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¿Cuál es el interés de España en las misiones europeas en el Sahel?

© AFP 2021 / Annie RisembergManifestación en Bamako en apoyo del Ejército de Mali
Manifestación en Bamako en apoyo del Ejército de Mali - Sputnik Mundo, 1920, 24.05.2021
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La situación de violencia e inestabilidad en la parte occidental de este territorio africano preocupa a la UE. España lidera varias misiones de adiestramiento a militares y policías, pero los expertos advierten del carácter insuficiente de estas iniciativas. El flujo migratorio propio del Sahel es regional, pero el que lo atraviesa enfila a Europa.
La llegada masiva de migrantes a los enclaves africanos de España y a las Islas Canarias siempre revela la presencia de ciudadanos de diversos países de procedencia, no solo magrebíes. O lo que es lo mismo, Marruecos es tanto emisor como territorio de paso hacia las fronteras españolas para las personas subsaharianas.
La pobreza y la violencia extremas atizan los flujos migratorios. Uno de los focos que los centrifuga puede situarse en el Sahel, una región que atraviesa el continente africano desde el océano Atlántico al mar Rojo. Esta enorme extensión de terreno abarca varios países y desde hace muchos años la azotan males de diversa índole, como la proliferación de conflictos interétnicos y religiosos, el fenómeno del terrorismo yihadista, la lucha por los recursos naturales, el cambio climático y, asociada a todos estos factores, una pobreza endémica.
Aunque geográficamente la franja se extiende hasta Eritrea y el norte de Etiopía, es la parte occidental del Sahel la que sufre de mayor inseguridad e inestabilidad, colaborando a los fenómenos migratorios con dirección a Europa. Hablamos del norte de Senegal, del sur de Mauritania, de Malí, del norte de Burkina Faso, del extremo sur de Argelia, de Níger, del centro de Chad e incluso del norte de Nigeria. La seguridad, la situación política, económica y humanitaria se ha venido deteriorando allí desde principios de siglo, y hay amplias zonas sin ningún control estatal.

Riesgo muy alto

La Comisión Europea consigna el carácter extremadamente problemático del Sahel. "Uno de sus informes dice que la región presenta un riesgo 'alto o muy alto' en cuanto a catástrofes y crisis", señala el politólogo Pablo Delgado Mecinas, especializado en temas de terrorismo y del Sahel. Este especialista asegura a Sputnik que al Sahel lo azota una "crisis multidimensional", donde la "fragilidad de los Estados, la realidad interétnica y las luchas de poder" son terreno abonado para la expansión de conflictos.
"El principal factor ahora es la proliferación de grupos terroristas y yihadistas que aprovechan las zonas carentes de control estatal para imponer sus agendas de extremismo radical", afirma. "Todo esto se traduce en una crisis humanitaria para África, que desde el punto de vista eurocentrista se deriva en una crisis migratoria. Entre el 1 de enero y el 15 de mayo, el Departamento de Seguridad Nacional de España registró un incremento del 42,2% de la migración vía marítima y vía terrestre de población subsahariana. Esto quiere decir que la crisis humanitaria tiene una afectación clara en los flujos migratorios".
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La externalización de fronteras

Habida cuenta de la proyección de su inestabilidad, ¿es lícito preguntarse por el estado de las cosas en el Sahel occidental, cuando Canarias, Ceuta y Melilla sufren los rigores de las sucesivas crisis migratorias?
En opinión de los expertos, no es correcto establecer un vínculo directo con el penúltimo episodio de afluencia masiva de migrantes, muchos de ellos subsaharianos, a Ceuta. "Porque no es una crisis migratoria; lo que hay ahora en Ceuta es una crisis diplomática [entre España y Marruecos] a través de la migración como arma política", explica a Sputnik el antropólogo social Oriol Puig, especialista en la zona del Sahel. "El vínculo [entre la situación en Marruecos y la del Sahel] son las medidas de externalización de fronteras que está llevando a cabo la UE en ambas regiones. Son realidades muy distintas". A su juicio, el uso de estas medidas distingue ambos casos:
"Marruecos está jugando su baza de forma macabra, porque de alguna manera estas medidas de externalización de fronteras lo han empoderado y dotado de poder de influencia sobre Europa. Pero este no es el caso de los países del Sahel, donde, al menos por ahora, no hay chantajes".
Oriol Puig Cepero
Investigador del CIDOB
Puig, investigador del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs), señala un doble rasero en esta problemática. "Me sorprende cuando se habla de chantaje por parte de Marruecos hacia Europa mientras se ignora de manera flagrante el caso del Sahel occidental, porque ahí es Europa quien chantajea o se aprovecha de la vulnerabilidad de los Estados sahelianos para imponer medidas de externalización de fronteras a través de un dispositivo securitario, también de desarrollo, pero básicamente securitario. Por tanto, el vínculo entre ambas regiones son los efectos contraproducentes de llevar a cabo medidas de externalización por parte de la UE".
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La dirección de los flujos

La inestabilidad del Sahel provoca también desplazamientos internos, apunta Oriol Puig. "Son los migrantes forzosos, que no tienen el estatuto de refugiado o no llegan a contemplar la posibilidad de pedir asilo, porque desde el punto de vista jurídico y administrativo Europa se lo impide". Estas personas son minoritarias respecto a las que cruzan el Sahel con destino a Europa, y se dirigen al norte, sobre todo procedentes de Mali, explica.
"Pero me niego a ratificar el argumento tan manido de considerar que las migraciones del Sahel ‒o de las comunidades del Sahel‒ podrían venir hacia Europa de forma masiva. Porque las migraciones entre las comunidades del Sahel (no de las personas que llegan desde el golfo de Guinea, desde Nigeria, Ghana o Costa de Marfil) son intrarregionales. Y así seguirá siendo. Sus desplazamientos forzosos se ven, se visualizan internamente".
Oriol Puig Cepero
Investigador del CIDOB
A juicio de Puig, el reforzamiento de las fronteras internas de los propios Estados sahelianos obstaculiza algunos medios de vida. "Por ejemplo, la adaptación al cambio climático. Porque la movilidad es una de las primeras estrategias para hacerle frente, una estrategia de diversificación económica. Pero e obstaculiza la trashumancia y se debilita también el regionalismo de la CEDEAO [Comunidad Económica de Estados del África del Oeste], pues se priorizan acuerdos bilaterales con la UE para implementar las políticas de contención migratoria en detrimento de los protocolos regionales de libre circulación de personas que existen en la zona CEDEAO".

El terrorismo, en la agenda

En principio España empezó a conceder atención al Sahel hacia 2005, cuando se hizo evidente que parte del flujo de migrantes con dirección a territorio español a través de las Islas Canarias seguía rutas desde Mauritania y Senegal organizadas por las mafias que trafican con personas.
La llegada masiva de ciudadanos de esos países y también de Mali, Níger o Burkina Faso obró la creación de acuerdos bilaterales entre España y la UE de un lado, y los Estados desde los que salían las embarcaciones de otro, para controlar el flujo migratorio hacia suelo español. Desde entonces el Sahel ocupa un lugar prominente en la agenda de la política exterior de España, una dinámica que se mantiene en la actualidad. El factor de la inseguridad en la región es casi permanente, el producto combinado de la escasez de alimentos, la pobreza extrema y la actividad de bandas criminales de grupos armados.
Desde que en 2009 fueran allí secuestrados tres ciudadanos españoles, la preocupación de España con el Sahel se traduce sobre todo en iniciativas de corte policial y militar para atajar los problemas que puedan afectar a la seguridad nacional, como el tráfico de personas y estupefacientes, y el terrorismo. A finales de abril dos periodistas españoles fueron asesinados en Burkina Faso, demostrándose el alto riesgo de la zona.
En cuanto a estas bandas armadas, cuya intención también es extender su actividad a países de la costa occidental, unas orbitan alrededor de Al Qaeda (como Jama’at Nasr Al-Islam Wal Muslimim ‒JNIM‒) y otras son afines al Estado Islámico (como el ISGS ‒Estado Islámico del Gran Sahara‒ y el ISWAP ‒Estado Islámico de África Occidental‒). En el primer trimestre de 2021, el área ha registrado 245 atentados terroristas. Históricamente, el territorio ha sido escenario de conflictos, pues es zona de tránsito para las poblaciones autóctonas y alberga las rutas entre el norte y el sur, y el este y el oeste, tanto para los intercambios comerciales como para la movilidad social de las poblaciones, sometidas a rígidas jerarquías tribales.
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"La situación ha ido a peor desde el golpe de Estado en Mali de 2012", afirma Pablo Delgado, que pone nombre a los hitos que han venido deteriorado la situación:"La irrupción de Al Qaeda por el norte de Mali y la creación de JNIM, también la aparición del Estado Islámico en el Gran Sahara y África Occidental, y sin olvidar a Boko Haram en la zona del lago Chad. JNIM y Daesh pugnan ahora mismo por el territorio, en la zona de Liptako-Gurma, la zona que más atentados registra, y que tiene tres fronteras".

La crisis de Mali

Los golpistas malienses justificaron su acción de 2012 por el supuesto escaso apoyo que recibían los militares en su lucha contra las guerrillas separatistas del norte del país, principalmente compuestas por tribus tuaregs. Junto con la caída del régimen de Gadafi en Libia y la actividad yihadista por parte de grupos argelinos, en la región de Azawad se propició la aparición de una especie de santuario para los islamistas. Azawad incluso llegó a proclamar su independencia. El Ejército de Mali, con la ayuda de tropas francesas, recuperó el control del territorio en 2013.
Pero igualmente la inestabilidad de la zona aumentó, pues la actividad yihadista se contagió también a la región de Liptako‒Gourma, que comparten Mali, Burkina Faso y Níger. Es decir, la falta de control de los espacios fronterizos propagó un problema iniciado en Mali. En 2014 se creó el G5S, organización político-militar integrada por Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger y Chad para velar por la seguridad. "Cuenta con 60.000 efectivos", recuerda Delgado, que destaca también el contingente militar internacional contra Boko Haram, la misión de la ONU en Mali (Minusma), la operación francesa Barkhane lanzada en 2014 (continuación de la operación Serval de 2013 y a la que se había unido España) y la operación Enduring Freedom Transahara de EEUU.
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Pero, sobre todo, España lidera en la actualidad la misión de la UE en Malí, la EUTM. "Asumió su mando el 12 de enero, para adiestrar a las tropas del país que luego se encuadran dentro la alianza G5S", abunda Delgado. Es decir, España tiene un papel protagónico en el Sahel. "Aunque secundario respecto a Francia", matiza Oriol Puig, quien resalta el doble filo del papel que ahora protagoniza España en la zona:
"Es un premio al hecho de que España fue pionera en externalizar fronteras, primero con Marruecos y luego con Mauritania, y después en Níger y Mali. Porque España fue la primera en establecer políticas de contención migratoria en terceros países. Y a partir de ahí, es ese modelo español de externalización el que se aplica en el Sahel. De ahí el protagonismo a nivel securitario y militar en la zona".

Lucha interétnica y terrorismo

La actividad terrorista atenaza paulatinamente al Sahel occidental. "En 2020, tanto Nigeria, Malí, Camerún, Burkina Faso y Níger se pusieron al frente del listado de países con más atentados, únicamente superados por Afganistán. En 2020 hubo 919, registrándose un incremento del 70% de la actividad terrorista y con un número muy significativo de víctimas", detalla Pablo Delgado.
Este especialista pone ejemplos de la "brutalidad y letalidad" de estas atentados, como el que sufrió la población de Bandiagara, en el norte de Malí, el 20 de marzo del presente año. "Murieron 103 personas, una aldea entera". La realidad étnica de un país como Mali es explosiva. Delgado no cree que la presencia de misiones europeas e internacionales exacerbe los problemas de la realidad étnica del país. "Las dos principales etnias malienses son la dogón (agricultora) y la fulani o peul (pastoril). A los fulani, que son musulmanes, se les identifica como yihadistas, porque algunas de sus aldeas están bajo el influjo del JNIM o del Daesh. Y los fulani dicen que los dogón forman parte del Estado y de la corrupción".
"Los dogón están principalmente armados por el ejército de Malí. El 23 de marzo de 2019 un grupo de cazadores dogón masacró a 175 fulanis, en Ogossagou, en la zona sur del país, afectada por el cambio climático que promueve el conflicto. A mediados de mayo de 2020, 212 aldeas fulani fueron quemadas y abandonadas, frente a 90 aldeas dogón arrasadas por los fulani".
Pablo Delgado Mecinas
Politólogo y analista
"Básicamente las unidades de las misiones internacionales se encuentran desplegadas en acuartelamientos como el de Bamako, y la mayor parte del operativo Barkhane o la Minusma se centran en operaciones de tipo especial, allá donde hay líderes yihadistas. Es decir, no suelen irrumpir dentro de la vida de la gente, los acuartelamientos están en zonas urbanas y no se mueven por zonas controladas a día de hoy por la JNIM y el Daesh, porque si se moviesen e impusiesen controles fronterizos, no habría tantísima violencia como hay a día de hoy ni tantas aldeas estarían copadas por los movimientos extremistas", resume.

La inseguridad avanza

Los distintos grupos armados extienden su dominio y la violencia se acrecienta. El resultado es que las condiciones de vida para la población, empeora dramáticamente. España es el país de la Unión Europea que mayor aporte hace a la misión EUTM-Mali.
"Mali es nuestro patio trasero. Una cuña entre Mauritania y Argelia, muy cercana a Marruecos", destacó durante unas jornadas sobre seguridad en la Casa de África el general de brigada Fernando Gracia, al mando durante el segundo semestre de 2021 del contingente internacional. Este cuenta con un millar de efectivos, de los cuales 550 son españoles. Está previsto que la misión, bajo mandato de la UE, opere hasta 2024.
España lidera otra iniciativa en Níger, el proyecto GAR Si Sahel, que está formando a unidades móviles antiterroristas a semejanza de las que tiene la Guardia Civil. "Se trata de crear puestos y unidades de gendarmería en distintos países del Sahel", explica Pablo Delgado. "Pero se han quedado muy cortos, porque debería haber un orden de prioridades, como dicen estos mismos países: luchar contra el terrorismo yihadista, y fortalecer las capacidades militares de los países y del Estado en las zonas sin control estatal".
"En general las iniciativas se quedan cortas", avisa Pablo Delgado, que explica que en marzo de 2021 España negoció en la UE la continuación de los proyectos en el Sahel. "Estaban financiados bajo el paraguas del Fondo Fiduciario para África, que es un instrumento económico de emergencia creado en 2015 y que acabó en 2020".
Según este especialista, Bruselas, atenazada por la crisis derivada de la pandemia, no es partidaria de mantener estos fondos. "El fondo dedicó entre 2015 y 2020 hasta 5.000 millones de euros y a finales de 2020 inyectaron otros 22,6 millones en otros cinco programas para fomentar la estabilidad y seguridad en la región. Los programas tienen sentido, pero no han servido de mucho, porque la situación de inestabilidad va a más".
"El problema de África y de esta región es la porosidad de las fronteras, que escapan al control del Estado y los militares. Los miles de yihadistas han irrumpido gracias a esa porosidad. Por las fronteras con Libia, Argelia, Chad y con Níger. Y con Burkina Faso, porque hay una tendencia hacia el sur".

Sin seguridad no hay desarrollo

El desarrollo de la región no se impulsará sin una mejora de la seguridad, que implica tanto un mayor control de fronteras como el fortalecimiento de unos Estados de derecho escuálidos. Las soluciones no pueden ser exclusivamente policiales o militares.
Las dinámicas locales y las necesidades de las comunidades tienen que ser atendidas con otro enfoque, como la lucha contra la corrupción. La Alianza Sahel, presidida por la ministra de Exteriores Arancha González Laya, es una iniciativa dedicada a la promoción de proyectos de desarrollo en colaboración con países de la zona.
Como explicó la politóloga francesa y presidenta de la Red Africana del Sector de la Seguridad (ASSN), Niagalé Bagayokó, durante las jornadas sobre seguridad en la Casa de África de Las Palmas de Gran Canaria, "los resultados en el Sahel se siguen midiendo en terroristas neutralizados y en armamento requisado, cuando lo que deberíamos estar midiendo es la cantidad de refugiados que logran regresar a sus poblaciones, las escuelas que reabren, los centros de salud que son accesibles o si los pastores pueden cuidar de su ganado y los agricultores dedicarse a sus cosechas con seguridad".
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