21:39 GMT +320 Septiembre 2018
En directo
    URL corto
    Alejandra Loucau
    Alejandra Loucau
    0 80

    La guerra comercial entre Estados Unidos y China se ha transformado en una lucha por la influencia geopolítica global. En este contexto, América Latina se perfila como potencial escenario de disputa.

    La presencia del gigante asiático en áreas consideradas estratégicas de nuestro continente supone una interferencia para Washington. Es lógico, China no ha hecho más que crecer en los últimos tiempos, convirtiéndose en el segundo inversor externo por detrás de Estados Unidos.

    Fue a principios de 2018 cuando el Gobierno de Estados Unidos emitió un documento titulado 'Summary of the 2018 National Defense Strategy of the United States of America: Sharpening the American Military's Competitive Edge', base del discurso pronunciado por el presidente Donald Trump el pasado 30 de enero, conocido como 'Mensaje sobre el Estado de la Unión'. Este pliego, hecho público apenas unos días antes de la mencionada alocución, es solo un fragmento desclasificado de un documento más extenso en el cual Washington define su estrategia militar para los próximos cuatro años.

    La declaración comienza señalando que, en el presente, EEUU se encuentra "emergiendo" de un período caracterizado por una "atrofia estratégica", donde las ventajas militares competitivas se han erosionado y el orden mundial establecido se ha venido a menos. En su redacción queda establecido como umbral que, a partir de la formulación de esta nueva estrategia, será la competencia entre Estados Unidos y sus 'rivales' y no el terrorismo donde radican los fundamentos del accionar futuro de dicho país en materia de seguridad nacional. Es así como la lucha contra la influencia estratégica de China, principalmente, se torna prioritaria para el Departamento de Estado.

    Sin embargo, este planteamiento no es más que un marco general para un despliegue sectorizado por región.

    Te puede interesar: Estados Unidos, asustado por el poderío de China en América Latina

    En el área indopacífica, por ejemplo, Estados Unidos ha decidido introducir una propuesta comercial alternativa al proyecto rival chino, incluyendo a Japón, la India y Australia como aliados. Vale decir que la oferta norteamericana palidece ante el megaproyecto promovido por la potencia oriental, cuya inversión en infraestructura, solo en Pakistán, ronda los 60.000 millones de dólares, mientras que para todo el proyecto norteamericano solo se propusieron 113 millones.

    Pero América Latina no parece haber sido seleccionada para recibir esos salpicones de inversión competitiva, por el contrario, es una de las regiones más perjudicadas por el reciente giro proteccionista adoptado por EEUU. La política de sanciones empleada por las dos superpotencias en pugna y la consecuente tendencia a la fragmentación que atraviesa al mercado mundial conforman un complejo escenario que solo los mandatarios más astutos podrán explotar.

    Tema relacionado: La guerra económica de EEUU golpea de lleno a América Latina

    El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, no dudó en romper relaciones con Taiwán en un claro gesto de apoyo a las inversiones chinas en proyectos relacionados con el megaestratégico canal de Panamá. Otros países de Centroamérica también han decidido seguir el mismo camino, como Republica Dominicana y, recientemente, El Salvador.

    Esta última acción, anunciada por el presidente Sánchez Cerén, causó un gran revuelo entre los funcionarios norteamericanos.

    "Estados Unidos está fuertemente preocupado por la reacción de El Salvador a una obvia intromisión de China en la política interna de las naciones del hemisferio occidental", declaró la Casa Blanca, agregando que tal "decisión afecta no solo a El Salvador, sino también a la salud y a la seguridad económicas de toda la región de las Américas".

    Durante los últimos días, las asperezas entre los mandatarios centroamericanos y Estados Unidos han aumentado. El pasado 7 de septiembre, la Casa Blanca citó a sus embajadores en las mencionadas naciones para consultarlos sobre las estrechas relaciones que mantiene el gigante asiático. Tal movimiento fue inmediatamente respondido por el presidente Varela con una nota dirigida a Donald Trump en la cual destaca que, "como país soberano, toma las decisiones de política exterior en función de los intereses panameños".

    El embajador chino en Panamá, Wei Qiang, no se quedó atrás: "La preocupación es por el abierto pisoteo, sin siquiera una pizca de tapujo, de los derechos soberanos ajenos. La armonía de la comunidad internacional no se preserva sin el trato igual y respetuoso entre todos y cada uno de sus miembros".

    Luego escribió: "Parece mentira cómo una potencia deja perder su credibilidad de Estado, echando broncas a quienes adoptan la misma política que ella ha venido persiguiendo desde hace casi cuatro décadas. Doble rasero y prepotencia en estado puro".

    En otros países de la región existe un mayor desconcierto entre sus gobernantes a la hora de responder ante el pedido de definición forzosa por parte de la Casa Blanca. "Estados Unidos está obligando a los países de la región a elegir entre los EEUU y China", dijo a Reuters Margaret Myers, directora del programa América Latina y el Mundo en el Diálogo Interamericano. "Está poniendo a los países de América Latina en una posición muy desafiante, mientras que no ofrece una política particularmente atractiva". La elección de la que habla Myers contraría a más de una administración ante la evidente dependencia de inversiones extranjeras, tan complicadas en estos tiempos.

    En menos de un año, Sudamérica se ha visto sacudida por la incesante presencia de altos funcionarios norteamericanos que han dudado en sincerar su intención de "contener" la influencia del gigante asiático en el continente, si es necesario, a través de la disuasión provocada por la presencia militar.

    La mayoría de los presidentes latinoamericanos han acogido con fiel sumisión las primeras directrices establecidas en tal sentido.

    • La instalación de la base militar "de ayuda humanitaria" instalada en la provincia sureña de Neuquén, Argentina;
    • la revalorización (o expropiación) por parte del Pentágono de la base espacial ubicada en Alcántara, al norte de Brasil;
    • la simbólica apertura de una "oficina de enlace" para tareas de inteligencia entre Ecuador y Estados Unidos;
    • el ingreso de Colombia a la OTAN;
    • la militarización de la frontera entre Argentina y Bolivia a cargo de las Fuerzas Armadas empoderadas por el Gobierno de Mauricio Macri.

    Estos son algunos prototipos de esta tendencia prestidigitada por el mando conjunto del Departamento de Defensa norteamericano para América Latina y el Caribe: el SouthCom o USSouthcom.

    No obstante, dicha ofensiva evidencia una parte de la política que Washington pretende aplicar y que no solo procura amenazar el avance estratégico de China en la región, sino también el de sus socios locales, los 'gobiernos populistas' que incentivaron su ingreso. En un escenario de competencia comercial aguda, Estados Unidos ve necesario "limpiar" la escena para la libre circulación de sus capitales, muchas veces obstaculizados por la presencia del favorecido capitalismo nativo o de "molestas" restricciones estatales.

    Para ello, Estados Unidos sigue dando preeminencia a sus tácticas injerencistas de "baja intensidad". La intrusión por parte de agencias de seguridad y de inteligencia extranjeras en las instituciones soberanas que componen los Estados latinoamericanos está minando gravemente la estabilidad regional.

    La persecución judicial manifiesta contra los principales líderes opositores, representantes de orientaciones más proclives a la aplicación de políticas de corte nacionalista-estatista y de redistribución de la riqueza, y a la colaboración con potencias del Este, como China o Rusia, se disponen a complejizar las nuevas tendencias regionales.

    Más sobre el asunto: La política de EEUU permite a China fortalecer su posición en América Latina

    Aparentemente, a Estados Unidos no le alcanza con tratar de impedir el regreso de líderes políticos que plantean el desarrollo del capitalismo nacional. La expulsión o el 'disciplinamiento' de importantes sectores económicos nacionales se configuran como uno de los objetivos preponderantes de la enorme red de operaciones "anticorrupción", que afecta a nuestro continente de un tiempo a esta parte.

    Tal como indica Amílcar Salas Oroño, luego del comienzo del Lava Jato y la destitución de Dilma Rousseff, "tanto Petrobrás como las constructoras involucradas han debido vender activos, transferir competencias y realizar modificaciones empresariales de diverso tipo para garantizar su posición. Posiciones que, además, se han visto modificadas por la propia acción del Gobierno de Temer, como el nuevo marco regulatorio para la producción petrolera sancionado el año pasado, o bien por la exclusión en licitaciones abiertas bajo el pretexto de no ser "idóneas judicialmente", dejando el escenario para que entren empresas extranjeras al mercado de la construcción civil".

    Radio: Latinoamérica mira hacia Rusia y China ante el proteccionismo de EEUU

    Un panorama similar se está viviendo en la Argentina de Mauricio Macri. El corto tiempo transcurrido desde el estallido del caso "de los cuadernos", que involucra a casi todos los proyectos de obra pública del país no impide notar elementos análogos a los sucesos vividos poco tiempo atrás en países vecinos. Varios periodistas locales vienen advirtiendo acerca de un potencial aprovechamiento por parte de Wall Street de la desvalorización de las empresas puestas en jaque por los escándalos; mientras algunos analistas políticos con buenas conexiones en las agencias de inteligencia locales y extranjeras están convencidos del objetivo antichino detrás de esta supuesta redada anticorrupción.

    La suspensión de los proyectos que preveían la edificación de dos centrales nucleares con financiamiento chino y las recientes dudas sobre cuáles serán las empresas que culminarán la construcción de dos represas hidroeléctricas, a cargo del conglomerado empresarial chino Gezhouba, son muestras de los obstáculos que empiezan a afrontar las inversiones del gigante asiático en nuestro continente.

    En el primer caso, hasta el oficialista diario Clarín cuestionó la justificación que utilizó el Gobierno para ordenar tal interrupción, basada en el "mal momento fiscal que vive el país". El multimedio asume no poder explicar "la vinculación entre el ajuste que se viene con la baja de estos proyectos, cuando se había destacado que el crédito a los chinos se empezaría a pagar con la planta ya produciendo, dentro de ocho años".

    Además: América Latina: la nueva arma arrojadiza de EEUU contra China

    En el segundo caso, no dejan de acumularse las presiones ejercidas por la administración nacional sobre Gezhouba para que expulse de las obras a una de las empresas más vinculadas al Gobierno kirchnerista y cuyo principal titular, Gerardo Ferreyra, hoy se encuentra detenido en el marco del 'Cuadernosgate'.

    En este contexto, resultan ilustrativas las declaraciones que, previamente a su detención y al inicio del escándalo en cuestión, emitiera en su cuenta de Twitter el titular de la empresa Electroingeniería.

    ​​Si a esta situación sumamos la creciente tensión diplomática que afecta a varios de los países centroamericanos, principalmente a Panamá, es posible anticipar un recrudecimiento de la polarización entre los distintos actores políticos y económicos del continente y las dos superpotencias en conflicto.

    Más allá de que el equilibrio regional, aún dominado por la influencia norteamericana, se pueda ver alterado en el mediano plazo, la coacción que Washington se propuso ajustar a principios de este año en su 'patio trasero' parece estar dando sus frutos. Los negocios de bandera china comienzan a presentar dificultades, al tiempo que algunas empresas nacionales negocian el futuro de sus capitales, cada vez más comprometidos.

    Mientras el objetivo de Estados Unidos se centra en mantener su hegemonía hemisférica, aplicando simultáneamente restricciones más severas a la circulación de capitales y al comercio, y acelerando la militarización del continente bajo su mando, China busca incorporar la región a un proyecto hegemónico nuevo a través de vías comerciales alternativas que conecten a los países de Latinoamérica a través de un eje este-oeste. Se abre así una variedad de escenarios futuros, promisorios o decadentes, atravesados por incógnitas que anuncian la reconfiguración del continente.

    ¿Podrá China lograr sus objetivos por medios predominantemente 'comerciales'? ¿Aprovecharán los países latinoamericanos la posición 'ventajosa' que implica negociar nuevas condiciones de subordinación ante un nuevo actor hegemónico? ¿Hasta qué punto tales ventajas se volverán a convertir en una mera sumisión?

    ¿Estará Estados Unidos dispuesto a utilizar la fuerza allí donde sus intereses se vean irremediablemente comprometidos? ¿Es esta orientación extremadamente conservadora (aún en términos capitalistas) un signo de su actual declinación?


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK Y LOS TEXTOS ESTÁN AUTOEDITADOS POR LOS PROPIOS BLOGUEROS

    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía FacebookComentar vía Sputnik
    Etiquetas:
    guerra comercial, mercado, crisis, competición, economía, América Latina, China, EEUU