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"Se hace muy duro": el confinamiento de 31 universitarios vacunados de España en un hotel de Malta

CC0 / Unsplash / La Valeta, capital de Malta
La Valeta, capital de Malta - Sputnik Mundo, 1920, 02.07.2021
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Un grupo de 31 estudiantes españoles están confinados en un hotel de Malta por haber dado positivo un pasajero del avión en el que viajaban. La mayoría estaban vacunados con la pauta completa al tratarse de alumnos de Fisioterapia y haber trabajado como personal sanitario. De momento, tendrían que mantenerse en aislamiento hasta el 10 de julio.
Llega el verano y con este los viajes, aupados por el levantamiento de determinadas restricciones de movilidad y la aparente mejora de la situación sanitaria. Con esta premisa de fondo, 31 alumnos de Fisioterapia de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona decidieron despegar para celebrar el final de sus estudios. El destino era Malta, un país donde al menos el 70% de la población adulta cuenta con una dosis de la vacuna contra el coronavirus. Relativa calma pandémica unida a un mar cristalino, sol penetrante y calles con encanto. El típico paraíso mediterráneo. Sin embargo, el viaje de graduación se ha convertido en una pesadilla.
El 26 de junio, el grupo de estudiantes partió del aeropuerto de Barcelona. Todos contaban con la pauta completa de vacunación, excepto dos personas que habían pasado el COVID-19. Además, portaban los resultados de una prueba PCR negativa, una de las exigencias para entrar en territorio maltés. Antes de montarse al avión de Vueling nadie revisó la documentación sanitaria del pasaje. Esto sucedió al aterrizar en La Valeta. Aquellos visitantes que no hubiesen realizado un test en su lugar de origen debían someterse a uno en el propio aeródromo de la capital del país. De los efectuados en la terminal, uno de ellos dio positivo.
Cuando los estudiantes conocieron la noticia llevaban cuatro días en Malta. Les avisó la recepcionista de su hotel de la localidad de Saint Paul’s Bay. A partir de ese momento, comenzó un periodo de cuarentena de 14 días impuesto por las autoridades maltesas a todos los pasajeros de la aeronave por tratarse de contactos estrechos de un positivo. Inmediatamente fueron llevados a sus habitaciones. Salir de estas a la calle les costaría una multa de 6.000 euros.
Aina, una de las alumnas aisladas, se entretenía viendo series de Netflix sobre la cama del hotel y jugando a las cartas junto a sus compañeras de encierro, Natalia y Emma. La comida se la traían al cuarto el equipo del establecimiento turístico. Los menús habían sido pagados previamente por ellos. Además, buscan información que no les proporciona el Gobierno de Malta. "No hemos tenido comunicación con las autoridades del país. Nos cuelgan las llamadas o nos derivan a otros departamentos. Todo lo hacen de manera muy confidencial. No sabemos ni quién es la persona que ha dado positivo", resalta Aina a Sputnik Mundo. Solo sabe que no es nadie de su grupo.
© Foto : Cortesía de Aina LlauradoAina junto a sus compañeras de habitación jugando a las cartas durante la cuarentena en Malta
Aina junto a sus compañeras de habitación jugando a las cartas durante la cuarentena en Malta - Sputnik Mundo, 1920, 02.07.2021
Aina junto a sus compañeras de habitación jugando a las cartas durante la cuarentena en Malta
Los jóvenes tratan de averiguar si existe alguna posibilidad legal de obviar la cuarentena. "La embajada nos está ayudando como puede. Es la única institución que se ha puesto en contacto con nosotros", asegura Aina, quien admite que sus padres tampoco están logrando comunicarse con los órganos competentes del Gobierno de España. "Nos han dejado tirados", lamenta.
Tiempo atrás, los estudiantes realizaron prácticas de cinco meses en centros sanitarios y geriátricos. Motivo por el que ya les administraron las dos dosis de la vacuna. Ahora, a muchos de ellos les esperaba un puesto de trabajo a la vuelta. Ninguno intuía que el viaje se fuese a estirar más allá del 2 de julio, día en el que tenían que regresar a Barcelona. Ahora, la cuarentena les obliga a quedarse en Malta hasta el 10 de julio.

Cambio de hotel

Mientras Aina atiende al teléfono, el ruido se cuela por la llamada. Se trata del típico ajetreo originado por la llegada a un nuevo alojamiento. Según confirma la joven, los 31 estudiantes han sido trasladados a un nuevo hotel para pasar la cuarentena. Un establecimiento especialmente pensado para aquellos turistas que tienen que aislarse por dictado de la legislación maltesa.
Para llegar a su destino, el grupo ha viajado a bordo de un autobús con el resto de pasajeros con los que compartieron fila en el avión. Además, en el propio hotel, han alterado la distribución de las habitaciones. Aina ya no dormirá con Natalia y Emma, sino que lo hará con otra compañera. "No debería estar con ella, porque así no se evitan los contactos", señala la fisioterapeuta recién graduada. Ninguna de las dos ha vuelto a pasar una prueba diagnóstica desde la realizada en España. Se someterán a una PCR el último día de cuarentena.
Eso sí, la rutina en el hotel COVID será la misma. Deporte en la habitación, juegos de mesa o programas de televisión llenarán el avance de las agujas del reloj. "Hacemos siestas muy largas para pasar las horas muertas", afirma Aina. Diferente será la alimentación en su nuevo lugar de residencia. "Para comer tenemos que llamar a Bolt, que es como Uber en España. Ellos nos traen la comida y la bebida. Desde recepción nos suben lo que hayamos pedido. Pero, en un principio, no nos dan ni agua ni nada. La verdad es que es duro", dice con hastío.
Otra distracción son las redes sociales. A través de #AtrapadosenMalta, lanzan mensajes en los que cuentan su historia. A la vez, hacen frente a las críticas que los comparan con los adolescentes que cumplen cuarentena en Mallorca. Los participantes en los viajes de estudios que han provocado el mayor brote de coronavirus desde el inicio de la pandemia.

"Nos estamos indignando, porque nos comparan con los estudiantes de Mallorca. Nosotros no hemos el tonto. Ni nos hemos ido de fiesta ni nada. Es más, si yo me hubiese contagiado aquí, yo sería la primera que haría la cuarentena y me callaría".

Aina
Estudiante aislada en Malta
Por delante, más de una semana de confinamiento, si no cambia la situación. Confían que la entrada en vigor del pasaporte COVID de la Unión Europea les ayude a acortar su estancia en la isla. En este documento, se reflejaría su condición de inmunizados. De momento, aguardan noticias. Alguna respuesta que les libere del que otrora consideraron un paraíso veraniego. "Hay algo en lo que estamos todos de acuerdo. No vamos a volver a Malta nunca más", sentencia Aina con un suspiro.
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