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    La embajada de EEUU en Caracas, Venezuela

    Próximo objetivo: Venezuela ¿Desatará Estados Unidos el infierno en Latinoamérica durante el Mundial de Fútbol?

    © REUTERS / Marco Bello
    América Latina
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    José Negrón Valera
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    En la antesala de la nueva agresión de Occidente contra Siria, Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, se reúne con operadores políticos de la oposición venezolana.

    El hecho podría no estar relacionado, pero al observar el panorama completo se abre la posibilidad de que quizá el ataque en el país árabe no sea un fin en sí mismo, sino un gatillo para poner en marcha un plan que daría un vuelco al tablero internacional.

    De nuevo, Siria

    Estados Unidos se encuentra cercado por conflictos en todos los ámbitos. No solo en lo que respecta a la dimensión militar (Corea del Norte, Siria, Libia Afganistán Irak), sino también en la guerra de baja intensidad en la que se constituye la disputa comercial contra China, en el cada vez más explosivo conflicto racial al interior de Norteamérica, la amenaza que constituye la vuelta al poder de líderes latinoamericanos progresistas, la desmovilización de los excombatientes del Estado Islámico y su flujo a Europa occidental, y por supuesto, la inclemente presión del 'lobby' israelí para que se detenga la influencia rusa e iraní en Oriente Medio.

    Este escenario negativo, incluso para una nación que se alimenta del conflicto, desaconsejaría seguir atizando las opciones militares. Sin embargo, la velocidad con que Trump se saltó todas las formas y procedió a bombardear Siria, parece mostrar una particular urgencia de parte de Washington.

    El Mundial 2018, ¿un contexto propicio?

    El aparato de inteligencia norteamericano, ha olido su oportunidad a las puertas de un evento deportivo de escala internacional.

    El Mundial de Fútbol 2018 representa, sin ninguna duda, un reto inmenso en términos de seguridad para Rusia.

    A la amenaza del terrorismo a través de 'lobos solitarios', que se multiplica exponencialmente debido al flujo de visitantes, debemos sumarle una probable escalada de las presiones bélicas sobre Siria, en las próximas semanas.

    El objetivo luce más que evidente, mantener al gigante euroasiático concentrado en su seguridad interna y diluir la capacidad de respuesta militar para apoyar a sus aliados estratégicos en otras áreas del planeta. Es decir, obligar a Putin a jugar al ajedrez con la mitad del tablero.

    Otra de las intenciones de Occidente al atacar a Siria, tiene que ver con la necesidad de medir, más allá de los juegos de simulación y de los informes de inteligencia, las capacidades de reacción del armamento ruso. Además, del tamaño y naturaleza de la respuesta política de China, Irán y de la misma Rusia cuando se trata de la agresión contra un aliado estratégico.

    Venezuela, ¿la próxima en la agenda?

    El bombardeo contra la población siria, ocurre luego de la purga que llevara a cabo Donald Trump en su entorno.

    El llamado Gabinete de Guerra que ha conformado, se encuentra repleto de funcionarios que vienen a cumplir funciones militares, no diplomáticas. Cualquiera que desaconseje una intervención militar, ha de enfrentar 'la furia y el fuego' de los halcones dentro de la Casa Blanca, tal como sucedió con Rex Tillerson.

    Para no seguir la misma suerte del exsecretario de Estado, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, aprovechó su visita a la Cumbre de las Américas, para afinar detalles con quienes serán piezas claves en el caso de una futura acción bélica contra Venezuela.

    Pence, logra de esta forma dar continuidad al desconocimiento del Gobierno legítimo de Venezuela, iniciado hace algunos días por el llamado Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, el cual además de concretarse en acciones judiciales contempla medidas más drásticas como las operaciones de extracción y el propio uso de misiles Tomahawk. 

    La sensata decisión de Nicolás Maduro de no viajar a dicha Cumbre, donde se procedían a tenderle una emboscada, simplemente representa para Estados Unidos un pequeño retraso dentro de la cada vez más visible intención de deponer al presidente Maduro, por cualquier medio.

    La 'operación de extracción', que tenía prevista realizarse en Lima, con apoyo de la Interpol, no puede ser descartada, ni siquiera en el propio territorio venezolano. Recordemos que Gina Haspel, actual directora de la CIA, cuenta con una amplia experiencia en operaciones extrajudiciales, secuestro de personas y torturas alrededor del mundo. 

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    Además, en lo que respecta a la opción del bombardeo, resulta muy sugerente que Mike Pence se reuniera en Lima, con uno de los principales implicados en la llamada Operación Jericó o Golpe Azul, el dirigente del partido opositor Primero Justicia, Julio Borges. Recordemos que dicha operación de corte subversivo, tenía previsto bombardear en el año 2015 diversos lugares de Caracas, entre ellos el canal de noticias Telesur y el propio Palacio de Miraflores.

    ¿Quién mejor que Julio Borges para preguntarle hacia dónde apuntar los misiles?

    ​Para Estados Unidos, controlar Venezuela es una prioridad. Además de recuperar su tradicional área de influencia, sabe que las riquezas energéticas y naturales, y su invalorable posición geográfica, le confieren una ventaja.

    Así como en el siglo XVI, el oro y la plata de las colonias americanas financiaron la expansión del Imperio español, en el siglo XXI podría ocurrir lo mismo pero en beneficio del Gobierno norteamericano.

    Para concretar su ansiado plan de rediseño de Oriente Medio, la élite política de Washington necesita una fuente barata y segura de petróleo, he allí su urgencia de atacar Venezuela.

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    El espejo sirio y Latinoamérica

    Junio, puede convertirse en un mes crítico para lo que ocurra en el país suramericano. Recordemos que las elecciones presidenciales están previstas para el 20 de mayo.

    No parece estar dentro de los planes de Estados Unidos, oponerse a la realización de unas elecciones que según las encuestas ganaría Nicolás Maduro sin dificultad.

    El plan consiste en generar a nivel internacional un consenso dentro de los países gobernados por Washington (https://goo.gl/Fu9LZ9), para no avalar los resultados que declare el Consejo Nacional Electoral.

    Este desconocimiento internacional, brindaría el soporte para que la Asamblea Nacional de mayoría opositora, declare un juicio contra el presidente para destituirlo.

    Según la constitución de Venezuela, al inicio de un periodo presidencial, si el presidente no puede continuar el mandato, la jefatura del Estado la asumiría el presidente de la Asamblea Nacional, que en este caso es Omar Barboza, del partido opositor Un Nuevo Tiempo. Un escenario que recuerda la estrategia de golpe parlamentario ocurrido en Brasil, contra la presidenta Dilma Rousseff y en Paraguay, con el líder progresista, Fernando Lugo.

    La crisis de gobernabilidad que esto generaría, viene a ser la puerta franca para que Estados Unidos y sus socios de la OTAN (entre los que se encuentra Colombia), declararen la necesidad de "restablecer el cauce democrático y constitucional" de Venezuela a través de una acción de corte militar.

    Con información precisa acerca del sistema de armas con que cuenta el país suramericano, entregada a la CIA por militares evadidos de la justicia venezolana, con la constatación de su capacidad operacional evidenciada en los más recientes ataques a Siria y con una población opositora que apoyaría ser bombardeada con tal de derrocar al Gobierno bolivariano, Estados Unidos cuenta con la situación ideal para iniciar un ataque.

    La total inacción de la coalición opositora dentro de Venezuela, quienes han dejado prácticamente solo al único candidato con posibilidad de darle batalla electoral a Nicolás Maduro, es una prueba de que su única estrategia, quizá por contar con información privilegiada, es aferrarse a la 'intervención humanitaria' al estilo de Siria. 

    Por otro lado, la 'realpolitik' indica que el Gobierno bolivariano debe mirarse con atención en el espejo que le brinda el país árabe y no desestimar la real amenaza de un país como Estados Unidos, cuya doctrina militar es convertir en 'manicomios y cementerios' todo lo que su mano toca.

    Aún falta por ver si Vladímir Putin se conformará con jugar en la mitad del tablero al cual quiere confinarlo Washington o por el contrario, pondrá un freno a la locura de quienes están obsesionados con borrar todo rastro de humanidad del planeta Tierra.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    injerencia, oposición, intervención, VIII Cumbre de las Américas, Donald Trump, Nicolás Maduro, Vladímir Putin, Venezuela, Siria, EEUU, Rusia
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