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La responsabilidad de Francia en el genocidio de Ruanda

© Gerard JulienRefugiados de Ruanda (archivo)
Refugiados de Ruanda (archivo) - Sputnik Mundo, 1920, 31.05.2021
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Emmanuel Macron asume en Ruanda la "enorme y abrumadora" responsabilidad de Francia en el genocidio que provocó la muerte de casi un millón de personas en solo dos meses de 1994.
Desde hace 27 años, responsables políticos franceses han intentado ocultar, o negar directamente, el controvertido papel jugado por su gobierno en las matanzas de ciudadanos de la etnia tutsi a manos de sus vecinos hutus, en uno de los genocidios más sangrientos del siglo XX.
El presidente francés decidió hace dos años abrir los archivos diplomáticos y militares y encargar un informe que pusiera luz en el comportamiento de su país, antes y después de la masacre. El trabajo dirigido por el historiador Vincent Duclert fue publicado el pasado mes de marzo y expone claramente la responsabilidad "enorme y abrumadora" de Francia desde los preparativos del genocidio hasta su consumación y posterior ocultación.

Responsable, pero no culpable

El documento es también preciso en subrayar que responsabilidad no implica culpabilidad en las matanzas. Francia no participó directamente en los actos violentos que la mayoría hutu llevó a cabo contra ciudadanos tutsis, uno de los episodios más espeluznantes de la historia de la violencia en el Planeta.
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Para entender los hechos de abril de 1994 es necesario recordar el contexto histórico. Desde la independencia de Ruanda, en 1964, la mayoría hutu había amenazado con represalias a los refugiados tutsis que pretendían volver a su país. Nada varió durante décadas en las que el país entra a formar parte de la zona africana bajo influencia francesa. En 1990, la guerrilla ya dirigida por el hoy presidente del país, el tutsi Paul Kagame, recibe la advertencia de París: si la rebelión no depone las armas, encontrarán a los suyos ya muertos en Kigali, la capital del país.

300 asesinatos por hora

El socialista François Mitterrand, que llegó al poder en las elecciones de 1982, siguió apoyando una dictadura racista, corrupta y violenta, según el historiador Duclert. Advertido de la situación que se avecinaba por la radicalización del régimen presidido por el hutu Juvenal Habyarimana, Mitterrand rechaza todas las alertas que le comunican sus responsables militares, de los servicios de inteligencia y políticos, incluso en el seno de su gobierno, como el ministro de Defensa, Pierre Joxe, y desarrolla una política ruandesa en semisecreto con el círculo de fieles que dirige su política africana. Obligado a gobernar con un gabinete de derechas tras unas legislativas ganadas por sus rivales, en 1993 Mitrerrand se ve presionado para poner fin a su secretismo sobre Ruanda. El horror estaba cerca.
El 6 de abril de 1994, el avión que transportaba al presidente Habyarimana desde Burundi fue derribado con un misil. Nadie podría imaginar el alcance de la venganza del régimen hutu sobre sus compatriotas tutsis. A un ritmo de 300 asesinatos por hora, más de 800.000 ciudadanos tutsis fueron asesinados en solo dos meses, utilizando desde cualquier utensilio, a machetes, granadas o ametralladoras.
Curiosamente, la ONU había decidido solo diez días antes del comienzo del genocidio retirar al 90 por ciento de sus efectivos del país. Cuando el gobierno de París pidió a la comunidad internacional el envío de sus tropas para frenar la masacre, Estados Unidos se opuso, a través de su entonces responsable de Exteriores, Madeleine Albright. Francia y Estados Unidos se disputaban durante años el dominio del centro de África. Solo dos meses más tarde, en junio de 1994, se acepta que París despliegue sus fuerzas dentro de la llamada Operación Turquesa.
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La responsabilidad de Mitterrand; la cerrazón de la izquierda

Muchos antes del informe redactado para Emmanuel Macron, varios historiadores y periodistas franceses que vivieron sobre el terreno antes y después del horror, ya habían denunciado en sus periódicos y en sus libros el oscuro comportamiento del presidente Mitterrand.
Así, el reportero del diario Le Figaro, Patrick de Saint Exupery, afirma que, si bien Francia no toma parte en el genocidio, un pequeño grupo de altos responsables se hace con el dosier e inicia una política secreta de colaboración con los extremistas hutus que resume hoy en la publicación Le 1 Hebdo: "París sostuvo política, diplomática y militarmente –antes y después– a los que cometieron el genocidio". Tas las matanzas, "París apoya al núcleo duro que ha pensado y cometido el crimen", hasta el punto de utilizar a los militares de la Operación Turquesa para exfiltrar al gobierno de genocidas hasta su huida al entonces vecino Zaire, hoy República Democrática del Congo. Un centenar de los responsables de los asesinatos en masa viven desde entonces en Francia y solo tres de ellos han sido objeto de indagación judicial y cárcel, tras enormes esfuerzos de organizaciones de derechos humanos.
A pesar de las evidencias, muchos responsables socialistas de la época siguen siendo reacios a aceptar los hechos. Entre ellos, el exministro de Exteriores, Hubert Vedrine. Otra exministra socialista, Marisol Touraine, afirma, sin embargo, que "la izquierda no debe sentirse atenazada por la Historia".
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Ruanda: el trauma de la masacre sigue intacto
El exguerrillero del Frente Patriótico de Ruanda y hoy presidente, Paul Kagame, —de la minoría tutsi— nunca ha perdonado a Francia no solo lo que él considera como una alianza con el anterior gobierno hutu, sino por las denuncias y críticas que desde París se han mantenido sobre su manera de dirigir su país, que carece de prensa y oposición libres, aunque para otros sea un ejemplo de desarrollo económico en el continente africano. Algunos militares franceses le han acusado incluso de realizar el atentado contra Habyarimana para provocar un genocidio que justificara su exitosa intervención armada para desalojar de Ruanda a los extremistas hutus.

Kagame acepta la iniciativa de Macron

El acercamiento entre París y Kigali comenzó a manos de Macron, un político que, aunque liberado de las redes clientelistas que sus predecesores alimentaron en África, no quiere tampoco perder pie en esa zona geopolítica y económicamente estratégica.
El informe Duclert coincide con las conclusiones del elaborado por el gabinete norteamericano 'Muse', solicitado por Kagame. En su reciente visita a Kigali, el presidente Macron parece haber obtenido que los dos países pasen la página del drama de hace 27 años. Paul Kagame afirma que el reconocimiento expresado por Macron sobre la responsabilidad francesa es más importante que un perdón oficial.
Pero los intereses políticos del presente no borrarán de los libros de historia uno de los capítulos más vergonzosos de la política exterior francesa del siglo XX.
LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK
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