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    Las elecciones de octubre interpelan a las organizaciones de pueblos indígenas en cuanto a su rol político determinante en los últimos 30 años de Bolivia. Ahora, desarticuladas a nivel nacional y afectadas por la pandemia, intentan afianzar sus propias representaciones. Sputnik conversó con referentes indígenas de cara al llamado de las urnas.

    Las elecciones presidenciales del 18 de octubre encuentran al movimiento indígena desarticulado, sin una dirección nacional, a diferencia de años anteriores, cuando la fortaleza de sus organizaciones podía parar al país hasta hacer valer sus demandas. En Bolivia, donde el 41% de su población pertenece a alguna nación originaria, se extraña la voz de líderes que, desde sus comunidades amazónicas o andinas, influyan en el devenir político. 

    Durante sus 14 años de Gobierno, Evo Morales (2005-2019) visitaba a diario comunidades indígenas y campesinas de todo el país. Llegaba en su helicóptero, dialogaba con la dirigencia originaria, realizaba el acto de entrega de obras o emprendimientos productivos y se iba. En las poblaciones más alejadas y relegadas del país nunca habían sentido tanto la proximidad de un presidente.

    En su último mandato, tuvo como aliada a la Central de los Pueblos Étnicos Mojeños del Beni (CPEMB), en la Amazonía boliviana. "En años anteriores, el MAS (Movimiento Al Socialismo, partido de Morales) se metió a trabajar muy profundo en las comunidades. Pero ¿qué resultado hubo? Divisionismo de organizaciones, así como de las propias familias", dijo a Sputnik Juanita Bejarano, presidenta del Territorio Indígena Mojeño Ignaciano (TIMI), de 98.389 hectáreas, donde viven 402 familias.

    Con entusiasmo, Bejarano cuenta que están visitando comunidades junto al candidato a diputado de la CPEMB, Bailón Ortiz. Por disposición del Órgano Electoral Plurinacional, las organizaciones indígenas pueden presentar sus propias postulaciones como si fueran partidos políticos. "Nuestro candidato, que es del pueblo Movima, nos va a representar a nivel nacional, si dios lo permite y la gente cree en él. Estamos contentos, porque estamos lanzando una candidatura solitos, sin colgarnos de ningún partido político", expresó.

    Elecciones en Bolivia: la mirada indígena

    Y en las elecciones presidenciales ¿por quién votará? ¿Por Luis Arce, del MAS; o por Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC)? La referente mojeño-ignaciana optó por esquivar el dilema: 

    "Mire, en eso poco nos hemos metido. No hemos discutido esa situación. Hemos tenido invitaciones de ellos, pero no hemos participado porque ya tenemos nuestro candidato, nos hemos abocado a darle apoyo a él. Las propuestas de otros candidatos no conozco, no he participado en reuniones de ellos. Pero sí va a haber siempre algunos votos para el MAS", avisa.

    Bejarano se mostró esperanzada de que el candidato orgánico saque buena votación. "Como pueblos indígenas, anhelamos tener respuesta de las comunidades que hemos visitado. Ojalá así sea para que no estemos prendidos de otros partidos políticos, recibiendo órdenes como si fueran nuestros patrones. Felizmente, ahora tenemos un candidato elegido por usos y costumbres que con mucha altura está representando a los pueblos indígenas", sostuvo.

    En la otra punta de Bolivia, en la nación Chichas, del departamento de Potosí, Emilio Cisneros consideró que los pueblos indígenas se encuentran abandonados a su suerte por el Estado. En diálogo con Sputnik, admitió que siente más simpatía por Mesa, pero advirtió que en su territorio el MAS obtendrá muchos votos. 

    "Entre quien entre, la situación de los pueblos indígenas originarios campesinos sigue igual. Ninguno de los candidatos ha mencionado el derecho de los pueblos originarios, el cambio climático, la Justicia originaria. Solamente dicen: 'Tenemos crisis económica, crisis política', infinidad de cosas por ese estilo", comentó Cisneros, quien es ex-Mallku (Cóndor, máxima autoridad) del Consejo de Ayllus Originarios de Potosí (CAOP).

    "Están totalmente confundidos los pueblos originarios con esta 'crisis política', como se le llama. Entre quien entre, nada va a cambiar. Nos preguntamos qué pasará después de las elecciones, va a ser peor que el año pasado", dijo el líder andino. 

    ¿Qué se puede esperar para Bolivia?

    El tata Emilio Cisneros y Jerónima Callo, su esposa
    © Sputnik / Sebastián Ochoa
    El tata Emilio Cisneros y Jerónima Callo, su esposa

    El 10 de noviembre de 2019, un golpe de Estado sacó de la Presidencia a Evo Morales, quien actualmente se encuentra refugiado en Argentina. Desde entonces asumió el comando del país Jeanine Áñez, quien era senadora de la oposición, con el compromiso de llamar a elecciones de inmediato. 

    La pandemia de COVID-19 y otros factores le sirvieron de excusa para permanecer en el cargo. Denuncias de corrupción sumadas a la candidatura presidencial de Áñez hicieron caer en el descrédito a su Gobierno de transición. Luego de las masivas movilizaciones de agosto pasado, se decidió a aceptar las elecciones el próximo 18 de octubre.

    El 18 de septiembre, Áñez renunció a su candidatura para no dispersar el voto de los tres partidos de derecha que luchan contra el regreso del MAS al poder, quien está primero en las encuestas con una intención de voto que ronda el 40%. Segundo quedaría Mesa, con el 26%, tercero Luis Fernando Camacho (líder de las revueltas que culminaron en el golpe contra Evo) con el 10%. Aún falta saber cómo se redistribuirá ese 10% de intención de voto que tenía la presidenta de facto.  

    Tata Cisneros avizora un panorama de conflictos. "El MAS sí o sí va a querer estar en la Presidencia, pero no va a tener mayoría parlamentaria. La oposición con más fuerza va a estar. Pero si entra de presidente Mesa, el MAS tampoco lo va a dejar gobernar", consideró. "En los próximos cinco años, cualquiera que sea el Gobierno de Bolivia, no va a haber estabilidad democrática, ni económica", agregó.

    En 1990, las organizaciones indígenas del oriente boliviano iniciaron la primera Marcha Indígena, desde la ciudad de Trinidad, capital de Beni, hasta La Paz. Allí exigieron al Estado boliviano que tome en cuenta la existencia de los 36 pueblos originarios del país. Desde entonces, se comenzó a legislar a favor de las comunidades, hasta llegar a la declaración del Estado Plurinacional, el 22 de Enero de 2010, que dejó atrás al Estado "colonial republicano", como lo llamaba el expresidente Morales.

    Desde hace 30 años, la vida política de las organizaciones indígenas de Bolivia se construyó caminando, o yendo en bote de comunidad en comunidad, con el transporte que sea para tener contacto cara a cara, allí donde todavía no hay señal de teléfono ni Internet. Las medidas de confinamiento para contrarrestar la pandemia de COVID-19 ayudaron a desarticular aún más las estructuras organizativas.

    "Eso es muy lamentable para nosotros. Con los hermanos ya no hacemos cabildos, no nos reunimos, no hablamos ya. Estamos coartados. Con este decreto del Gobierno (el decreto Nº 4179, del 12 de marzo de 2020, que inicia el confinamiento por la pandemia) nos sentimos marginados", observó Cisneros. Y se quejó de que, pese a tantas restricciones para reunirse, las camionetas de los partidos políticos en campaña siguen llegando a ayllus (comunidades, en quechua y  aymara).

    "En el campo, la gente de la tercera edad no entiende. Dicen que van a votar al MAS porque 'gracias a Evo tenemos esto y lo otro'. Pero para mí sería Mesa una alternativa", evalúa y agrega: "Igual, el panorama político está totalmente confundido".

    Cisneros, de 60 años, tiene cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. Los tres mayores migraron a Argentina. Con él y su esposa aún vive la hija menor, que sigue en el bachillerato. En estos días, don Cisneros se dedicará a sembrar maíz en sus tierras, así de paso no pensará tanto en el porvenir del país.

    Etiquetas:
    política, Carlos Mesa, Movimiento Al Socialismo (MAS), Evo Morales, Jeanine Áñez, pueblos indígenas, comunidades indígenas, pueblos originarios, Bolivia, elecciones
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