, y petróleo) están, en gran medida, bajo el control de empresas francesas que explotan la mano de obra nativa a costos ínfimos, destruyen el entorno y garantizan el nulo desarrollo local. No por nada Malí es uno de los países más pobres del mundo.

    El golpe de Estado de 2012 y la posterior intervención militar francesa, luego avalada y apoyada por el resto de las potencias occidentales, la ONU y otras misiones europeas, tenían el supuesto objetivo de estabilizar el país, pero terminaron por conducirlo hacia el colapso institucional, la fragmentación y el recrudecimiento de la violencia sectaria. Lo que inicialmente intentó mostrarse como una operación para ayudar a restablecer la integridad territorial de Mali terminó convirtiéndose en una ocupación permanente por parte de Francia, EEUU y distintas potencias europeas que, a través de la Minusma, misión de la ONU en Malí y otras instituciones —EUTM, Misión de formación de la Unión Europea; Operación Berkhane, etc.— garantizan la presencia de más de 20.000 soldados extranjeros en la zona.

    Al Qaeda, el enemigo predilecto de la guerra contra el terrorismo iniciada por la Administración Bush Jr. sigue generando caos y violencia en países de Oriente Medio y África y, peor aún, continúa operando gracias al apoyo de países aliados de las mismas potencias occidentales: Arabia Saudita, Catar, etc. Su presencia en Malí ayudó a justificar la intervención militar extranjera. Las disputas territoriales y los conflictos étnicos (entre los que se destaca la disputa por la soberanía del pueblo tuareg) que se agudizaron producto de la desintegración estatal completaron el argumento para que la misma continúe hasta el presente.

    Los meses previos y el día después

    El avance del COVID-19 no impidió al Gobierno de Keita realizar las elecciones legislativas previstas para marzo de este año. Aunque la participación de la población fue del 35% y el proceso estuvo signado por numerosas irregularidades y actos de violencia contra la oposición (secuestro de dirigentes y funcionarios electorales, saqueo de puestos de votación, impugnación de algunos resultados en favor del partido gobernante) este fue considerado válido por el Gobierno, la ONU y los Estados foráneos involucrados en el destino político del país. Sin embargo, un importante sector de la población maliense lo consideró un factor determinante para salir nuevamente a las calles y exigir la renuncia de Keita, tal como sucedió en 2017, 2018 y 2019.

    A partir de estas últimas jornadas de protesta se conformó un frente político de oposición al Gobierno, el Mouvement du 5 Juin-Rassemblement des Forces patriotiques du Mali o M5-RFP: coalición heterogénea de grupos religiosos, partidos políticos, miembros de la sociedad civil y dirigentes sindicales que lidera la disputa de poder más importante desde el golpe de Estado de 2012 y tiene como principales referentes al imam Mahmoud Dicko, a Oumar Mariko, presidente del partido SADI (Solidaridad africana por la democracia y la independencia), entre otros.

    Durante el mes de junio, las protestas lideradas por el M5-RFP cobraron mayor fuerza y adhesión popular. A través de un comunicado emitido el 19 de junio, esta organización pidió la renuncia de todo el Gobierno y convocó a una movilización que resultó multitudinaria.

    A fines de julio, una misión compuesta por cinco jefes de Estado de la organización regional de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) propuso una "solución" apoyada por la Unión Europea y EEUU. El plan se centró en sostener a toda costa al presidente, "la formación de un Gobierno de unión nacional y el restablecimiento de una Asamblea Nacional legítima". El M5-RFP rechazó la iniciativa, volvió a pedir la salida del presidente y reclamó la instauración de un Gobierno de "transición republicana". La mayoría opositora maliense considera que la Cedeao enmascara la injerencia de Francia en los asuntos internos del país.

    A la luz de los acontecimientos ocurridos durante los días previos al derrocamiento de Keita, Oumar Mariko declaró: "Hoy en Malí se lucha por la libertad, la soberanía, la dignidad" y agregó que "para que el propio presidente Keita pueda ir a determinadas localidades del país debe obtener el permiso de los grupos rebeldes o de Francia. (…) ¿Dónde está la independencia y el ejercicio de la soberanía del Estado maliense en estas condiciones? (…) Nos disgusta ver que las representaciones diplomáticas se sobrepasan en sus misiones. Estamos hablando del embajador de EEUU en Malí y el representante de EEUU en el Sahel".

    Luego de conocerse el éxito de la operación militar contra la cúpula gubernamental los miembros de la Cedeao decidieron cerrar las fronteras regionales con Malí y suspender a este país de todos sus órganos, según informan varios medios locales. Los Gobiernos de Francia y EEUU pidieron el "respeto por la constitución" demostrando un gran malestar por el derrocamiento del Gobierno alineado con sus intereses. Por su parte, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, consideró "profundamente preocupante" el golpe de Estado y advirtió que este puede tener "un efecto desestabilizador en la región [y obstaculizar] la lucha contra el terrorismo".

    A pedido de Francia, el 19 de agosto se desarrolló una reunión de emergencia (a puertas cerradas) del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar la grave situación que atraviesa el país. A través de un comunicado oficial subrayó "la urgente necesidad de restaurar el estado de derecho y avanzar hacia el restablecimiento del orden constitucional".

    Por otro lado, los generales que encabezan la insurrección emitieron un comunicado a través de la televisión nacional en el cual anunciaron: la creación del Comité Nacional para la salvación del pueblo, una "transición política civil que conduzca a elecciones", el respeto por todos los acuerdos internacionales y el aval hacia la presencia de Minusma e "incluso de Berkhane" (contingente francés compuesto por más de 5.000 soldados).

    En base al historial de las potencias occidentales en África es posible que, en el caso de que los militares sublevados no retrocedan, estas decidan intervenir por la fuerza para lograr sus objetivos. Mientras tanto, el apoyo popular hacia quienes comandaron el golpe sigue creciendo.

    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

    Etiquetas:
    golpe de Estado, protestas, dimisión, Ibrahim Boubacar Keita, Malí
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